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MÚSICA DE PLÁSTICO, LOS SONIDOS DEL MAÑANA



Por:
Dec 5, 2007


La historia del disco está intimamente ligada a la historia del plástico. El sueño de poder capturar los sonidos gratos que la humanidad podía percibir a su alrededor; voces, música y los murmullos de la naturaleza, encontró en los primeros materiales plásticos surcos y huecos que podían servir para almacenar el universo sonoro. La historia de estos medios es reciente, apenas lleva un siglo y pico, desde los primeros experimentos sonoros y la consolidación del vinilo como medio óptimo para la música grabada, hasta llegar, poco después, al casete y a la era digital con registros más que óptimos, impecables. Si quiere viajar por el tiempo, se va a encontrar con que Thomas Alva Edison, el genio de Menlo Park, descubrió por casualidad en 1877 un método para grabar y reproducir el sonido cuando intentaba darle un nuevo giro al telégrafo. La primera tecnología de grabación y reproducción de sonido se realizó en su laboratorio sobre cilindros de fonógrafo. Estos “cilindros” se introducían en un fonógrafo mecánico con una grabación de sonido sobre la superficie exterior. Las primeras grabaciones se montaban sobre una tira de papel de estaño que se enrollaba alrededor de un cilindro giratorio de metal. En la década de 1880, sin hit parade de por medio, ya había producción en masa de cilindros de cera. Sin embargo, los inventores seguían ensayando sobre una nueva gama de materiales para atrapar al esquivo sonido. En 1887, Emil Berliner mostró al mundo un sistema de grabación y reproducción que permitía hacer muchas copias a un costo relativamente bajo. Con su método los sonidos eran grabados en unos surcos y leídos por una aguja que transmitía ciertas vibraciones a un diafragma que los reproducía. El primer instrumento de lectura magnética, denominado “telegráfono”, fue inventado en 1898 por el ingeniero eléctrico danés Valdemar Poulsen, quien utilizó una cinta magnetizada de acero para transmitir mensajes, y si se traza una línea punteada que llegue a la actualidad se podrá encontrar el lejano parentesco con el soporte más frecuente para grabar cintas: el casete compacto con cinta de dos o cuatro pistas.

GLORIA Y DECADENCIA DE LOS CILINDROS

Pero no comamos ansias y regresemos a los cilindros de Edison. Un nuevo tipo de cera, mucho más dura, permitió a Edison sobrevivir por más de dos décadas con sus cilindros. En 1902, la Edison Records lanzó una línea de cilindros mejorados, esta vez con cera dura, promovidos como “Edison Gold Moulded Records”. Sin embargo, en 1906 uno de los primeros plásticos duros, el celuloide, le dio una ventaja a la Indestructible Record Company, que empezó a vender masivamente cilindros que se podían reproducir no cien, sino miles de veces sin desgastarse. Esta tecnología fue comprada por la Columbia Phonograph Company. Para no quedarse atrás, Edison desarrolló un nuevo cilindro mejorado de larga duración, que se basaba en un tipo de plástico llamado Amberol, sustancia que dio nombre tanto a los famosos “cilindros de Amberol”, como a los fonógrafos para reproducirlos, las Amberolas. En esos años, Berliner seguía en lo suyo y desarrolló los discos planos, con un diámetro de aproximadamente 15 centímetros, hechos de un material que se llamaba vulcanita o ebonita, una especie de goma endurecida. Para entonces, ya había fundado la compañía Victor Talking Machine, conocida desde entonces como RCA, la del perrito ante el fonógrafo oyendo la voz del amo. En la década de 1910, su sistema triunfó en el mercado y se convirtió en el soporte de audio comercial dominante, provocando que la producción comercial en masa de los cilindros de fonógrafo se diera por concluida en 1929. La industria discográfica entraba en pleno apogeo. No obstante, estos primeros discos tenían el inconveniente de que giraban a una velocidad de 78 Revoluciones Por Minuto, o RPM, y las posibilidades de rayarse eran muy altas.

