Tomado de Ambienteplastico.com

Personalidad
Juan José Díaz Infante
Por Enrique Chao
Sep 27, 2007, 15:42

Con Juan José Díaz Infante se puede hablar por horas..., y prácticamente de todo. No basta decir, para formarse una idea de su impactante personalidad, que este inquieto constructor ha ensayado con todos los materiales habidos y por haber, o que ha sido fundador y director de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Anáhuac; o maestro de diseño de la Universidad Iberoamericana, o de la Asociación de Industriales del Plástico (ANIPAC) y asesor del Instituto Mexicano del Plástico Industrial..., sino que estamos ante un visionario que ha anticipado el futuro de los espacios y los materiales que los contienen. En las palabras que concedió a la revista Ambiente Plástico para esta sección, Díaz Infante quiso opinar del plástico y de las obras que él ha hecho con este material. También quiso dar un mensaje a los transformadores:

 “Creo que es el momento en que México debe dar ‘el campanazo’”, dijo. La recomendación que dio al industrial del plástico “es que hagan más marketing para que aumente el uso de este material en la construcción”. Hizo notar también el control que ahora tienen los plásticos en el mundo, y que debe aprovecharse para “hacer un mundo mejor”, porque, a su juicio, “sería un pecado repetir la misma manera de ser del siglo XX: Ve uno hacia atrás a Stalin, a Franco..., y se le paran los pelos de punta”. Planteó que aún ahora todo mundo se quiere dividir el planeta, pero dijo que “el mundo no es un inmueble; es mueble, y no es propiedad privada de nadie”. Destacó que lo que vale es el espacio, y reprochó que aún no hemos podido respetar la naturaleza: “Por eso mi ídolo es Tarzán --dijo-. Porque ha respetado a la naturaleza; y vive en una casa arriba, en el árbol; mientras todos construimos junto a la playa, y todo lo volvemos propiedad privada y comercio inmobiliario...”

TODO TIEMPO FUTURO FUE MEJOR, HASTA QUE LO NIEGA EL PRESENTE

Cabe recordar que este creativo constructor fue fundador de la Asociación de Diseñadores Industriales y miembro de la Academia Mexicana de Arquitectura. Ha expuesto, desde muy temprano en su larga carrera, en el “Pabellón de México” en la Feria Mundial de Nueva York, en 1964. Poco después, en 1967, mostró su visión “Del Dolmen a la Kalikosmia”, en el Museo de Arte Moderno y, por otro lado, su “Casa Prefabricada”, en el Instituto Politécnico Nacional, en 1970, donde desplegó algunas de sus tendencias:

“Yo creo que todos vamos a acabar en el plástico” –nos dijo, y reiteró que con el petróleo han aparecido nuevos materiales ligeros y firmes: “Antes se creía que la resistencia era el grosor, pero ahora se sabe que es la tensión. Lo que sigue en la agenda de la humanidad es la nanotecnología, que ha empujado a buscar resultados en la física cuántica y en los fractales”. Señaló que “al principio, el hombre veía hacia abajo para ver la huella del animal, y la seguía. Luego miró hacia el horizonte y descubrió -y conquistó-, los continentes. Hoy está viendo las estrellas. Lo cierto es que ha girado 360°, y pronto haremos del espacio y el tiempo un todo, como decía Einstein”. Sin necesidad de preguntarle, Díaz Infante habló de hacer nuevos materiales en el espacio sin gravedad, y destacó que “ya hay chamarras que nos cubren y que apenas pesan, o camisetas de fútbol, o el traje de un astronauta, que consta de 14 capas de aluminio...” Pero el arquitecto que levantó el edificio de la Delegación Venustiano Carranza, en 1979; Bufete Industrial, en 1979; Procter and Gamble, en 1979; Tamm y Compañía, en 1979; Citibank (en Reforma y Praga), en 1980; Seguros Tepeyac, en 1985..., no sólo ha llenado su perspectiva con materiales de plástico, “sino con todo lo que está surgiendo en conjunción con la investigación espacial y la nanotecnología”. Con las fibras ópticas dentro de los suéteres y los sacos, “pronto –dice- va a ser posible hablar por teléfono con la manga del saco, o con la solapa. Ya hay una revolución en los materiales, además del plástico”. En el encuentro que tuvimos con Díaz Infante nos explicó en qué consisten sus apretadas definiciones acerca del espacio habitable, y que, de lejos, parecen más bien disertaciones filosóficas o científicas, porque la personalidad escogida en esta ocasión para la sección de Ambiente Plástico no pierde el foco en ninguno de sus múltiples intereses en diversos ampos que se extienden más allá del horizonte de la arquitectura, su “antigua profesión”.

