Tomado de Ambienteplastico.com
LOS ANTOJOS CELESTIALES
Por Alex Arteaga
Mar 18, 2008, 19:49
Más espartana que la comida que se sirve en un avión comercial,
de por sí anodina, la comida para las misiones
aeroespaciales siempre ha sido motivo de preocupación, y aún
más ahora que hay astronautas en las estaciones espaciales y planes
para largos viajes de varios meses para visitar el planeta Marte.
“Estas opciones –aseveran- no solamente son una buena fuente de
alimentación, sino que también contienen aceites que se pueden usar
en otras comidas. También se pueden convertir en otros
productos alimenticios como la harina, y el queso de leche de soya”.
Los científicos están seleccionando cuidadosamente las plantas que
sí se pueden cosechar en una nave espacial, y el pequeño plantío
servirá además para que los astronautas no sufran de añoranza: “La
comida –explican- no es sólo una necesidad básica, sino que también
un recuerdo reconfortante del hogar”.
LOS GRAVES PROBLEMAS DE LA GRAVEDAD
La gravedad no es solamente una fuerza,
es también una señal que indica al cuerpo cómo actuar. Se sabe que en un ambiente de gravedad cero, los músculos se
atrofian rápidamente porque el cuerpo cree que ya no los necesita.
Los músculos que se emplean para contrarrestar la fuerza de gravedad
-como los de la cadera y la columna, para mantener la postura,
pueden perder hasta un 20% de su masa si no se utilizan.
Las tripulaciones que ya no participan en los vuelos espaciales
viven ahora preocupadas porque la masa ósea tarda más tiempo en
recuperarse que lo que demoran otros síntomas producidos
por los vuelos espaciales: Los huesos pueden tardar hasta dos años
en regresar a su estado normal. En ese sentido, la pérdida de calcio
que sufren los astronautas cuando están en el espacio les hace
experimentar síntomas como los de la osteoporosis.
Según los enterados, si se organiza un viaje espacial a Marte,
los astronautas estarán lejos de la tierra de dos a tres años.
“¿cómo se aprovisionarán de alimentos?” –se preguntan, y responden:
“cultivando y procesando comida es una opción”. Los
investigadores creen que para una misión de largo tiempo, las
mejores plantas son la soya, el maní, la papa, el tomate y el trigo.
En el carrusel de las órbitas, hasta el estómago flota,
moviéndose como un péndulo de un lado a otro; empujando a otros
órganos, como en cámara lenta, y jaloneando los intestinos; y es que
todo el organismo, por dentro y por fuera, busca dónde asirse.
Hasta la lengua hay que ponerla a veces en su lugar, y no por lo que
dice o calla, sino porque la situación se parece a la sensación
de caer, pero sin nunca llegar al suelo.
A pesar de todo ello, la digestión en un ambiente de
microgravedad guarda un parecido con lo que le sucede al mismo
individuo en la tierra, “aunque hay algunas partes del intestino que
requieren especial atención”, según los nutriólogos de la NASA. La comida
dilata más en pasar, ya que, sin gravedad que empuje las cosas, hay
algo de retraso. ¿Cómo se lleva a cabo todo este circo cuando la
gravedad no coopera para poner todo en su lugar?
INDIGESTIONES
ESPACIALES
Hasta ahora, el alimento sigue siendo
una necesidad básica. Quizá algún día la tecnología hará que
nos crezcan setas en los brazos, palomitas de maíz en los muslos y
uvas en las orejas para autoabastecernos; pero mientras eso no
ocurra, se debe contar con suficiente alimento mientras se
viaja. Hay un dato curioso, los módulos y las cabinas, por razones
que se desconocen, no cuentan con ningún refrigerador.
Además de contar con suficientes raciones, los tripulantes de
las naves espaciales ensayan continuamente formas innovadoras de
envases, pensados para almacenar la comida e impedir que
se eche a perder. Los hay de plástico y de otros materiales ligeros,
los hay bonitos y prácticos.
De hecho, los diseñadores han ayudado a la creación de empaques
perfectamente sellados que además generan poco o ningún desperdicio. Sin duda, los embalajes de allá pronto se reflejarán en los
productos envasados y en los anaqueles de acá. Como
ocurre aquí abajo, la comida del espacio se presenta en empaques
desechables, ya que los astronautas arrojan los desperdicios en
un compactador de basura. Por supuesto, los empaques impiden que la
comida y sus restos escapen y se conviertan en una pesadilla.
Foto: NASA/Si no fuera
por el plástico los astronautas pasarían
hambre.
Hace unas décadas, en los albores de la exploración espacial,
los astronautas se llevaban la comida a los labios mediante tubos de
plástico, empujándola como si fuera pasta de dientes. Al
parecer, los guisos entonces eran de lo más desabrido. Pero eso
quizás había sido a propósito, para que no se distrajeran y no despertaran
el apetito.
Según narraciones de esos primeros exploradores, “la comida
espacial costaba mucho comérsela, ya que en el espacio la comida y
el agua flotan, y muchas veces lo más difícil era ‘cachar’ el alimento”.
De hecho, había temores fundados de que en un descuido se perdieran
algunas gotas de jugo o que vagaran por el aire de la cabina migajas
de pan y restos de tocino. Cualquier pedacito suelto podía fastidiar
los delicadísimos sistemas de las aeronaves espaciales.