LAS REVOLUCIONES DEL ACETATO

Como no había nada mejor en el aire, escuchar estas grabaciones aún no se había convertido en un suplicio, hasta que un ingeniero de la Columbia Broadcasting System, CBS, se hartó de tanto ruido (como de un par de huevos friéndose en la sartén) y de tener que pararse a cambiar el lado del disco en el momento culminante de sus grabaciones favoritas. Así que decidió cambiar el lado, sí, pero el lado de la historia. “Ese espantoso ruido me sacaba de quicio”, recordaba Peter C. Goldmark en sus memorias, y señalaba que cuando la aguja del gramófono llegaba al final del disco de acetato, la música se interrumpía abruptamente, “y entonces el placer de escuchar música dejaba de serlo”. En 1945, Goldmark inventó el disco de Larga Duración, o Long Play, o LP, y lo presentó tres años después, el 21 de junio de 1948, en el Hotel Waldorf Astoria, de Nueva York. Su disco giraba a una velocidad de 331/3 RPM, y podía escuchar un total de 45 minutos seguidos de grabación.Eso fue posible gracias a un material excepcional, el acetato de vinilo (el vinilo es un material plástico y sólido, que se presenta como un polvo de color blanco, y que se fabrica mediante la polimerización del cloruro de vinilo, que, a su vez, es obtenido de la sal común y del petróleo), lo cual ofrecía mejor calidad de sonido respecto de los materiales usados anteriormente. En ese año, el disco más vendido fue la “Rapsodia en Azul”, de George Gershwin, la “Suite Cascanueces”, de Tchaikowsky y la “Quinta Sinfonía”, de Beethoven. Cuando cerró ese año ya se habían vendido dos millones de LPs. Los vendedores se referían al LP como: “un disco donde cabe toda una sinfonía”. El disco, de 30 centímetros de diámetro, era irrompible, lo que, de entrada le daba ventaja frente a los discos fonográficos en uso, que apenas si habían cambiado en décadas. A diferencia de otros discos de acetato, el LP giraba no a 78, sino a 331/3 RPM, y sus microsurcos, tan delgados como un cabello, amplificaban de modo significativo la calidad: En lugar de los 33 surcos que tenía un disco de 78 RPM por centímetro, el LP acumulaba 118. Además, era más liviano y ocupaba menos lugar. No obstante, el triunfo definitivo del LP debió de posponerse, ya que la RCA-Víctor no quiso embarcarse en la producción del LP, sino que sacó al mercado, en 1949, su propio disco de 45 RPM, un disco que requería de su propio tocadiscos y que se había popularizado entre los jóvenes. Con esta bofetada de guante blanco inició “el duelo de las velocidades”, que dejó a los discoaficionados en la incertidumbre, hasta que, finalmente, en 1950, la RCA-Víctor alzó la bandera blanca, cesó las hostilidades y reconoció el triunfo del LP, aunque los “sencillos”, o “singles” de 45 RPM, siguieron siendo el formato favorito de los jóvenes hasta ya entrados los años 80. El LP fue reconocido como lo mejor para la música clásica, pero no desdeñaba los grandes éxitos de las comedias musicales de Broadway, como “South Pacific” y “My fair Lady”. El famoso trompetista Louis Armstrong subrayó que “lo mejor que le podía haber ocurrido al jazz era el LP”.

LOS ENREDOS DE LA CINTA

Así, el disco de vinilo se mantuvo casi sin transiciones hasta que, inesperadamente, fue desplazado por dos adelantos; el casete, en 1963, y el Compact Disc, o Disco Compacto, o CD, en 1979. El audiocasete fue creado por el consorcio electrónico holandés Philips, en 1962, aunque lo lanzó al mercado mundial en1963. Entre sus características destacan el poliéster de alta calidad producido por la firma BASF. Al año siguiente, las ventas y la demanda de la cinta para grabar música rebasaron contundentemente las previsiones de Philips. El tamaño minúsculo de estas cintas y su fácil transporte, aunado al bajo consumo de energía acabaron por volver indispensables a los casetes. Inclusive se pudieron diseñar otros equipos portátiles, alimentados por pilas, como el Walkman (en 1979). El reproductor de casete puede leer la cinta gracias a una cabeza que tienen los reproductores. Así, la cabeza rota sobre la cinta leyendo los impulsos magnéticos que se encuentran en ella, y los convierte en impulsos eléctricos mediante un traductor que recoge las vibraciones sonoras. El reproductor de casete fue un aparato muy socorrido hasta que, con el advenimiento de otras tecnologías, fue perdiendo popularidad. Algunos usuarios se quejaban de que, a la hora de grabar audio, no era muy confiable y otros señalaban que la cinta del casete perdía de sus buenas cualidades si se grababa repetidas veces sobre la cinta. En 1979, el advenimiento del CD, desplazó gradualmente todas las grabaciones análogas en discos y cinta magnética, y mandó al rincón de los cachivaches a los LPs y a los casetes.

