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NO TODO LO QUE BRILLA ES PETRÓLEO



Por: Enrique Chao
Oct 1, 2007

Este es un libro que todo transformador de plástico debería consultar de tanto en tanto. Es cierto que resulta difícil hablar del futuro de la energía con un lenguaje accesible y, a la vez, cabal, riguroso. Y sólo por eso la publicación del libro de Paul Roberts El fin del petróleo, vale la pena. El otro atributo de este libro nada fácil, es saber poner las cosas en la mesa con orden e inteligencia. El autor habla de las incertidumbres existentes sobre el presente y el futuro de la energía y, más concretamente, del petróleo, y aun así brinda al lector la posibilidad de entender las cuestiones más relevantes y, con frecuencia, las más debatidas en el acontecer de este mercado crucial. Entre los diversos méritos del libro hay que señalar la solvencia y credibilidad de la mayor parte de las personas o expertos consultados por Roberts para armar su libro y el esfuerzo del autor por ser lo más informativo posible. Probablemente este libro sea una buena iniciación para la comprensión de lo que significa el petróleo para la economía mundial y de cómo la evolución económica de los últimos años está cambiando el escenario de abundancia relativa y, por tanto, de precios bajos en el que nos hemos movido durante la última década del pasado siglo. Hablar del petróleo es hablar, en general, de energía, no sólo porque en la actualidad es la fuente primaria más utilizada, sino porque el precio del petróleo es el que, de una manera u otra, determina el precio final de prácticamente todos los productos finales energéticos, sea electricidad, calefacción, carburantes o plásticos. Hace unos días, por ejemplo, se publicó en la prensa que: “Los científicos del Oil Depletion Analysis Centre, de Londres, habían señalado que la producción mundial de petróleo alcanzará su cuota máxima en los próximos cuatro años antes de comenzar a caer de modo drástico, lo que tendrá fuertes consecuencias para la economía mundial y el estilo de vida”. Esta noticia tiene un eco que se repite con otros nombres y otros vaticinadores en la prensa diaria: El diario ‘The Independent’ destacó entre sus encabezados que la producción del petróleo más barato y fácil de extraer llegó ya en el 2005 a su punto más alto y que está en declive: “Aún si se tienen en cuenta para el análisis el petróleo pesado de más difícil extracción, las reservas de las profundidades marinas, los yacimientos polares y el líquido extraído del gas, el techo de producción se alcanzará en el 2011”. El periodista Paul Roberts, que es columnista del “Harper’s Magazine, ofrece un cúmulo de certezas en su libro que preparan a los lectores de diarios a entenderlos. El libro está construido con una serie de entrevistas a los protagonistas principales de la industria y con la opinión de una legión de analistas, consultores y expertos en el tema de energía. El libro de Roberts establece la relación entre los negocios y el medio ambiente y aborda el tema de la preocupación por el destino del petróleo en dos grupos: optimistas y pesimistas. Para los primeros, y a la cabeza de ellos el Servicio Geológico de Estados Unidos -toda una autoridad en la materia-, el techo de la producción no se alcanzará antes del 2030. Cuando eso ocurra, la mitad de todas las existencias habrán desaparecido y el número de barriles extraídos irá empequeñeciendo poco a poco, hasta esfumarse. Del lado de los pesimistas, representados por el geólogo Colin Campbell, ex empleado de Amoco, el cálculo del declive es más próximo y estima que el techo se alcanzará en el 2010. En la conclusión de Roberts, el decaimiento del petróleo va a pillar a todo mundo desprevenido, ya que la adicción de los países a los hidrocarburos como motor del desarrollo seguirá prevaleciendo. Para muchos se está fraguando “una guerra entre aquellos que tienen suficientes recursos energéticos y aquéllos que no los tienen, pero que sí tienen la capacidad financiera, tecnológica y bélica para exigirlos”. Los mismos analistas suponen que en una guerra por petróleo los estadounidenses se impondrían gracias a su inmenso poder económico y militar, pero que esta acción desencadenaría las rivalidades subyacentes entre las superpotencias y pondría en peligro la economía mundial, músculo del poder de Estados Unidos. Mientras la demanda por petróleo se incremente y la producción global se reduzca, el conflicto por acceder a las fuentes de energía en todo el globo se traducirán en una mayor incertidumbre, dejando de lado asuntos que podrían superar la crisis, como la creación de nuevas fuentes de energía más renovables. Independientemente de lo que vayan a durar los hidrocarburos que quedan en el planeta, el libro de Roberts hace temer que su preeminencia como motor del desarrollo económico no permitirá que el mundo reaccione a tiempo: “La verdadera cuestión no es si el petróleo va a agotarse (que lo hará), sino si tenemos la voluntad política de prever ese desenlace lo bastante pronto como para prepararnos...”, apunta el periodista, y advierte que: “Aún cuando el nivel máximo está probablemente más lejos de lo que los pesimistas afirman, su llegada puede resultar difícil de detectar a causa de factores enmascarados, como la manipulación de precios”. El autor señala al gas como el substituto más probable del petróleo, que proveerá entre el 25 y el 30% de la energía total para el 2020. En opinión de los analistas, las reservas mundiales de este hidrocarburo persistirían hasta el 2050. ¿Y luego? ¡Claro!, si el mundo recobra la razón y se pone a dieta, y se enfila con mayor conciencia política y ecológica al desarrollo de otras tecnologías para sacarle más rendimiento a los combustibles, y transita hacia otras fuentes de energía cómo la pila de combustible de hidrógeno (eso después de haber aumentado sustancialmente el uso de la energía solar y el número de parques eólicos), la crisis podría superarse: Si no es así, el panorama que pinta Roberts es alarmante: “Puesto que el agotamiento probablemente se acelerará después de alcanzar el techo, los mercados y los sistemas políticos que dependen de ellos podrían deteriorarse con una rapidez sorprendente”.


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