HACIA LA CASA CÓSMICA

Su visión actual de la esfera, bajo la óptica de la Era Fractal, o los componentes de la fórmula M+V=En (es decir, con menos Materia a más Velocidad igual a más Espacio en menos Tiempo, revelan cierta complejidad. En sus propias palabras: el concepto de Kalikosmia, que quiere decir en la “casa del cosmos”, o casa con dios: “si usted usa menos materia, la construcción ahorra dinero, si la hace a mayor velocidad, ahorra dinero y, además, con menos material, hace más espacio con menos dinero”). En términos de economía, su fórmula se hace más diáfana. Con facilidad de palabra, Díaz Infante traslada al oyente del pasado a las fronteras del porvenir en donde los diseñadores del espacio levantarán seguramente estructuras inusitadas con materiales reciclados que se reparen y, quizás, se instalen a sí mismos. Según él pasamos por un parteaguas donde aún no hemos dejado de ser los cavernícolas de siempre..., “pero en una plataforma diferente en la que podemos cambiar de sistemas constructivos y de materiales, como el plástico”. Y ejemplifica:

“Sobre el hielo antártico se puede levantar hoy una tienda de campaña de nylon con PP, que pesa menos que una casa y que se erige en menos de dos horas. El plástico es un material en el que interviene la molécula, la reología, la química y la física, para hacer arquitectura”. Sin embargo, Díaz Infante piensa que la arquitectura ya ha dado de sí todo lo que tenía que dar, y más que arquitecto, se asume ahora como “diseñador espacial”. Aunque Díaz Infante insiste en que su obra favorita todavía no se la han encargado, de su extensa obra, que incluye terminales de autobuses, como la TAPO; fraccionamientos y obras urbanísticas; más hoteles e instalaciones deportivas; más edificios escolares y universidades; más cines, edificios departamentales y numerosas casas particulares, y sobre todo el edificio de la Bolsa de Valores, que añadió un nuevo perfil a la ciudad de México, resume: “...soy atemporal, no estoy en la historia porque estoy más en la ciencia que en el estilo. No estoy en una época. Mi obra ha evolucionado conforme a las diferentes estructuras que he realizado. Cada programa lo trato diferente y en cada obra aporto algo que niego en la siguiente”.


