¿Por qué pasamos tantas horas en la empresa?

El hecho anterior acontece todos los días y se repite en miles de personas. ¿Por qué?

La crisis actual es un buen momento para que empresa y empleado valoren las escalas de rendimiento de sus jornadas laborales. Las horas que pasamos en las empresas son muchas, sin embargo, gran parte de ellas sirven muy poco o nada, por el bajo o nulo rendimiento de los empleados o por falta de una correcta organización empresarial.

En determinadas empresas, la baja productividad y deficiente organización provoca largas jornadas de trabajo, lo que origina falta de conciliación del trabajo con la familia, estrés, cansancio, falta de compromiso y ausentismo laboral; esto propicia la falta de competitividad frente a las empresas del entorno y otros países del mundo globalizado.

Hay que caminar hacia los resultados y no hacia las horas de presencia. El reto no debe ser trabajar más horas, sino trabajar bien en un horario prudente y bien planificado. Cuando el rendimiento no es eficaz sucede que si las horas de bajo o nulo rendimiento no se suplen con horas extras, la empresa no logra sus objetivos, lo que cuestiona su rentabilidad.

Si hay que incrementar la jornada laboral con horas extras retribuidas, por un lado, la empresa pierde, y por otro, el empleado no concilia el trabajo con la familia. Y si la jornada laboral se incrementa con horas extras no retribuidas, el trabajo se vuelve tedioso y la empresa pagará las consecuencias.

 

Causas del problema

La responsabilidad de este problema es de todos, a veces es exclusiva de jefes, otras depende sólo de empleados, aunque muchas veces atañe a ambos, jefes y empleados.

A) Atribuidas a los jefes

Horarios laborales. Hay que racionalizar jornadas laborales y horarios; éstos deben coincidir en lo posible con los de centros escolares y no debe existir mucho tiempo inactivo entre jornada matutina y vespertina; siempre que sea factible, las empresas deben implantar horario flexible. Las que no, están ancladas en el pasado, no entienden que a un trabajador hay que evaluarlo por resultados y no por el tiempo de presencia en la empresa.

 

El empleado no ocupa el puesto de trabajo adecuado. Hay altos porcentajes de trabajadores que no ocupan el puesto de trabajo acorde a sus conocimientos y habilidades y aquellos que no tienen la formación adecuada deben suplir dichas carencias con horas extra.

 

No existe delegación del trabajo. Para que una compañía siga siendo competitiva, tiene que lograr más cada año con los mismos recursos, es la ley del mercado globalizado sujeto al cambio continuo. Esto sólo se consigue con la delegación, y si no la hay implica una gran carga para los que no delegan.

 

Empleados “quemados”. En muchas organizaciones se suele quemar al buen trabajador porque se le carga excesivamente de tareas a sabiendas de que las va a realizar bien, mientras que al mediocre se le libera de trabajo. El mal trabajador deja su puesto puntualmente mientras que el bueno sale muy tarde.

 

Reuniones de trabajo largas o inútiles. 50% de las horas de reuniones constituyen un despilfarro, las horas excesivas sin ninguna justificación o mal organizadas, exigen trabajar más horas después para sacar adelante las tareas.

 

Jefes tóxicos. En algunas organizaciones existen jefes autoritarios que provocan el miedo al empleado si éste, aún cumpliendo el horario laboral, sale siempre puntual de la empresa.

 

Contratos laborales engañosos. Hay instituciones que incumplen contratos laborales al obligar al empleado a trabajar más horas, a veces no retribuidas, bien porque no hay suficiente número de trabajadores o porque está deficientemente organizada.

B) Atribuidas a los empleados

Ausentismo laboral. El ausentismo de determinados empleados- muchas veces injustificado- implica más horas de trabajo para el resto de trabajadores que tienen que suplir su ausencia.

 

Tiempos de ocio desproporcionados. Se refiere al tiempo dedicado a tomar café, salidas a fumar, llamadas telefónicas particulares, almuerzos prolongados, confección de quinielas, conversaciones con compañeros y uso indebido de Internet.

 

Empleados con defecto de actitud. Una persona que no está motivada y comprometida no puede tener cabida en una organización. De ese modo nos encontramos con el trabajador que no quiere, o con el que siempre se queja de la organización y habla mal de ella, o con el emisor de rumores y con el que se opone sistemáticamente a los cambios.

Este tipo de empleados exige una mayor dedicación por parte de sus compañeros para suplir su baja productividad y la poca calidad en la tarea.

 

C) Atribuidas tanto a jefes como a empleados

Mala planificación del trabajo. Si un jefe o empleado no tiene tiempo es que no sabe organizarse. Muchas veces se trabaja por impulsos y sin agenda. Existe una mala planificación en cuanto a horarios y dedicación de horas a tareas improductivas, lo que provoca que no se respete la agenda propia ni la de los demás.

 

Desorden. ¿Cuántas horas se pierden por la desorganización de la mesa o el puesto de trabajo? Carpetas desorganizadas (tradicionales o en archivos informáticos), tiempos inactivos desmesurados y sin seguimiento a la agenda propia. El eslogan en el trabajo debe ser: orden + limpieza = calidad.

 

Falta de formación. Los cambios continuos exigen un reciclaje permanente. Hay empresas en las que el capítulo de formación no tiene apenas entidad. La falta de formación implica no sólo más horas en el trabajo, sino también trabajar muchas veces con estrés, en detrimento de la salud del trabajador y la calidad del trabajo.

 

No asimilar cambios. Este hecho se puede producir por dos motivos: los jefes o empleados, a falta de motivación, se resisten. Esto sucede cuando no hay formación.

 

¿Cómo resolver el problema?

Cualquier problema que exista en una empresa, así como cualquier factor de éxito de la misma pasa por las personas que la componen. La Dirección de Personal, olvidada hasta hace muy poco, y aún hoy en día poco desarrollada, es vital. En una organización todo depende de los trabajadores: son las mentes creativas que diseñan el producto, estudian y aplican la logística de aprovisionamientos, planifican y controlan la producción, la calidad; las que comercializan productos y establecen objetivos y estrategias. Todo esto es posible si las personas quieren y se comprometen.

Sólo las personas crean valor en las organizaciones, por tanto, la Dirección de Personal es la clave en la creación del mismo y debe ser el eje de la gestión empresarial.

Mi propuesta es seguir el método descrito en el libro “Las diez erres en la Dirección de Personas”, del que soy autor, que define el proceso que debe seguir una empresa desde el reclutamiento del talento hasta su retención.

El método de las diez erres, escrito en un lenguaje práctico, claro y próximo, según la opinión de conocidos expertos, busca definir el recorrido eficaz que debe seguir un empleado en la organización. Una vez optimizado el proceso de reclutamiento y recibimiento en la empresa para que trabaje con libertad y retos, en un ambiente laboral propicio, formándose continuamente y adquiriendo la cultura del cambio permanente, imprescindible en el mercado globalizado, competitivo e inestable en el que desarrollan las empresas su actividad.

Las crisis empresariales, oscilaciones del precio del petróleo, escasez de materias primas y cambios tecnológicos afectan a todos, sin embargo, no todas las empresas quiebran. En la Dirección de Personal está la clave de todo porque hay un hecho evidente, todas las técnicas de gestión o métodos de mejora sólo triunfan si las personas los hacen viables.