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TUBOS ASOMBROSOS
Por:
Feb 27, 2009
Siempre sentí fascinación por los tubos (“rulos”, en España) de las señoras. Cuando terminaban de ponérselos uno por uno, con todo cuidado, se cubrían con una mascada, me imagino que por pudor. Era vergonzoso que las vieran con tubos, como si salieran con ropa interior a la calle. Por eso evitaban las miradas de los vecinos y llegaban al Salón de Belleza como escapando del ridículo.
TUBOS ASOMBROSOS
En
dicho salón pasaban horas charlando y hojeando revistas, hasta que se
metían en una especie de escafandra con todo y tubos, y me imaginaba,
viéndolas, que eran las astronautas de una película de ciencia ficción,
recibiendo instrucciones de su lejano planeta. ¿A quién se le ocurrió
hacer los tubos para rizarse el pelo? Era el colmo de la ociosidad.
Les llevaba horas a mis hermanas y a mi mamá someterse a la disciplina
de los tubos, y todo para mantener por unas cuantas horas un pelo
erguido tan alto que parecía una minitorre de Pisa. Finalmente, cuando
se los quitaban, yo jugaba con mi hermano con los famosos tubos de
plástico, que el poder de nuestra fantasía transformaba en
extraterrestres, o en capullos de formas alienígenas.
Pero,
¿quién los hacía? ¿Quién los inventó? Tanto formaban parte de la
cotidianeidad que nadie se hacía esas preguntas tan anodinas.
Uno
abría la cómoda y salían desperdigados los famosos tubos, sin que
mostraran con una etiqueta que los “rulos” aparecieron por primera vez
cuando Charles Nessler inventó en 1905 la primera máquina para hacer
permanentes, la cual constaba de una serie de barras de metal en las
que se enrollaba el pelo. La máquina se calentaba después por
corrientes eléctricas, y si la clienta no moría electrocutada en el
intento le quedaba un pelo rizado de por vida, o casi. En los años 40,
cuando se impusieron las técnicas de permanente modernas y menos
dañinas, comenzaron a usarse los tubos de plástico, que ahora se
emplean en tamaños diferentes para dar forma al más caprichoso de los
peinados femeninos.
Tubo o popote gigante
Recientemente
en Turquía se fabricó un largo tubo para llevar agua de Asia a Europa.
El mayor fabricante turco de tubos, Firat Plastic Kaucuk Sanayi de
Estambul, armó a toda prisa 4,000 metros de tubo de dimensiones
mayúsculas para concluir el proyecto de instalar un conducto de agua a
través del Bósforo. La idea es llevar desde la reserva de agua de
Ömerli, en la parte asiática de Estambul, hasta la zona europea
300,000 m3 de agua potable.
Para
aguantar la presión del agua, tanto de la que corre por su interior
como de la que los envuelve, los tubos de 1,200 mm presentan, con
109,1 mm, el espesor de pared más grueso realizado hasta ahora.
Cincinnati Extrusion GmbH, de Viena, que tiene contratos con la ciudad
desde hace tiempo tendió in situ dos líneas de extrusión donde
ajustaron todos los elementos para evitar incidentes.
Según
reportan los constructores, cada una de las dos líneas cuenta con una
capacidad de producción de 1,000 kg/h, y ambas trabajaron jornadas
completas durante un mes para poder suministrar los 4,000 m de tubo de
grandes dimensiones en el plazo estipulado. Por otro lado, la calidad y
tamaño de los inmensos tubos, que se articularon con las más estrechas
tolerancias, dejaron a todos embobados.
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Luces al final del tubo
En
la ciencia hay tubos muy famosos, como los tubos de ensayo que se
utilizan en los laboratorios para contener pequeñas muestras líquidas,
o los nanotubos, una forma alotrópica del carbono, como el diamante, el
grafito o los fulerenos, cuya estructura puede considerarse procedente
de una lámina de grafito enrollada sobre sí misma, y con propiedades
eléctricas, mecánicas y térmicas sorprendentes. Los nanotubos tienen
distinto diámetro y geometría interna dependiendo del grado de
enrollamiento, y hay nanotubos monocapa, y también, nanotubos metidos
en otros nanotubos concéntricos, a modo de muñecas matrioskas, y de
grosores crecientes desde el centro a la periferia, que llaman
nanotubos multicapa. Son los cimientos en la ciencia de los materiales
de un campo con infinidad de aplicaciones para todas las industrias.
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Pero
hay otros tubos famosos en la ciencia, como el tubo de vacío. William
Croques (1832-1919), un físico inglés que consagró sus esfuerzos al
campo de la espectroscopia, no sólo halló, en 1861, un nuevo elemento
químico al que dio el nombre de Talio, sino que era tan talentoso que
en 1875 ideó un tubo de vacío (que lleva su nombre) gracias al cual
pudo comprobar que los rayos catódicos se propagaban en línea recta, y
que eran capaces de ha cer girar un pequeño molinillo situado en su
interior, el cual se podían desviar con aplicar un campo magnético, lo
que confirmaba que contenía partículas cargadas. Eso hizo sospechar,
más tarde, la presencia de los electrones.
Las bestias de tubos de PVC
Theo
Jansen, un artista holandés de vanguardia, ha ganado fama como
“escultor cinético”, es decir, un artista capaz de dotar a sus piezas
de movimiento. A lo largo de 15 años, y con planos armados en su
computadora, ha intentado crear una nueva forma de vida, sus
“Strandbeest”, o bestias de la playa, seres que, de lejos, parecen
inmensos insectos o esqueletos de reptiles prehistóricos. Pero de
cerca no son más que tubos de plástico flexible y cinta adhesiva.
Luego
de depositar sus elaboradas obras de arte sobre la superficie pulida
de una dilatada playa en la costa holandesa, Jansen explicó a los
asombrados testigos que “Dios fue restrictivo con los materiales
usados para la creación. Sólo usó proteínas. La naturaleza, tal y como
la conocemos –subrayó-, consiste en cadenas de proteínas. Constituyen
la materia prima de la piel, los ojos, los pulmones, etc., es un
material multiuso. Así son también los tubos”.
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Jansen
construyó sus “animales” playeros uniendo millares de tubos de PVC. Y
luego de armar los “cuerpos” los dejó libres para que vagaran al
capricho del viento sobre la superficie de la playa. Jansen cobró
notoriedad gracias a una campaña publicitaria de BMW realizada en
Sudáfrica con sus “esqueletos móviles”. El proyecto de Jansen se basa
en un meticuloso trabajo de ingeniería que lo posibilitó a crear
movimiento en las articulaciones de sus animales, ya sea con patas que
los hacen andar o con alas que se sacuden vigorosamente, como las de
las aves cuando aterrizan.
Jansen
no vacila al afirmar que está ‘construyendo vida’. Inclusive imparte
talleres con ese título, y no cesa de estudiar la historia de la
evolución biológica para conferir a sus nuevas generaciones de
criaturas de capacidades cada vez mayores. “Su sueño –dijo un crítico
de la revista Artfutura- es que algún día aprendan a evolucionar sin su
intervención y continúen sus vidas como cualquier otro organismo,
sometidas a los ciclos de la naturaleza”.
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