Tomado de Ambienteplastico.com

Plastiarte
Frank Stella
Por
Jan 12, 2007, 16:12

Stella estudió en la Phillips Academy, en Andover, Massachusetts, con Patrick Morgan, y en la Universidad de Princeton, con Seitz y Greene, donde se vio influido por las obras de Noland, especialmente por sus cuadros recortados que estaban pintados con colores planos o bandas monocromas, formándose así, plástica y teóricamente, en la práctica del arte abstracto.

 

Las primeras obras de este pintor en los años 50 eran tan abstractas y puras, tanto en formas como en colores y líneas, que muchos lo clasificaron dentro de la corriente del Op Art (Optical Art, con geometrías disonantes). Esta actitud luego contrastaría radicalmente con su obra en tres dimensiones y sobre soportes de plástico, entre otros materiales, que más adelante empleó en los años 80, con más libertad y menos escrúpulo.

 

 

En la exposición “Sixteen Americans” organizada en 1959 por el Museo de Arte Moderno de Nueva York, el MOMA, Stella se dio a conocer. Tenía apenas 29 años, y el legendario MOMA le hizo una retrospectiva en un evento que consternó a Nueva York, dada la juventud del pintor.

 

En la siguiente década, además, trastornó la relación entre abstracción y expresionismo que fundaba a una corriente artística en Estados Unidos de largo aliento llamada expresionismo abstracto. Stella tomó como punto de partida las pinturas de banderas de Jasper Johns, y se aproximó a la abstracción ordenando los elementos de su pintura de acuerdo con nuevos procedimientos, sólo que más puros.

Al renunciar al expresionismo abstracto, Stella se convirtió desde entonces en uno de los máximos representantes de la abstracción geométrica y constructivista que fue el preludio del arte minimalista, tan en boga hasta hace poco. Su fama comenzó en Nueva York, en el año 1963, sólo cinco años después de salir de Princeton.

 

Había inventado una variación a la pintura abstracta que permitía salir del callejón sin salida en el cual había quedado estancado el expresionismo abstracto. Stella agregó un toque más conceptual y menos gestual al tema.

 

 

Primero comenzó a destacar lo plano del diseño en la pintura, abandonando la imagen pictórica tridimensional y eliminando toda relación entre las figuras; figuras que reproducen, por cierto, los contornos del formato, anticipándose, como ya se dijo, al minimalismo. En 1965–1966, sus Polígonos irregulares, que introducen policromía y asimetría, logran mantener la tensión modulada homogéneamente en toda la superficie. Pero hacia los años 70 comienza a emplear esmaltes y pinturas metálicas, resinas   fluorescentes o polímeros, explorando las potenciales combinaciones que éstos  ofrecían.

 

A mediados de los años 70 intentó elaborar pinturas en relieve y se aficionó a las  formas recortadas en plástico, cartón, chapa o bronce que sujetaba sobre  estructuras metálicas; pintura decorativa pero controlada que alude constantemente a la obra de Matisse y Léger, entre otros, y a una cultura popular propia del pop art.

 

Sus pinturas-relieve han ocupado ahora un papel fundamental en el desarrollo de la vanguardia estadounidense. Los materiales en sus obras son torcidos hasta sacarlos de equilibrio, al punto del llanto. Stella ha escrito bastante sobre el tema del arte, y ha sido invitado para dar una serie de conferencias en la Universidad de Harvard.

 

 

El artista sigue sorprendiendo a sus seguidores con bruscos cambios de timón: en los años 80 desistió a la superficie plana de la tela para agregar la tercera dimensión a su obra. Comenzó a incorporar metal, plástico y otros materiales con volumen en sus trabajos. Pasó de la pared a producir enormes esculturas de aluminio o acero.

 

Ahora continúa llevando los límites de su obra más allá de los alcances de los espacios institucionales. Estos dramáticos cambios tienen lugar en una profunda reflexión y autocrítica que el pintor estadounidense materializa en cada encargo.



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