LAS VUELTAS Y REVUELTAS DE LOS MATERIALES

Para aterrizar su discurso señala que antes había tabique, adobe y piedra..., “luego llegó el acero y desplazó a muchos materiales, y en seguida el concreto armado, en 1929. Con la Segunda Guerra Mundial se descubrieron otros materiales que podían hacer más ligeros a los tanques, como los plásticos: Hemos evolucionado de las pirámides a la Torre Eiffel, a los rascacielos”; y ahora la materia empieza a diluirse hasta llegar a la estación espacial donde sólo cabe lo más ligero..., “y en lo más ligero se gasta menos combustible”, concluye. Díaz Infante refiere que cuando se descubrió la molécula del carbono 60 se hizo un polímero que ofrecía una resistencia extraordinaria, pero que ahora, para entender la materia, se ha llegado hasta la nanotecnología, a la nanofísica, y que con el colisionador de partículas, que mide 15 km. de diámetro, “se ha podido conseguir que las moléculas, según como se acomoden, puedan armar fibras que harán más racional a todo el sistema constructivo”. El arquitecto vuelve a recordar, con otro enfoque, que la tierra se va moviendo, que no es un inmueble, y que nosotros, la humanidad, “estamos entercados es hacer de todo un inmueble”. Señala que lo que tenemos que hacer es un montón de muebles que se puedan desarmar. Y para hacer más gráfico su punto de vista narra que el Partenón, o el Coliseo de Roma están a la mitad de lo que fueron, y que el famoso Faro de Alejandría ya ni existe...; “todo desaparece- dice-. Los materiales no son eternos: ¿qué esfuerzo da la cantera para hacer un espacio?”, pregunta, y contesta, sin tomar aliento siquiera: “...No una fachada eterna, que finalmente, como hemos visto, hasta las pirámides se gastan”. Quienes quieren, entre comillas, “ser eternos a través del material, al levantar una obra masiva o una obra que creen que no se puede demoler, deberían aprender de lo que ha pasado con otras obras ‘eternas’”. Y pone de ejemplo al Partenón de la Acrópolis de Atenas, cuando los turcos acumularon explosivos, y los venecianos lanzaron contra ellos una granada que derrumbó muchas columnas de las fachadas laterales. “¿Qué enseña todo esto? Minoru Yamasaki, que tuvo dos grandes proyectos premiados por la AIA, como los edificios de viviendas Pruitt-Igoe, que tuvieron que tirarse (ante la imposibilidad de regenerar su degradado tejido social), y las Torres Gemelas de Nueva York, que fueron derribadas por los aviones con tanta precisión como si hubiera sido planeado por expertos militares en demoliciones, fueron obras pensadas para durar una eternidad, y paradójicamente acabaron en el suelo”, argumenta. Según este apasionado diseñador de espacios, cada uno de nosotros es personal, “y por lo tanto fractal...; cada uno está hecho a semejanza de Dios, y algo hemos de tener de Él. En su reflejo, unos lo tienen como Dios milagroso, isericordioso; pero hay muchos dioses: ¿Quién fue el creador del Big Bang?”. Díaz Infante es contundente al aseverar que en el siglo XX “hicimos pura basura”, y ahora vamos a tener que cambiar en temas como energía y comida. “En arquitectura seguimos con lo mismo: piedras, tabique...”, señala, y añade: “El plástico, en cambio, es lo que ha faltado; es un material que puede hacer las cosas más ligeras. Ahora la gente no se fija cómo está aislado su refrigerador, o de qué está hecho su aparato de aire acondicionado, ni sabe dónde hay poliuretano y dónde poliestireno. Sólo sabe que los plásticos están alrededor. La gente sólo podrá apreciar a los plásticos cuando empiecen a faltar: cuando acabemos sin ropa, sin la variedad de comida, sin platos...; es muy importante que el plástico encuentre otra fuente que no sea sólo el petróleo, como los vegetales...” Desde su punto de vista, a la larga “la química va a descubrir cómo recomponer a todas las moléculas; y entonces vamos a hacer plástico del plástico, porque debe haber una cadena que nos permita zafarnos de las materias prima de la tierra; y el plástico se va a sacar de todo. Aparecerá con otro nombre, ‘geloide’, por ejemplo”. Desgraciadamente, opina, “el plástico tiene un currículum horrible; hay quien lo ve barato, corriente, que se quema, o que se rompe... Pero qué bueno que el plástico no dura, porque nada dura. Sólo pregúntese cuántas veces se ha cambiado de casa: yo me he cambiado ocho veces”. De acuerdo con el arquitecto, “cuando llevemos al espacio nuestras cosas, van a tener que ser de plástico, porque lo que se necesita allá es ligereza; tiene que ser plástico y hay que manejar la molécula”. Díaz Infante recuerda que con Rotomoldeo ganó el premio nacional de diseño industrial con la casa de plástico. “Es portátil –dice- y es la única en el mundo que está desde 1965 en un museo de arte moderno, en el Museo de Arte Moderno”. La Casa tiene un 80% de plástico, y los paneles están hechos de fibra de vidrio, resina poliéster con poliuretano, para que no se incendie ni sea tóxica, y se puede hacer de tres colores, como un sándwich: material rígido, espuma y material rígido.



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