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Ciencia y tecnología en México
Nuevo modelo institucional
Por:
Gustavo Guraieb
Jan 16, 2007
México, en el inicio del siglo 21, vive cada vez de manera más intensa, tiempos de cambio. Hemos presenciado importantes transformaciones políticas, sociales y económicas en el país, y lo seguiremos observando por muchos años más.
La aparición en la década pasada, del fenómeno “Globalización”, trajo consigo la apertura de los mercados y con ello una imperiosa necesidad por ser competitivos, tanto en el ámbito privado, como en el público. Dicha situación ha resaltado un gran cúmulo de carencias y la importancia de continuar con cambios y reformas en todas las esferas de actividad, a lo largo y ancho del país.
El Sector de Ciencia y Tecnología no es la excepción. Si primeramente acotamos la discusión al sector público de ciencia y tecnología, que desempeña un papel clave en la orientación de la actividad y en el otorgamiento de recursos, diremos, que como gran parte del sector público en general, requiere urgentemente de un proceso de modernización tendiente a buscar niveles crecientes de calidad y eficiencia en su operación.
Sin embargo en el caso de este sector existe desde sus orígenes un problema que sobresale del resto: la desvinculación de su entorno, un alejamiento “casi natural” entre la academia y la empresa, entre el científico y el usuario; además de un importante grado de aislamiento entre las mismas instituciones de Ciencia y Tecnología, entre científicos y tecnólogos; así como entre las empresas que no aciertan a desarrollar alianzas, que les permitan avanzar más rápidamente.
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Un tema de particular importancia y actualidad, que ha puesto de manifiesto la falta de entendimiento entre los actores participantes es la innovación; este concepto que llegó para quedarse por mucho tiempo y que pocos todavía entienden correctamente. Desde luego nos referimos a la innovación entendida como concepto de mercado, concepto que promete devolver la competitividad perdida a una gran cantidad de empresas.
Los científicos creen que pueden innovar en sus laboratorios y los empresarios creen que pueden innovar de forma sustancial “improvisando”.
Nada más equivocado. Para innovar de forma significativa y sistemática se requiere de la suma de ambas partes. Se requiere generar nuevo conocimiento, procesarlo en aplicaciones, trasmitirlo y ponerlo en práctica, industrializarlo y comprobar sus beneficios en el mercado.
Tal problemática es ya tema de debate en México, de forma más intensa durante los últimos 3 años. Esta situación empieza a generar inquietudes y propuestas serias, algunas de ellas recibidas en el seno del Foro Consultivo Científico y Tecnológico, órgano autónomo de consulta del Gobierno Federal.
En una reciente recopilación de propuestas de dicho organismo, se discute, además del diagnóstico, las bases para crear una “Política de Estado”, y una serie de objetivos estratégicos, en los que sobresale la creación de un nuevo modelo institucional para el sector.
Existen coincidencias en el sentido de que, hoy en día, el “CONACYT” representa ya un modelo limitado y prácticamente agotado, para enfrentar la problemática antes descrita. Un nuevo enfoque que tenga como misión “conectar” ciencia y tecnología con desarrollo y bienestar social, podrá sin duda recibir la prioridad que siempre se ha pretendido para el sector y podrá también conseguir mejores niveles de financiamiento.
Insistimos en que otros objetivos estratégicos como el de capital humano, la priorización de líneas de investigación o el de financiamiento, no tienen mucho sentido, ni causarán mayor impacto si no se conciben en el marco de un nuevo modelo que favorezca precisamente la articulación entre las instituciones y la vinculación con el entorno. Un concepto que facilite la integración de estrategias, la sinergia entre actores y la concentración de recursos en objetivos relevantes desde un punto de vista científico, pero también práctico.
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Tradicionalmente se ha intentado potenciar los resultados del sector solicitando aumentos en el presupuesto anual como la estrategia más relevante; actualmente, lo anterior no es sólo insuficiente, sino que puede resultar además en un mayor “desperdicio de recursos”, por falta de un modelo integrador que optimice su aprovechamiento.
En el dibujo anexo se sintetiza de forma esquemática esta “suma de partes” que debería resultar en una creciente capacidad de innovación de las empresas y organizaciones de nuestro entorno.
Esta nueva capacidad debe entenderse como un recurso casi indispensable en la búsqueda de la competitividad de más y mejores fuentes de trabajo y de un bienestar social más amplio y duradero.
Es importante resaltar el término de “articulación institucional” como: aquella red de redes, que forman universidades, centros de investigación, públicos y privados, nacionales e internacionales, y demás instituciones de ciencia y tecnología. Como se dijo antes, estas redes interactúan con las empresas y organizaciones del entorno formando nuevas redes y continuando el proceso de innovación hasta concretarlo en el mercado.
La transición sexenal podría ser una magnífica oportunidad para iniciar con los cambios y reformas que requiere el sector de Ciencia y Tecnología para poder contribuir de manera más significativa con el desarrollo del país.
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