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¿Cómo se prueba la biodegradabilidad?
Trágame tierra…
Por:
Lorena Márquez
May 22, 2009
¿Cómo se prueba la biodegradabilidad?
Trágame tierra…
Actualmente hay un apogeo de soluciones que buscan ser amigables con el medio ambiente para garantizar un desarrollo sustentable. Bioplásticos, plásticos biodegradables, compostables, reciclaje… ¿Cómo medir las propiedades de degradación de un plástico?
La contaminación, el exceso de desechos en tiraderos, el cambio climático, los suelos áridos, son sólo algunas delas razones que impulsan el desarrollo de productos amigables con el medio ambiente, después de tantos años de fabricar productos sin tomar en cuenta el impacto ambiental, ¿cómo podremos determinar que un producto efectivamente no afecta al medio ambiente?
Pruebas de biodegradabilidad
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Existen dos vías para degradar un biopolímero: una aerobia y otra anaerobia, que puede deberse a la acción enzimática de microorganismos, como bacterias, algas y hongos; los cuales transforman los polímeros en su fuente de comida y energía, dando como resultado dióxido de carbono (CO2), biomasa y agua, y un mecanismo de dos etapas, una de hidrólisis o foto degradación, y otra, posteriormente, de biodegradación. O a un proceso abiótico, como disolución en agua y envejecimiento por luz o calor.
Además de degradarse, hay plásticos que sirven para nutrir la tierra, es decir, compostables. Se desintegran en un sistema de composta (típicamente en alrededor de 12 semanas a temperaturas superiores a 50ºC). La biodegradación puede llevarse a cabo en diferentes ambientes como suelos, tierras de compostaje, plantas de tratamiento de aguas, ambientes marinos e incluso en el cuerpo humano. No todos los materiales son biodegradables bajo todas las condiciones. Algunos sólo son susceptibles a microorganismos encontrados en aguas residuales delas plantas de tratamiento, mientras que otros necesitan condiciones ambientales y microorganismos de una composta o del suelo.
De todos los mecanismos de degradación de un plástico, los biodegradables y/o compostables son los únicos que cuentan con estándares y certificados; en el caso de los oxo-degradables que reaccionan con la luz del sol y oxígeno ambiental no están certificados, y aún está en proceso de evaluación su beneficio hacia el medio ambiente.
Para determinar el grado y velocidad de biodegradación de un plástico se estandarizaron diversos métodos, exponiendo los materiales junto con una muestra patrón a distintos ambientes simulados, acelerados regularmente con alta actividad microbiana: lodos residuales, rellenos sanitarios, compostas controladas, digestor anaeróbico o aeróbico…, y controlando diversas condiciones como temperatura, aeración y humedad.
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Los métodos tienen que ser simples y aproximarse lo más posible a fenómenos que suceden realmente en la naturaleza. Hay diversos organismos de normalización como CEN, ISO, ASTM y DIN que desarrollaron varias pruebas.
Ya que la biodegradación de un plástico da como resultado CO2, biomasa y agua, una forma de evaluarla es precisamente midiendo la cantidad total de carbono orgánico que se convierte a fase gaseosa en forma de CO2y CH4, dióxido de carbono y metano respectivamente. En el caso de los plásticos que se degradan de forma aeróbica hay métodos que evalúan la demanda bioquímica de oxígeno. Ose puede medir el peso molecular del plástico antes y después de la prueba.
Las pruebas se corren durante tres y seis meses, las 24 horas por día, siete días por semana. Se requiere una muestra preferiblemente entre 300 a 500 gramos en distintas formas: pellets, láminas, películas o artículos terminados.
Normas ASTM D6400 y D6868
Estos métodos (ASTM D6400 para películas y ASTM D6868 para recubrimientos) validan que un plástico se puede degradar y compostar, en compostas municipales o comerciales, a una velocidad comparable a la de los restos de comida, jardín y otros materiales compostables, como las bolsas de papel kraft. En ellos están los parámetros para medir la habilidad de un producto para convertirse en dióxido de carbono por organismos encontrados en una composta a una velocidad aceptable, ser fragmentados y la capacidad de la composta resultante de nutrir plantas.
Los materiales que cumplen con estos estándares son acreedores a distintos logos o etiquetas como el logo de compostabilidad o el OK Compost, los cuales fueron diseñados para ser colocados en productos y literatura técnica o de venta, y así evitar confusiones y lograr credibilidad y reconocimiento de los productos que no sólo se biodegradan, sino que sirven como composta para el suelo entre consumidores, compostadores, reguladores y otros. Entre estos figuran las películas de celulosa regenerada (celofán) y otros obtenidos también de recursos renovables como almidones y alcoholes.
Alrededor del mundo existen varios laboratorios que evalúan la biodegradabilidad y compostabilidad; y hay organismos, como el Instituto de Productos Biodegradables en Estados Unidos, la Sociedad de Plásticos Biodegradables, en Japón, el US Composting Council y el DIN Certco’s, en Europa, Vinçotte en Bélgica, que certifican que los productos cumplen con diferentes estándares como el D6400 y D6868. Además, estos estándares evalúan que los plásticos, al degradarse, no generan residuos tóxicos y visibles, como metales pesados. La importancia de una norma que valide la biodegradabilidad es tal que de ello depende el desarrollo de este segmento, puesto que puede dar la credibilidad a usuarios y evitar el escepticismo de la gente, garantizar que en verdad funcionan y con ello detectar nuevas oportunidades.
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