UNA GOLOSINA AUDITIVA TRAS OTRA

Paradójicamente, el CD es el que ahora está sufriendo en carne propia el arribo de otros rivales mucho más poderosos, como la explosión de la música descargable, los lectores MP3 y los soportes populares, como el iPod. Hay quien duda que el CD, que acaba de celebrar este año sus 25 agostos, alcance a cumplir los 30 años. Según la Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI), mientras las ventas de CDs se desploman, las de música digital crecen rápidamente y podrían alcanzar un cuarto de las ventas musicales de aquí a 2010. Hay que recordar que cuando llegó el CD, el sonido se pudo almacenar como “información digital”, y a partir de entonces ya nada fue igual. El almacenamiento óptico de datos evolucionó a un ritmo frenético durante el último cuarto de siglo. El primer CD-ROM (ROM, Read Only Memory, o memoria de sólo lectura), apareció en 1992 con un volumen de almacenamiento equivalente al de unos 450 discos flexibles. Con ello, de la noche a la mañana fue posible almacenar obras de referencia completas. Apenas dos años después, los usuarios de computadoras pudieron grabar y archivar sus documentos en CDs (CD-Rs o CD-RWs) grabables o regrabables. Y poco después, no tardó en llegar el DVD (Digital Versatile Disc, o disco versátil digital), capaz de contener varias veces los datos de un CD (4.7 gigabytes). Paradójicamente, se está produciendo el regreso del vinilo, y no sólo por nostalgia, sino por la calidad sonora que ofrecen esos discos y la belleza de sus portadas. A pesar de que la tecnología del CD esté hoy en día de capa caída, hay que admitir que fue la gran precursora, tanto en música como en informática y que ha vertido al mercado otros formatos, como el minidisc y las memorias usb. Pocos saben que fue James T. Russell quien inventó el disco compacto digital a finales de la década de 1960. Y no fue casual. Era un inventor con la emilla del genio: a la edad de seis años ya había inventado un pequeño barco teledirigido. Luego de terminar la carrera de física ingresó a General Electric, donde tuvo oportunidad de estar en primera fila delante de lo más avanzado en tecnología. Como gran aficionado a la música, intentó varias veces mejorar la calidad de los discos de vinilo; inclusive trató de mejorar las agujas mediante la utilización de púas de cactus. Hasta que un buen día, Russell caviló en un mejor sistema de grabación de música y lo sacudió una revelación. Se le ocurrió un sistema para grabar y reproducir sonidos que no tuviera contacto con el disco, y nada mejor que ello que utilizar la luz. Russell ya se había habituado a grabar datos digitales, pero en tarjetas agujereadas o en cintas magnéticas. Para codificar los valores 1 y 0 escogió para su invento la luz y la oscuridad. Sin quitar el dedo del renglón, concibió en 1970 el primer disco compacto: una placa fotosensible que podía marcar con una luz en puntos de un micrón de diámetro, y empleó el láser para leer el contenido de los puntos y una computadora para recoger las señales electrónicas.

UN DISCO QUE NO DEJA DE DAR VUELTAS

El 17 de agosto de 1982, hace 25 años, el primer CD salió de la fábrica del grupo electrónico Philips, en Hanover, Alemania, y provocó profundos cambios en la sociedad. Piet Kramer, uno de los ingenieros que participaron en el desarrollo del CD, evocó que, “a inicios de los años 80, no habían pensado que las industrias del entretenimiento y la informática optarían un día por el CD digital para almacenar un volumen creciente de programas y películas”. En 1987 se vendieron por primera vez más CDs que LPs. El disco de larga duración desapareció rápidamente del comercio hasta convertirse en nostálgico objeto de culto, mientras el CD ampliaba su uso a nuevas aplicaciones, como las del CD-ROM o el DVD. Según las cuentas, en 25 años, se han vendido 200.000 millones de CDs. Makrolon® tiene actualmente una participación en el mercado mundial del 30% y es uno de los productos de mayor venta del Grupo Bayer Actualmente se utilizan más de 900.000 toneladas métricas de policarbonato para la producción de medios de grabación óptica. Entre su lanzamiento en 1982 y el año 2006, se elaboraron más de 90,000 millones de medios de almacenamiento de datos ópticos con este material. Hoy en día casi todo (música, imágenes, videos, juegos y software) se graba en CDs y DVDs. Estos medios están arraigados a la cultura de la humanidad. Como se recuerda, el primer CD pop fue el álbum del grupo sueco ABBA “The Visitors”, en 1982. Este disco compacto reprodujo las canciones de la banda sueca con una calidad de sonido que era totalmente nueva en la época. Por otro lado, se cuenta la anécdota de que fue un músico, Herbert von Karajan, el gran director, y no un ingeniero, quién decretó que el nuevo medio de almacenaje de sonido midiera lo que mide; según él debía ser capaz de contener su pieza favorita, la novena sinfonía de Beethoven, es decir 74 minutos exactamente.

ECOS DEL FUTURO

El CD fabricado con el plástico de alta tecnología Makrolon® de Bayer, proporcionó hace 25 años un sonido hechicero y cristalino, sin chasquidos, que “desencadenó una verdadera revolución acústica”. Hoy los técnicos opinan que todavía nos aguardan más sorpresas. Para la siguiente generación, el concepto clave podría ser la grabación de campo próximo (near field recording), “que podría permitir el almacenamiento de 100 gigabytes y más en cada soporte de datos”. El almacenamiento holográfico de datos, que utiliza todo el volumen del soporte para la grabación de datos, llevará a los aficionados y a los profesionales a una dimensión totalmente nueva ya que permite aumentar la capacidad de almacenamiento hasta el orden de los terabytes. De acuerdo con los científicos de Bayer, “el futuro le pertenece ahora a los medios holográficos, con el almacenamiento de varios cientos de gigabytes”. Para no ir tan lejos, hoy día, ya se han puesto a la venta los discos HD-DVD y Blu-ray (rayo azul), que ofrecen hasta 80 eces la capacidad de un CD y que producen imágenes nítidas con una calidad excepcional en los monitores de TV de pantalla ancha.


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