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DISEÑOS SOSTENIBLES
COMPROMISO CON EL PLANETA SIN AFECTAR LA EMPRESA
Por:
Ángel Ribó
Feb 7, 2008
Las últimas versiones de sistemas de CAD (Diseño Asistido por Computadora, por sus siglas en inglés), son tan avanzadas que realmente ayudan a producir productos superiores de forma más rápida, gracias a la reutilización de archivos y componentes de diseños anteriores, así como interfases intuitivas para el usuario. Este salto de calidad en las mesas de dibujo electrónicas ha traído consigo un reto: el diseño sostenible. Pero, ¿qué es el diseño sostenible? Es un método global y completo para la creación de productos y sistemas no perjudiciales para el ambiente, socialmente equitativos y económicamente viables. En términos ecológicos significa que el diseño debe ofrecer beneficios obvios y cuantificables; en lo social, se trata de un diseño que cubre las necesidades de todas las personas implicadas en su producción, uso, desecho o reutilización; y lo económico, que debe ser competitivo en términos de mercado. En los últimos 20 años, un número creciente de países, empresas e individuos se han ido concentrando alrededor del tema de lo sostenible, que se traduce básicamente en la preocupación por el futuro de nuestro planeta. De acuerdo con la ONU, lo sostenible es la capacidad de utilizar los recursos naturales de la Tierra sin comprometer el futuro de las próximas generaciones. Según el Instituto Akatu -una organización no gubernamental que busca educar y movilizar a la sociedad hacia el consumo consciente la humanidad se encamina sin remedio a un callejón sin salida. De continuar el actual ritmo de explotación del planeta, en un siglo no habrá fuentes de agua ni de energía, reservas de aire puro ni tierras para la agricultura en cantidad suficiente para la preservación de la vida. Hoy, aún con la mitad de la humanidad situada por debajo del umbral de pobreza, se consume un 20% más de lo que la Tierra consigue renovar. Si la población del mundo consumiera como lo hacen los estadounidenses, se necesitarían otros tres planetas iguales a éste para garantizar productos y servicios básicos como agua, energía y alimentos. Como evidentemente es imposible disponer de otros tres planetas como la Tierra, la única salida es que todos adoptemos patrones de producción y consumo sostenibles. Este es el reto lanzado a cada ingeniero o diseñador. Además de crear productos superiores, desde el punto de vista del diseño, funcionalidad y economía, se necesita pensar en lo sostenible del planeta, en cómo economizar en términos de recursos naturales, en cuáles son los impactos en el ambiente; en los residuos sólidos que generan, en los desechos y su descomposición. Únicamente con la ayuda de la tecnología es posible seguir produciendo al mismo tiempo que preservamos el futuro. No se trata de una ideología verde ‘neo hippie’, sino de dar continuidad a la vida y, consecuentemente, a los negocios. Por ejemplo, utilizando una tecnología como Cosmos, para hacer análisis del diseño desde el primer momento de un proyecto, las empresas pueden ahorrar en materiales o saber si pueden reemplazar a unos por otros, sin afectar la calidad del producto; es la oportunidad de encontrar opciones que, además de económicas, puedan ser amigables con el ambiente. Al pensar en lo sostenible se puede ser innovador, tanto en el uso de materiales como en el diseño mismo; por ejemplo, si se diseña un producto con partes removibles que puedan ser reemplazadas con partes nuevas cuando éstas se dañen o envejezcan, la empresa o el consumidor no tendrán que desechar el producto completo. El estadounidense Andrew Savitz, socio de la firma de auditoría PriceWaterhouse Coopers, y una de las mayores autoridades en el campo de la gestión empresarial, alerta que “en los años 50 bastaba sólo con ganar dinero; hoy el foco es la responsabilidad socioambiental”. Savitz señaló las diferencias entre el modo de hacer negocios hoy y en el pasado: “Antes –dice-, se esperaba que las empresas ganaran dinero y practicaran la filantropía”. En los años 70, empezaron a incorporarse las ideas de protección al ambiente y se asumió una mayor responsabilidad sobre los productos. Hoy, se les exige a las empresas que promuevan la diversidad, ayuden a recuperar el ambiente, combatan el trabajo infantil, monitoreen la cadena de suministros, promuevan la salud pública, generen empleos y lleven el desarrollo a las comunidades en las que actúan. Y, por supuesto, “necesitan