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El sexto sentido: Trabajando con la intuición

El sexto sentido: Trabajando con la intuición



Por: Enrique Chao
Jul 17, 2009

“Uno de los mayores impedimentos para una eficiente toma de decisiones es que toda la literatura y todos los consultores recomiendan excluir la emoción y la pasión de la administración. Creen que la estrategia es puramente analítica.”
C.K. Parlad

Cada vez más, las empresas líderes están contratando gente con sentido común y criterio, y rechazando a la gente cuadrada, que desconfía de su intuición y que quiere argumentarlo todo con el manual, el raciocinio rígido y el control.

La visión del ejecutivo del siglo 21 debe tener un alto contenido de intuición. Vea si no: “El análisis racional es ciertamente fundamental en la toma de decisiones de todo ejecutivo. Pero al incorporar de manera sistemática la intuición a este proceso, usted logrará lidiar mejor con la incertidumbre tan característica del actual mundo de negocios. Es más, usted encontrará todo un nuevo universo de conocimientos que siempre tuvo, sólo que no lo sabía”.

Con estas líneas termina el brillante artículo de Flavia Cymbalista, que apareció en la versión latinoamericana de la revista Harvard de Administración de Empresas, subrayando uno de los aspectos que más tienen que ver con el proceso de toma de decisiones, pero que como está en el terreno de lo subjetivo aún no se le ha querido dar carta de naturalización en el interior de las organizaciones.

Pero las investigaciones se encaminan hacia allá. Por ejemplo, uno de los expertos más influyentes, el psicólogo Gary Klein asegura que “en el proceso de toma de decisiones, cuanto más compleja y ambivalente la situación, más importante es el papel de la intuición”. Y autores como Alden Hayasi reconocen que las sensaciones anteceden el análisis lógico y citan las prácticas de algunos ejecutivos famosos que presumen tener agudos instintos para resolver disyuntivas. El legendario Bill Gates admite que muchas veces se deja conducir por la intuición.

Y está el documentadísimo caso de George Soros, uno de los inversionistas y especuladores de Wall Street más arriesgados, quien emplea  lo que se ha dado en llamar el “sentido situacional” (el conocimiento experiencial que tenemos de una determinada situación, pero con todo lo que podemos saber de manera subliminal) a la hora de tomar decisiones.

 


Según confiesa, siente un dolor en la espalda cuando algo anda mal en su cartera de inversiones (su cuerpo capta cuando algo va contra su saber conciente), y “le indica que las premisas según las cuales la decisión fue tomada, ya no son válidas”. Y cambia de estrategia.

La intuición, esa voz interna

Jagdish Parikh (quizá uno de los expertos que más se ocupa de este tema en el entorno empresarial) habla de la intuición como un  “acceso a la reserva interna de pericia y experiencia acumulada durante años, y la obtención de una respuesta, o de un impulso para hacer algo, o de una alternativa elegida entre varias, todo ello sin ser consciente de cómo se obtiene”.

Entre otras cosas, Parikh sostiene que “la intuición es multidimensional (una habilidad, un don, una forma de ser...), multicontextual (una señal instantánea, una sensación durante un cierto periodo, un proceso continuo...) y multinivel (consciente, subconsciente, inconsciente...)”.

Al tomar una difícil decisión, la mayoría siente un hormigueo en el estómago. Se dice que esa es una alarma de la intuición. A lo mejor la gente no encuentra palabras para explicar por qué dice sí o no a los argumentos lógicos, racionales y analizables, sin embargo, puede sentir seguridad en lo que hace, como si recibiera mensajes internos. Son ideas espontáneas, no buscadas.

De hecho, la intuición aparece en forma instantánea y directa.
Como ocurrió en el caso de un piloto que, de pronto decidió, por pura corazonada (otra manera de llamar a la intuición, junto con presentimiento, feeling, premonición o sexto sentido) abortar el aterrizaje de su avión a pesar de que ya contaba con el permiso de la Torre de Control para hacerlo. “Algo” en él detectó un peligro inadvertido y salvó a la tripulación.

Cómo domar a la intuición

 


Algunos psicólogos convencidos de las propiedades de la intuición, sugieren la existencia de técnicas que hacen posible interpretar y planean usar la intuición. Hasta proponen pasos y métodos para destapar el conocimiento subliminal.

Piden, sobre todo, establecer una frecuencia capaz de captar con mayor claridad esos mensajes que trascienden los riesgos.

De ese modo, aconsejan estar en contacto con un nivel diferente de nosotros mismos, como si hubiera un elevador interno, e instan respirar hondo, cerrar los ojos y relajarse para reconocer con nitidez nuestros deseos y necesidades.

Por supuesto, no hay magia en esta incursión al núcleo de la intuición ni se trata de un fenómeno paranormal, al contrario.
Según afirman, todo tiene que ver con el conocimiento profundo del tema que está inquietando a la persona.

La intuición no es una escopeta que dispara opciones múltiples para ver a qué le atina el inconsciente. La habilidad, en todo caso, radica en encontrar a qué le está tirando, o hacia dónde está apuntando.

Los especialistas en neurociencia instruyen que, para que brote la respuesta intuitiva a un problema, es preciso identificar previamente la situación que despierta nuestras inquietudes, e interiorizarla más allá de la conciencia. De esa manera, estamos incubando una solución que, más tarde, por sí sola, habrá de emerger, por lo que hay que estar atentos para captarla.

Inmediatamente después toca el turno de la razón analítica: el complemento indispensable.

El “sexto sentido” no debe ser confundido con una mera opinión, con un deseo, con una apuesta de futuro o con una reflexión.

Algunos autores piden que estemos atentos a estas señales intuitivas repentinas (palabras, frases, imágenes, sensaciones, emociones) y procuremos registrarlas en la conciencia antes de que sucumban a su implacable censura.

“Si no lo hacemos –advierten–, la señal se puede diluir, por difusa”.
A veces, al despertar, algunas ideas relacionadas con los problemas que desbordaban la cabeza al acostarse se asoman descaradamente.
Si no recapacitamos y valoramos acerca del contenido de estas revelaciones que duran apenas un instante, podemos olvidarlas de inmediato.

Robin Hogarth está sentando las bases científicas necesarias para rastrear la intuición, “ese resbaladizo ámbito de la mente humana”, con un análisis satisfactorio e innovador, y ha desentrañado en su libro “Educar la intuición” (Paidós) los misterios de este concepto tan difícil de aprehender.

Hogarth ha demostrado que la intuición aparece como un epifenómeno de las habilidades que alcanzamos en nuestra experiencia cognitiva cotidiana, y en su muy recomendable libro, el autor ofrece sugerencias muy prácticas sobre cómo formar con éxito nuestra propia intuición. De hecho, se propone educar a este complejo e importante fenómeno cognitivo.

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