En el transbordador espacial y la estación espacial
Internacional (eeI) hay quien recuerda que lo que los astronautas
comían en el espacio originalmente era comida en forma de cubitos,
comidas liofilizadas, o semi-líquidos dentro de tubos como los
de dentífricos.
COMIDA CORRIDA… Y DE VOLADA en misiones más
recientes, los astronautas han disfrutado de un menú más variado. Comen
tres veces al día, desayuno, almuerzo y comida fuerte, como en
estados Unidos. Los nutricionistas han hecho un plan alimenticio muy
riguroso y completo para que la dieta incluya muchas vitaminas
y minerales, pero adecuada a la contextura de cada uno y,
obviamente, según su sexo; una mujer puede necesitar sólo 1,900
calorías al día, mientras un hombre, hasta 3,200 calorías.
La mayor parte de los alimentos se envían empacados en bolsas, o
en latas, y para ocupar menos espacio, y muchos vienen deshidratados. Más tarde, en órbitas más estables, la tripulación se encarga de
rehidratarlos con agüita caliente.
Foto: NASA /Módulo de
servicio Zvezda de la EEI
De cuando en cuando, los navegantes tienen suerte y prueban
frutas y verduras frescas en módulos como las naves progress. Son de los pocos
alimentos que pueden disfrutar en su forma natural. Y es que depende
del peso del producto, su composición y el hecho de que
pueda mantenerse naturalmente por varios días. Hay otros como los
quesos y los spaghettis, a los que hay que ponerles agua.
¿Y los chilitos? no se rían, la NASA, desde los años 80, prefirió
las tortillas de harina en el transbordador espacial, porque son
mejores que el pan, el cual se desmigaja a la menor provocación. Sólo
hay que imaginar el intento de hacerse un sándwich con
dos pedazos de pan: “en el espacio –dice un especialista-,
necesitarías tres manos para lograrlo”. Por eso las tortillas son
las favoritas de los astronautas, y en la eeI duran almacenadas
hasta 18 meses. Por eso los astronautas más previsores se llevan
su salsa picante y preparan deliciosas fajitas, ya que este platillo
es una de las comidas favoritas de los astronautas.
Existen muchos tipos de comidas que pueden consumirse
perfectamente fuera de la atmósfera terrestre, tales como frutas,
pollo, carne, mariscos… y hasta brownies. ¿Y de tomar? café, té,
jugo de naranja, jugos de frutas y limonada.
La sal y la pimienta sólo pueden llevarla en forma líquida,
porque si utilizan un salero normal, la sal nunca va a llegar al
plato y flotará por toda la nave. Y lo peor, una brizna de sal puede tapar
las ventanillas de aire, contaminar algún equipo o meterse en los
ojos de los astronautas. ¿Qué tal?
A LA CARTA
En la medida
que fueron planeando mejor las misiones espaciales, la comida
‘mejoraba’ en variedad, sabor y textura. Hoy las opciones continúan
en aumento y los astronautas pueden elegir entre más de 70 clases de
alimentos y 20 tipos de bebidas. Al respecto, la nasa ha
creado el centro espacial comercial de tecnología de Alimentos (nasa
Ftcsc) con la finalidad de impulsar el desarrollo de alimentos y
tecnologías de procesamiento para mejorar la calidad de las
misiones espaciales, y a la vez promover productos alimenticios
comerciales a través de esfuerzos en cooperación con el personal
científico y tecnológico de la nasa, compañías comerciales e
investigadores.
Pero, ¿qué tipos de comidas son buenos alimentos espaciales? el
sabor es importante, por supuesto, pero las comidas también se escogen
por su valor nutritivo, aparte de que deben ser fáciles de envasar y
almacenar. Estas comidas deben ser rehidratadas o liofilizadas (deshidratadas),
o de “contenido de humedad intermedia”, que es cuando retiene un
poco de agua para mantenerla suave, como las frutas disecadas, o
bien natural, como las galletitas y las nueces, por ejemplo,
mientras otros alimentos deben ser procesados luego de ser
envasados, como las comidas irradiadas (ejemplo: el pavo ahumado)
y termoestabilizadas (ejemplo: el pollo a la parrilla para fajitas)
con el fin de destruir las bacterias.
Con tantas opciones, los astronautas del transbordador, por
ejemplo, pueden escoger algo diferente para cada comida durante una
misión típica de siete días. Sin embargo, en el caso de los
astronautas en la estación espacial Internacional, eeI, durante una
misión de cuatro a seis meses, se verán obligados a repetir algún
platillo en su menú de 30 días.
Fotos: NASA / Tripulación en la ISS atrapando los
ingredientes.
EL RETO: EMPAQUE DE ALIMENTOS
Con el fin de
garantizar una duración prolongada y segura de los alimentos y
minimizar peso y desechos, se necesitan nuevos métodos y materiales
de empaque. Es necesario investigar y desarrollar las siguientes
áreas.
• Material de empaque reciclable o degradable.
• Degradación acelerada.
• Compatibilidad para la conversión en abono.
• Materiales de empaque multifuncionales.
• Nuevas cubiertas comestibles para alimentos.
• Material de empaque compatible con el uso de microondas.
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