El término e-desechos se refiere a los productos electrónicos que caducan, o se acercan al final de su “vida útil”.
Computadoras, televisores, estéreos y fotocopiadoras, entre otros, son productos que se podrían reutilizar, restaurar o reciclar. Por desdicha, resulta más barato comprar uno nuevo. Así, los desechos de productos electrónicos son el grupo de desperdicios de mayor crecimiento en el mundo.
Con mayor frecuencia: cada 2.5 años, en promedio, las familias adquieren televisores, videocaseteras, estéreos, computadoras y celulares nuevos. De acuerdo con datos de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (US Environmental Protection Agency) sólo en ese país se arrojan a la basura, 134.5 millones de PCs. ¿El motivo?: Se han quedado obsoletas, así como 348.9 millones de otro tipo de electrónicos.
Se calcula que en todo el continente, el desecho anual supera los 583.8 millones de unidades, y un documento del UNEP (United Nations Environment Programme) destaca que “el mundo genera entre 20 y 50 millones de toneladas de basura de equipo eléctrico y electrónico”, y lo más grave, reconocen, es que no sólo se trata de “enormes cantidades de plástico” .
Los especialistas han detectado que los aparatos eléctricos y electrónicos contienen una compleja mezcla de sustancias, “algunas tóxicas, que pueden crear una severa contaminación cuando son desechadas”.
Por otro lado, en un estudio de Greenpeace denunciaron que “entre estas sustancias hay metales pesados, como el mercurio, el plomo, el cadmio y el cromo; y retardadores de fuego bromados (para prevenir el esparcimiento del fuego), como los polibromobifenilos (PBB) y los éteres de polibromodifenilos (PBDE).
El tamaño del basurero Este año, según el UNEP, sus dueños se desprenderán de 130 millones de teléfonos celulares en el planeta, y aunque las cantidades oscilan de un análisis a otro, se piensa que la cantidad de productos electrónicos desechados alrededor del mundo se disparó inconteniblemente en los años recientes: cada año arrojan entre 20 y 50 millones de toneladas de residuos de este tipo alrededor del mundo.
De hecho, más del 5% de toda la basura sólida municipal en el mundo es electrónica lo que equivale a casi la misma cantidad de basura que se genera por plásticos utilizados en el embalaje, aunque mucho más peligrosa. En Europa, la basura electrónica se está incrementando entre 3 y 5% cada año, casi tres veces más rápido que todo el flujo de basura. Muchos analistas no titubean al estimar que en los próximos cinco años, los países en desarrollo triplicarán su producción de este tipo de desechos.
Según la consultora Gartner, el promedio de vida útil de las computadoras en esos países ha descendido de seis años, en 1997, a dos, en 2005, mientras los teléfonos celulares tienen una vida útil de menos de dos años. Cabe recordar que en 2004 se vendieron, en todo el mundo, 183 millones de computadoras, 11.6% más que en el 2003.
Y también en ese año, se vendieron 674 millones de teléfonos celulares, 30% más que en 2003.
Un dato para el asombro: hacia el año 2010, se habrán añadido en los mercados desarrollados en Estados Unidos, Europa y Pacífico de Asia, 150 millones de computadoras nuevas, mientras que los mercados emergentes habrán sumado 566 millones. “Para entonces existirán 178 millones de nuevos usuarios en China, 80 millones de nuevos usuarios en India y en México, anticipa Gartner, 46% de la gente tendrá PC.
¿Qué hacer? Tomar cartas en el asunto. La Convención de Basilea sobre el Control de Movimiento Transfronterizo de Residuos Peligrosos y su Disposición, que entró en vigor en 1992, y la Enmienda de la Prohibición de Basilea, adoptada en 1995, prohíben todas las exportaciones de residuos peligrosos de países desarrollados a países en desarrollo miembros de la Convención.
Este acuerdo multilateral considera la basura electrónica como peligrosa y por lo tanto su comercio está sujeto a las regulaciones de prohibición que establece.
