Tomado de Ambienteplastico.com

Personalidad
La pasión por la naturaleza
Por
Mar 14, 2007, 12:00

Bastan unos segundos para que cualquiera que lo escuche admire la pasión que imprime Carlos Padilla a su amor a la naturaleza y se dé cuenta de su vasto conocimiento para hacer reflexionar sobre el papel que debemos asumir tanto autoridades como ciudadanos respecto del insoslayable problema de la basura.

 

“Rico no es el que tiene más cosas materiales, sino el que sabe vivir con lo indispensable, conviviendo con la naturaleza y logrando su libertad, dejando su esclavitud al dinero que vuelve insaciable al hombre, provocando la contaminación en su estado de ánimo y en su cuerpo”.

Carlos Padilla Massieu

 

Precisamente, su amor por la naturaleza y su profesión se complementaron y le dieron una visión integral que le permitieron compenetrarse con el problema y encontrar un caudal de soluciones.

 

Carlos Padilla Massieu es ingeniero industrial de profesión y ecologista por vocación.

Es un estudioso incesante de la problemática que genera la basura y demuestra en vida propia que es posible vivir sin hacer basura.

 

En su haber cuenta con varios ensayos y libros como “La basura contaminante sin solución”, “Desarrollo urbano ideal”, “Colapso del Valle de México”, “Productividad económica o productiva humana”, “Valor para el cambio”, “No Cuenten Con Mi Voto… Si Ustedes”, Coautor de los libros “Reduce, reutiliza, recicla” y “El mundo de la composta”. Además, ha compilado una lista de todos los libros que nos enseñan a cuidar, mantener y vivir con calidad nuestro medio ambiente.

 

En 1987 recibió el premio Serfín al Medio Ambiente. Ha sido conferencista en múltiples congresos sobre reciclamiento, y participa activamente con grupos ecologistas nacionales e internacionales. Actualmente vive en la ciudad de Morelia, en Michoacán, y continúa demostrando que sus creencias y filosofía son posibles en la medida que entendamos que: “de muy poco sirve estudiar, leer y enseñar el conocimiento adquirido si no se practica y se vive lo que se aprende o se enseña”.

 

La Basura, un recurso natural que perdemos

Nuestra entrevista inicia recordando la época en que Carlos Padilla Massieu se acercó por primera vez al Instituto Mexicano del Plástico en el año de 1986. “Cuando tuve el gusto de conocerlos, estudiaba el problema de la basura que ya era muy grave en México”. Su intención era proporcionar argumentos para invitar a la gente y a las autoridades a no hacer basura, pero al notar que el plástico sobresale en todos los tiraderos, buscó conocer los tipos y características de estos materiales para proponer soluciones a tal problema y no sólo a atacarlos como muchos ecologistas lo hacían.

 

La basura es un recurso natural que perdemos, asegura Padilla. Por esa razón decidió dedicarse a enseñar a no hacer basura: “Entendí que la energía y la economía natural no se pueden separar, lo cual me ayudó a resolver el problema de deterioro ambiental; y me facilitó más a dar argumentos para invitar a la gente y a las autoridades que cuidan el medio ambiente”.

 

También lamentó el deterioro del paisaje: “Es triste que México tenga una imagen de decadencia, porque ya no hay carretera en el país que no tenga basura”, se queja Carlos Padilla, quien, además, comenta que tenemos 50,000 tiraderos de basura conocidos de más de 1 tonelada de basura en nuestras carreteras, ubicados la mayoría alrededor del Valle de México y los Estados de la zona conurbana como Michoacán, Morelos, Hidalgo, Estado de México.

 

De acuerdo con nuestro entrevistado, para resolver el problema de la basura se debe ir a la causa, porque el efecto es inacabable y, desde el punto de vista económico, no resulta factible, “no hay gobierno que pueda sostener la mala educación, aunque haga leyes, porque si no las aplica, entonces el pueblo no responde”. Por esta razón, su enfoque principal para buscar solución se centró en la educación. “Me di cuenta que se confunde educación con enseñanza ya que hemos enseñando el problema ambiental, pero no hemos logrado el resultado que debe ser la educación, el cambio de conducta y de actitudes”.

 

Padilla explica que la culpa la tenemos todos: el pueblo y el gobierno, ya que gran parte del problema se debe a que no nos han responsabilizado de nuestras acciones, lo cual ejemplifica con el caso de los candidatos, que siempre prometen a un pueblo ignorante, el que a su vez cree que le van a resolver los problemas, razón por la que todo el tiempo está pidiendo pero nunca ofrece nada.

 

Por el contrario, el gobierno no tiene que resolver los problemas cuando existe un pueblo educado, el cual, no necesita que lo gobiernen o que lo administren. A través de su propio esfuerzo y de responsabilidad la basura si tiene solución.

 

 

La solución de la basura El problema de la basura se debe de resolver mediante el  reuso de las cosas; primero, cambiando hábitos, y después a través del reciclamiento.

