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Museo del juguete
El arte de divertir
Por:
Nov 7, 2006
El Museo del Juguete acaba de abrir sus puertas en México para exhibir sólo 10 mil piezas de los siglos XIX y XX de una colección que supera el millón de piezas. La muestra representa tan sólo un 5% de la colección completa. La muestra fue seleccionada por el arquitecto y coleccionista de ascendencia japonesa Roberto Y. Shimizu K., quien se impuso la amena tarea de investigar el origen de los juguetes en diversas partes del mundo, claro, enfocándose también en los juguetes mexicanos.
“El recinto, que preferiría denominar hábitat, reúne varios miles de tipos diferentes de juguete por su figura, modo de funcionamiento, material, origen, época, color”. Trascendió que el resto de la colección la tiene guardada en su residencia privada y en varias bodegas.
“El juguete es producto de la actividad lúdica más espontánea del hombre y acaso su primer atisbo de creatividad artística o tecnológica”, declaró Shimizu cuando cortó el listón del Museo del Juguete en la colonia Doctores.
El museo está instalado provisionalmente en dos plantas de un edificio de cinco pisos de la calle Dr. Olvera (número 15), entre el Eje Central Lázaro Cárdenas y Dr. Barragán. Abre de lunes a viernes de 10:00 a 18:00 horas. “Apenas el año anterior empezamos a catalogar las 10,000 piezas que tenemos aquí. El número integral se cuenta por centenares de miles y quizás supere el millón, porque la mayoría de las especies están multirrepetidas”, explicó Shimizu, quien cuenta con el apoyo de seis personas para las labores de clasificación, conservación, mantenimiento y restauración.
Inclusive expone piezas de gran valor, como la familia integral de Blancanieves y los siete enanos, creada en los años 40 por ceramistas de Tlaquepaque, Jalisco, ya que en esa época se detonaba el comercio artesanal mexicano para enviarlo a Estados Unidos, Canadá y Europa.
Shimizu es autor del libro “Los juguetes, los juegos y los coleccionables de México”, y la instalación que hizo está apoyada por piezas de exhibición, como linternas mágicas, robots y caleidoscopios, diseñados por el propio coleccionista. Muchos materiales de las piezas llaman la atención; madera, latón, hierro, celuloide, papel maché, yeso, plomo y plástico soplado que, recuerda Shimizu, se popularizaron entre 1970 y 1990, y abarataban el costo del juguete.
Bajo su óptica, la instalación sirvió para albergar los miles de juguetes que tiene y también para recrearse. Shimizu inició su colección a partir de 1945, y explicó a la prensa que “ésta es, en realidad, una memoria de México con el lenguaje del arte popular contenido en los juguetes”. Además, obedece al propósito de “compartir con la gente mi gusto por el arte popular de mi país y de otras partes del mundo”.
El investigador es, asimismo, el director del Museo del Juguete, y ha creado “la Cronología histórica de los juguetes”, como resultado de su pesquisa de artefactos de cuatro milenios de antigüedad. Según expone, los primeros juguetes se encuentran en una vieja ciudad de Fenicia en el año de 1453, antes de Cristo, donde encontraron pequeñas flechas de bronce. Después, en Jerusalén, descubrieron animalitos, carretas y muebles diminutos de barro y unas bolitas de piedra, las primeras canicas, quizás.
Más adelante, en algunas urbes de Egipto, Grecia y Roma, además de otras regiones de Europa, se desenterraron juguetes más o menos ingeniosos. Pero fue en China donde hallaron gran variedad de artefactos, como papalotes, boliches, juegos de cartas, dados, soldaditos de plomo y figuras talladas en hueso y marfil. Mil años más tarde aparecieron los juegos de salón y hacia el siglo XVIII, los juegos de construcción y autómatas (ver Plastihumor en este mismo número).
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En la “Cronología histórica de los juguetes”, el arquitecto Shimizu resalta que los primeros fabricantes de reproducción industrial de autómatas fueron Jacques de Vaucanson, Jaquet-Droz, su hijo Henry Louis, Jean Frederic Leschot…, que combinaron el diseño de construcción de músicos, malabaristas y pajaritos cantores para la creación de relojes de pared, como los cú-cú.
En medio de toda esta fiesta de creación, la industria juguetera evolucionó sin pausa, generando una infinita variedad de objetos que hicieron y hacen soñar a los niños -y adultos que jamás maduraron-. Imaginen carruseles, billares, patines, disfraces y muchos juegos divertidos. Desde entonces hay una obsesión de entretener, y un horror de aburrirse.
Los mexicanos y sus juguetes
En cuanto a México, Shimizu ha puesto el acento en la presencia de figuritas de barro de ruedas en la cultura olmeca y muñecas de barro con extremidades móviles -conocidas como nénetl, es decir, nene o nena, de la cultura náhuatl. Todo ello puede verse en uno de los apartados dedicados a México, en la “Breve enciclopedia de los juguetes y juegos en México”.
El arquitecto coleccionista subraya que muchas de las piezas que se han encontrado son ofrendas de arte funerario prehispánico, quizás con propósitos de magia, aunque, evidentemente, con la intención de solazar al niño. Los españoles de la conquista trajeron en el siglo XVI algunos objetos que servían a la imaginación de los niños para el juego, y cuando se dio el mestizaje surgieron nuevos entretenimientos para ocupar a los niños, como el trompo, el balero, el rehilete, los papalotes y un largo número de objetos, como tableros.
En los coleccionables de México, el investigador menciona la aparición de “los asombrosos vuelos en globos aerostatitos”, en 1835, además de la creación del “gran circo extranjero” proveniente de Nueva York, en 1831, el Circo Chiarini, italiano, en 1867, y la creación del Circo Orrín en 1881.
Esta visión abarca las actividades relacionadas con el diseño, producción, costos y comercialización del juguete artesanal e industrial, además de la mención de modelos electrónicos de vigencia actual.
Algunos personajes, como los cómicos Cantinflas y Tin Tan, se presentan en forma de muñecos, acompañados de estatuillas, hechos de barro y de plástico. Hay infinidad de luchadores como Blue Demon, el Cavernario Galindo, Black Shadow y Enrique Llanes.
El recinto conserva juguetes como triciclos, bicicletas, marionetas, títeres, bailarinas como Tongolele, rayuelas, valeros, canicas, calcomanías, estampitas de futbolistas, pelotas, patines. También hay juguetes pequeñísimos, del tamaño de un alfiler, y gigantescos robots ornamentales, y trencitos, avioncitos, barquitos y platillos voladores. No se lo pierda.
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