Las nuevas leyes en Europa y Japón están turnando la responsabilidad de la basura electrónica de contribuyentes, autoridades locales y gobiernos, a los fabricantes de los productos. Estas leyes también prohíben el uso de ciertas sustancias. Como respuesta a ello, las compañías en los mercados de la Unión Europea y Japón, están sustituyendo las sustancias prohibidas y rediseñando sus productos a fin de que su desmantelamiento o reciclado sea más fácil y seguro cuando hayan sido desechados y regresados a ellos .
A menos que las firmas de la electrónica, que se benefician de la fabricación y venta de estos aparatos, enfrenten su responsabilidad, los descomunales cerros de estos productos obsoletos estarán creciendo fuera de toda proporción. Muchos piensan que eso es una bomba de tiempo.
El comercio de basura electrónica En la década pasada, los gobiernos de la Unión Europea, Japón y algunos estados de Estados Unidos fijaron mecanismos de reciclaje; pese a esto, estos y otros países no tienen la capacidad de enfrentar la abrupta cantidad de basura electrónica y su naturaleza peligrosa. Por lo tanto, comenzaron a exportar el problema a los países en desarrollo donde las leyes de protección al trabajador y al ambiente son inadecuadas, insuficientes o no se aplican. Es más barato reciclar basura en los países en desarrollo ya que sus costos son menores. Por ejemplo: el reciclaje de vidrio de monitores de computadora es de $0.50 dólares por libra en Estados Unidos, comparado con $0.05 en China.
Además, la demanda en Asia para la basura electrónica comenzó a crecer cuando en los tiraderos de chatarra encontraron que podían extraer sustancias de valor durante el proceso de reciclaje tales como: cobre, hierro, silicio, níquel y oro. Un teléfono móvil, por ejemplo, es 19% de cobre y 8% de hierro.
Crecerá el papel de los recicladores La Silicon Valley Toxics Coalition estima que entre 1997 y 2007 se habrá descartado 500 millones de computadoras en Estados Unidos.
Por otra parte, la adopción de televisores de alta definición propiciará que se eliminen más de los viejos artefactos de tubo de rayos catódicos, que contienen gran cantidad de plomo. Y a medida que empiecen a caer en desuso los nuevos monitores chatos, el mercurio que éstos contienen también pasará a integrar el flujo de desechos.
La EPA estima que los artefactos electrónicos que se descartan constituyen el 70% del metal pesado presente en los desechos estadounidenses.
Massachusetts y California prohibieron el descarte de monitores de computadoras en tierra, y otros estados analizan la aprobación de leyes similares.
Las empresas grandes ya no pueden enviar sus computadoras viejas a zonas de relleno de terreno.
En consecuencia, el papel de los recicladores de electrónica será cada vez más importante.
La industria de tubos catalizadores para TV (CRT) está organizando una industria de reciclaje gracias a una ley aplicable para el 2006, que los obligará a fabricar sólo aparatos compatibles con sistemas digitales.
Asimismo, hay una propuesta de ley en el estado de California para obligar a todas las empresas que fabrican laptops, monitores y celulares a reciclar sus equipos viejos y a utilizar partes también recicladas.
Se busca que las firmas que venden estos productos sean también las responsables de recolectar los equipos viejos y enviarlos a plantas de reciclaje, como ocurre con Office Depot, que en Estados Unidos ha logrado recolectar 4,700 toneladas millones de chatarra electrónica.
El caso de California podría repercutir. El 24 de septiembre de 2003, una ley sin precedentes estableció un sistema de financiamiento para la recolección y reciclaje de ciertos desechos electrónicos.
La Electronic Waste Recycling Act destaca el cobro de una cuota por el reciclaje de desechos electrónicos en el lugar de venta minorista de los productos cubiertos; la obligación de los fabricantes de informar a los consumidores sobre las oportunidades de reciclaje; y la responsabilidad de éstos de “comprar de manera inteligente”.
El Acta exige que los monitores de computadoras, televisores y otros equipos electrónicos, NO deben desecharse junto con la basura común y corriente, y que los que aún funcionan se vendan o donen, prolongando así su vida útil. Los que ya no funcionan deben ser reciclados por una compañía especialmente equipada para su manejo.
¿Bastará con ésto?