“Este es no un problema técnico, sino un problema político y económico entre pueblo y gobierno que no entiende para qué están aquí en el planeta”, alega Padilla. “Cuando nos demos cuenta que estamos para gozar una maravilla que se llama tierra, y entendamos que las futuras generaciones que vienen tienen que tener un mundo adecuado y pacífico, entonces empezaremos a solucionar el problema”.

 

Sus argumentos indican que, si nos lo proponemos, el mundo será renovable, pero desafortunadamente, con nuestros hábitos y nuestra cultura económica, que no sólo es de México, sino también del mundo, no estamos renovando la naturaleza debido a que los hábitos de consumo han rebasado su posibilidad de restauración.

 

La solución se dice fácil, “el pueblo con el gobierno haciendo leyes condensadas, aplicándolas y obligando a la gente a pagar por los desperdicios”. Hay quien dice que en México la recolección es gratuita, lo cual es una gran mentira, puesto que, de hecho, se paga la propina al recolector y se pagan impuestos. “No hay más que leer las leyes y los principios de economía: no hay nada gratis”.

 

En otros países lo están resolviendo, obligando al pueblo a pagar por el costo del confinamiento y del transporte, argumentando que el gobierno no puede sostener el costo de este servicio. Este costo no  se grava al pueblo a través de impuestos, sino se cobra en función de la cantidad de basura generada por persona, lo cual redunda en que el pueblo intenta hacer cada vez menos basura. “Si la gente sabe que los costos deben ser transferidos a la cantidad de basura por persona, entonces deja de hacer basura.

 

Además de que es injusto que, si mi vecino hace basura, me cobren vía impuestos a mí, que tengo conciencia y no la hago.” Por otro lado, también se logra dignificar a los recolectores, convirtiéndolos en “profesionistas de la recolección”, porque nos daríamos cuenta de que el 90% de nuestros desperdicios, al no revolverlos, tienen un valor. De esta forma los únicos desperdicios que se generan son los sanitarios.

 

El costo ambiental y los plásticos

Actualmente pagamos por el agua y por la energía, en relación al consumo que hacemos de estos recursos. ¿Por qué no cobrar el costo ambiental? Para Padilla Massieu, ésta es una gran equivocación del gobierno y una razón por la que no entramos al reciclamiento, entendiendo el reciclamiento como un ahorro de recursos naturales y energía, porque no hemos cargado al producto que consumimos el costo ambiental.

 

Con el objetivo de explicar el costo ambiental, Padilla lo ejemplifica con la transformación de un árbol en madera, en celulosa, o en papel. “El fabricante tiene que comprobar que está sembrando los mismos árboles, que está transformando y no solamente, como muchos lo hacen, agotando nuestros bosques, quitándole los pulmones a la tierra.

 

Así, el costo ambiental es el valor económico que implica sembrar los árboles que se han utilizado, más el precio de utilizar sistemas que no contaminen el ambiente en el proceso de fabricación, de manera que el papel sería tan caro que, si bien, no se dejaría de consumir, sí se dedicaría a usos de mayor calidad y no a tanta basura impresa que se vende”.

 

“El 80% de la energía que el mundo consume es fósil, proviene del gas y del petróleo, pero no nos han cargado los costos de transformarla, a pesar de que sabemos que no es renovable, por lo que las generaciones que vienen nos van a culpar de que nos estamos quemando la energía”.

 

Se necesita un cambio de cultura para ahorrar energía fósil, utilizando la energía renovable. “El plástico viene del petróleo y lo estamos quemando, cuando ninguna energía renovable me va a producir plástico”. Tal es el caso de la generación de luz con fotoceldas, y ya existen casas bio-climáticas.

 

Se puede ahorrar energía y calor con el sol, e inclusive evaporar el agua y condensarla para tener agua pura. Sin embargo, con el sol y el viento como la energía eólica y 20 técnicas para transformar energía no hay generación de plástico.

 

“El plástico es una maravilla que muchos ecólogos han satanizado por ignorantes, por ser un recurso que no es degradable a largo plazo. Sin embargo, al conservarse permite salvar otros recursos naturales que actualmente se están agotando”, afirma Padilla, quien califica al plástico como un material ecológico, explicando que un producto ecológico es aquel que ahorra energía y salva productos no renovables.

 

Bajo esta premisa, Carlos Padilla y su hijo decidieron desarrollar una técnica que permite aprovechar desechos plásticos de Polietileno, particularmente, para producir madera plástica.

 

“Me ahorro 20 árboles, si convierto 20 toneladas de desperdicios de plástico en madera que dura más, que no se necesita pintar y que puede estar a la intemperie”. Su empresa se llama Perfiles Plásticos y la inició cuando Carlos Padilla hijo terminó su educación profesional en el Tecnológico de Morelia.

 

Dirigido por su padre, lograron el desarrollo de una tecnología para dar alternativas al desperdicio. “Gracias al conocimiento y empuje de mi hijo, logramos desarrollar, después de cuatro años, la tecnología para producir una tabla de plástico reciclado, con muy poca demanda financiera, porque no requiere de procesos como el de inyección o extrusión, sino solamente de calor y compactación”.