continuar ganando dinero”. El directivo concluyó: “La cuestión es mantener el foco en el llamado ‘triple bottom line’, es decir, en los resultados de la empresa en términos económicos, ambientales y de responsabilidad social”. Con un panorama claro, no se debe postergar la adopción del diseño sostenible en las empresas. Afortunadamente, con pequeñas alteraciones en el desarrollo de un diseño de producto, seleccionando cuidadosamente los materiales diseñados para fabricar un producto y haciendo uso mínimo de energía y recursos, se pueden generar grandes efectos de propagación en un ciclo de vida sostenible y obtener, como ventaja adicional, la de mejorar el margen competitivo de una compañía en el mercado global. Europa, por ejemplo,está abriendo camino para lograr ese cambio en la manera de pensar; propuso recientemente una Política Integrada de Producto (IPP, Integrated Product Policy) que, además de promover, impulsa el desarrollo sostenible. En un informe, la empresa Cyon Research Corporation analiza esta aproximación: “El principio central de la IPP es que los mayores cambios en términos de impacto ambiental de los productos pueden llevarse a cabo durante la fase de diseño (“antes de llegar a fábrica”), no sólo por medio de la eficiencia de procesos, producción más limpia o gestión de la contaminación (“después de fábrica”). La Unión Europea calcula que más del 80% de todos los impactos ambientales relacionados con un producto se determina durante la fase del diseño. Consecuentemente, las empresas que den prioridad a la búsqueda de modos tangibles de reducir los costos de material y mejorar los procesos de producción serán líderes en el mantenimiento de los márgenes de utilidades.
EN EL MUNDO IDEAL
Los vehículos con consumo eficiente de combustible, los edificios con calentamiento solar, las plantas de combustión limpia, los embalajes reciclables y la iluminación de baja tensión son importantes ejemplos de productos que ayudan a equilibrar las necesidades de consumo con buenos cuidados ambientales. De hecho, cualquier producto debe fabricarse teniendo en mente lo sostenible del diseño, y si los ingenieros quisieran realmente crear productos superiores deben emplear materiales y tecnología de diseño que afecten menos al ambiente. La naturaleza humana considera más fácil dejarlo todo como está, incluso ante argumentos persuasivos, como, por ejemplo, el hecho de que las empresas que planifican pensando en el futuro son más rentables que las empresas reactivas. Aunque existan inconvenientes al analizar por primera vez el diseño sostenible, los beneficios a largo plazo (y necesitamos pensar en el largo plazo) son innegables. Las ventajas e inconvenientes que se puedan presentar se analizan mejor con la ayuda de soluciones precisas para el diseño y el análisis del producto antes de su fabricación, cuyos resultados pueden ser repetidos, compartidos y evaluados por todos los departamentos de una organización, desde la fase de diseño y manufactura hasta la comercialización y el transporte. Como profesionales e individuos, cada uno de nosotros puede empezar hoy mismo a contribuir a cuidar el planeta. Ante cada nuevo proyecto de diseño, se deberían hacer las siguientes preguntas: ¿Cuál es el costo de las materias primas? ¿Hasta qué punto el procesamiento y el tratamiento son amigables ambientalmente? ¿Qué energía se necesita para utilizar este material? ¿Existe un material que cueste lo mismo, pero que sea más fácil de reciclar? ¿Existe algún material nuevo que sea resistente hasta el punto de poder utilizar una cantidad menor para producir una pieza con la misma durabilidad? En cada proyecto de diseño es necesario poner a consideración el uso mínimo y las mejores opciones de material; hay que verificar que sean fáciles de desmontar, así como la reutilización o reciclaje del producto al final de su vida útil. Se debe asumir que tenga un consumo mínimo de energía, que se fabrique sin producir residuos peligrosos y con el uso de tecnologías limpias como filosofía principal. Los resultados a mediano y largo plazo redundarán en un menor impacto sobre el ambiente, en la reducción en los costos de tratamiento del agua, en una menor cantidad de residuos en los rellenos sanitarios, en la prevención de la contaminación del suelo, el aire y el agua, en la preservación de los bosques y la biodiversidad, y en la disminución de las alteraciones climáticas, aparte de los beneficios económicos y de impacto social.
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