|
Las hazañas de Robert Langer
Hacia el boom de los órganos de repuesto
Por:
Enrique Chao
Feb 25, 2009
El
futuro ya es cosa de todos los días. No hay que esperarlo, sino dejar
que se asiente poco a poco en la realidad. Uno de los científicos que
más están contribuyendo a que se “adelante” ese futuro es el ingeniero
Robert Langer, un profesor del Instituto Tecnológico de Massachussets
(MIT), experto en el área de los plásticos o polímeros que han
favorecido la creación de tejidos artificiales y en particular el de un
tejido cardiaco con casi todas las características del natural (con
todo y la capacidad de contracción).
A
Langer, se dice en los medios académicos, aún le deben el Premio Nobel
(y con frecuencia aparece mencionado entre los candidatos). Pero ni
falta le hace.
Aunque
se le reconoce por la creación de polímeros y materiales biológicos
diseñados para recordar la forma de una superficie -.y que ayudan a la
regeneración de tejidos- recientemente ganó un premio por sus sistemas
inteligentes de administración de fármacos –o fármacos teledirigidos-
que permiten combatir entre otras patologías los tumores malignos.
Al
recibir la tercera edición del premio Millennium, de Finlandia,
conocido como el ‘Nobel’ de tecnología (como se sabe, el premio
Millennium, consiste en 800 mil euros, y se concede cada dos años a
innovaciones que han aportado un claro beneficio a la humanidad),
Langer subrayó que en el futuro próximo será posible “crear órganos
completamente nuevos”.
En la pista de los nuevos materiales
Más
reciente aún, Langer fue reconocido en 2008 con el premio Príncipe de
Asturias de Investigación Científica y Técnica (con 115 mil euros) al
lado de un grupo de investigadores que, por cierto, como él, han
impulsado el desarrollo de nuevos materiales.
Vale
la pena hacer un repaso de sus acompañantes en este premio. Se trata
de dos científicos japoneses y tres estadounidenses que han aplicado
la nanotecnología a la salud humana y al desarrollo sostenible. Si bien
es cierto que los galardonados han dirigido su labor a líneas
diferentes, la mayoría coincide en un campo que tiene mucho futuro por
delante: la nanotecnología de nuevos materiales, basada en el diseño y
la construcción de estructuras cuya unidad de medida es el nanómetro
(la millonésima parte de un milímetro).
Las
aplicaciones de la nanotecnología están cubriendo en todo el mundo
terrenos tan diversos como la biomedicina, la electrónica o las
energías renovables y se cimentan en los nanotubos de carbono,
minúsculos cilindros formados por átomos de ese material.
Precisamente,
el físico japonés Sumio Iijima, uno de los premiados, fue quien los dio
a conocer e impulsó su estudio en 1991, mientras su compatriota, Shuji
Nakamura, centró sus investigaciones, más bien, en los diodos de
emisión de luz (LED, por sus siglas en inglés), fuentes luminosas de
alta eficiencia y bajo consumo que tienen innumerables aplicaciones.
Aparte,
los dos estadounidenses que recibieron junto a Langer el Premio
Príncipe de Asturias fueron los químicos George Whitesides y Tobin
Marks, quienes se han ocupado de las técnicas de control de la materia,
las celdas solares y la creación de nuevos plásticos.
Langer,
como ya se señaló, destaca en la ingeniería de tejidos y en su
trabajo, basado en una medicina focalizada y no invasiva, que “emplean
cada año más de cien millones de pacientes que sufren cáncer,
enfermedades coronarias y otras patologías”. Por eso acapara todos
los premios.
Se
puede abundar que Langer ha publicado 37 libros y que cuenta con cerca
de 600 tecnologías patentadas (o pendientes de registro) en el área de
la medicina, la biotecnología y la química, entre ellas, claro, el
método que permite la administración de sustancias sin tener que ser
inyectadas y que dosifican con precisión los fármacos que precisan las
células enfermas y regular la liberación de los mismos. Por si no
bastara, es asesor científico del flamante presidente Barak Obama,
quien lo cita en su libro “La Audacia de la esperanza”, sobre todo en
lo que cabe esperar de la investigación científica y académica en
Estados Unidos.
La medicina y los plásticos
Como
lo describe el diario argentino Clarín en una entrevista, Langer inició
su carrera en 1974. Se graduó como ingeniero químico en el MIT y cuando
terminó sus estudios “tenía más de 20 ofertas de trabajo en la
industria petrolera; pero hizo algo muy extraño para esa época: se fue
a completar un doctorado con el profesor Judah Folkman del Hospital de
Niños de Boston, que era uno de los pioneros en estudios del cáncer, y
terminó convirtiéndose en el referente de la ingeniería biomédica”.
Poco
después, Langer comenzó a trabajar con polímeros y desarrolló varias
técnicas para dirigir las drogas que se usan en quimioterapia
directamente hasta la zona afectada por el cáncer.
Por cierto, sus admiradores resaltan que ha sido el científico más joven en ingresar, a la
edad de 43 años, a las tres grandes academias científicas de Estados
Unidos. Hoy, a unos años de cumplir 70, Langer mantiene una energía
“fenomenal”, y lo constata al revelar que está trabajando en tres
direcciones principales: “La primera –señala- es la de crear nuevos
tejidos y órganos. Nuestro objetivo es algún día poder fabricar nuevos
páncreas, hígados o médulas para personas que están paralizadas. Y la
forma en que tratamos de hacerlo es combinando células y plástico.
”La
idea es que si podemos crear los plásticos correctos podamos
combinarlos con células -que podrían ser células madre o las propias
células del paciente-, y proveer las señales o los signos para decirles
a esas células cómo fabricar tejido. Y ese nuevo tejido podría ser
literalmente de cualquier cosa. Ya hemos hecho experimentos exitosos en
animales, y algunos se probaron en humanos.
”Otra
área es la que llamamos sistemas de liberación de fármacos. El primer
paso es la creación de pequeños microchips que ponemos en el cuerpo
para que ‘sientan’ qué está pasando y liberen drogas en respuesta a
esas señales. La siguiente idea en la que estamos trabajando es
intentar liberar ADN para ver si podemos activar o desactivar genes que
podrían ser útiles para evitar o combatir enfermedades. O si hay
maneras de analizar la ‘cadena de silencio’ en la que estos genes
actúan”.
©
Derechos Reservados Revista Ambiente Plástico
Ir
al Inicio
|