 

 

Los absurdos de la vida humana

Escuchar a Carlos Padilla hace que uno se sienta culpable por todos los errores que hemos cometido como seres humanos, A continuación se enuncian varias expresiones que repite en varias de sus publicaciones y conferencias.

 

 “No es posible tener un mundo sustentable como nos dicen, a menos de que el pueblo entienda que es parte de la naturaleza y que sólo puede resolver el problema con un cambio de cultura”.

 

“El mundo ya no puede sostenerse bajo una cultura basada en una productividad económica y no humana, razón por la que el individuo se ha concentrado en pocas áreas en el mundo.”

 

“Es mentira que nos hacen faltan recursos naturales y los debemos cuidar. De hecho, sobran áreas verdes en el mundo. Todos los mexicanos viven en el 0.9% del área total que abarca la República Mexicana. La cuarta parte de esta población está en el 0.1% y se llama Valle de México. El 80% de esta población vive arriba de 1,600 metros, cuando existen 10,000 km de costa. La mayor aberración es que el sol calienta el agua de mar, ésta se condensa en las montañas, y así nacen los ríos y los manantiales, y ahora ¡Tenemos que vivir arriba!... ¿qué cantidad de energía podemos garantizar a las generaciones que vienen, si no entendemos las leyes naturales?”

 

“México es uno de los países que tiene más recursos; su ubicación es inmejorable, además, es uno de los países que tiene más energía solar, la cual no está aprovechando: Entonces ¿cómo ahorrar energía?”

 

La respuesta la ha experimentado en carne propia. Desde hace 10 años, Padilla vive en el campo, sin sacrificar ningún buen invento del hombre porque los edificios demandan 20 unidades más de energía.

 

“Vivimos una cultura absurda que no tiene sustentabilidad, por eso tenemos que pensar cómo podemos empezar un cambio mientras se logra una transición a la juventud que viene, la cual sólo ha adquirido conocimientos para vivir dentro de un conflicto urbano, a base de una industrialización voraz, para que viva un presente, sin garantizar su futuro”

Una vida sin basura

Así han sido los últimos 20 años de Carlos Padilla Massieu, quien asegura que lo ha logrado gracias al amor por la naturaleza que le inculcara su padre desde niño. “Cuando iba a acampar y veía basura en todos lados, decidí que no sería un crítico destructivo, que es el que dice andamos mal pero no hace nada por resolver problemas. Por el contrario, decidí ser un crítico constructivo conociendo y estudiando el problema y trabajando para resolverlo”.

 

La eminencia que escogimos en Ambiente Plástico para su sección de PERSONALIDAD es congruente con lo que enseña, y desde hace 20 años no hace basura. Él asegura ésa es la única alternativa que tiene el mundo para resolver este dilema. Una vez hecha la basura se pierde el recurso. “Y para lograrlo se requiere voluntad y cariño de ser humano, nada más”.

 

Su técnica consiste en no revolver. Y es tan simple que si la gente estuviera conciente que le cuesta más hacer basura y esperar el camión, más toda la problemática que genera en comparación con lo que significa no hacerla, entonces lo haría sin problemas.

 

En sus estudios demuestra que el 50% de la basura proviene de desechos orgánicos, los cuales sirven para hacer composta. Al separar la materia orgánica, no se ensucian, ni se echan a perder los demás desperdicios, lo cual provee el 40%, que es no renovable: plásticos, vidrio, papel y cartón. De esta forma, en los mismos tiempos y movimientos en que se hacía basura, sin revolver, los desperdicios quedan limpios y se dignifica a un recolector, o bien, se entrega a un centro de acopio.

 

Mensaje a los industriales del plástico

Carlos Padilla sugiere a los industriales productores de envases y usuarios de los mismos, a generar mensajes a través de las etiquetas. Se debe eliminar el término “no reciclable” o “no retornable”, porque indica al pueblo ¡tíralo! En su lugar debe utilizarse la frase “¡por favor recíclame!”, o “este es un producto reciclable”.

 

Sueño y trato de vivir en un país con el nombre Tierra, que no esté dividido política y económicamente, en donde se hable un solo idioma, para entendernos mejor, no importa si debemos adquirir el que ya se habla más. Que tenga religión sin creencias dogmáticas, ni imposiciones, castigos, premios ni templos, pues para eso tenemos el campo, la mejor obra de Dios. Que este país tenga una sola bandera, la cual puede ser un arco-iris envolviendo el planeta Tierra. Por supuesto sin partidos políticos, líderes, redentores, reyes y dictadores. Con ciudadanos que estén concientes que son  responsables de su desarrollo, que no estén esperando que los eduquen y que no necesiten ser gobernados, sino que entre en armonía con el medio que los rodea, que sepan por qué y para qué existen.

 

Reflexión de un ciudadano de la tierra que quiere mucho a los humanos y a la naturaleza que son obra de Dios, que está conciente que no es posible cambiar la sociedad a menos que cada uno de nosotros cambie radicalmente.

Carlos Padilla Massieu

 



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