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Hacia las islas flotantes de plástico.
Hacia las islas flotantes de plástico
Cuando llegaron los españoles a la ciudad de Tenochtitlán no daban crédito a lo que veían sus ojos. Los aztecas habían extendido un territorio de islas flotantes en medio de un extenso lago. En realidad eran jardines y huertos flotantes llamados chinampas, del náhuatl chinamitl, seto o cerca de cañas, que es un sorprendente método de agricultura para cultivar flores y verduras en pequeñas áreas rectangulares de tierra fértil sobre la superficie de lagos y lagunas superficiales. Al arribo de los españoles, hacia 1521, esta técnica permitió sustentar una población muy densa. Esa escena seguramente inspira a muchos arquitectos y urbanistas modernos que quieren crear no pequeños huertos flotantes, sino inmensas islas autosuficientes en la mitad del mar para albergar a una humanidad desamparada.
Se han hecho muchas islas artificiales a lo largo de la historia. La mayoría han sido construidas en puertos urbanos, como la isla Dejima, construida en la bahía de Nagasaki en Japón durante el período Edo. Cuando Japón se aisló del mundo en un periodo de su historia, dejaron ese pequeño territorio artificial al que podían tener acceso los holandeses y otros intrusos occidentales.
En la actualidad, cerca de las costas de numerosos países hay un racimo de islas artificiales, como en Holanda, Dinamarca, Japón (con sus magníficos aeropuertos internacionales, como el Chubu Centrair, el de Kansai y el de Kobe), o las Islas Palm en el Emirato de Dubai con su Palma Jumeirah, Palma Jebel Ali, Palma Deira y el archipiélago The World (El Mundo), islas que, vistas desde una gran altura, adoptan la forma de un mapamundi (que, por cierto, recientemente, en enero, se sumergió ante los empellones de las aguas del Golfo Pérsico).
Todo cabe en una isla…
Esta obsesión de crear islas, tiene finalidades distintas; unas estratégicas, otras logísticas; para acomodar a los puertos y aeropuertos, cuando apenas se tiene espacio, o para aumentar el territorio vital de algunas naciones muy pequeñas, o para darle un nuevo espacio al turismo, o un rincón a los excéntricos, como la pequeña isla espiral (Spiral Island) en México, cerca de Puerto Aventuras en la costa de Cancún, propiedad del británico Richart “Rishi” Sowa, que, no hace mucho, en 2005, fue arrasada por la fuerza del huracán Emily.
Resignado, el artista se recuperó y levantó, en 2008, cerca de Isla Mujeres, con materiales muy rupestres, bambú y botellas de plástico, una nueva Isla Espiral que ha sido ampliamente comentada en programas de TV, como Ripley's Believe It or Not! La nueva isla ya mide 20 metros de diámetro, incluye plantas y árboles frutales. Se sostiene con 100,000 botellas de plástico y tiene playas, una casa, dos estanques y una cascada propulsada por paneles solares.
El artista ha contado con el apoyo de un numeroso grupo de voluntarios pero él no deja de hacer mejoras todos los días por los cuatro lados de su pintoresco islote.
La isla reciclable de plástico
En otra dimensión, y en la mitad del Océano Pacífico, un arquitecto ha sugerido juntar la basura que se mueve en remolino para crear una isla de desperdicios de plástico, por lo que han dado en llamar al proyecto Recycled Island, o Isla Reciclable, aprovechando el voluminoso tiradero que se acumuló desde hace muchas décadas en esa remota región donde confluyen las corrientes oceánicas.
La propuesta tiene tres objetivos, limpiar la zona, hacerla habitable y crear un espacio sustentable. Toda una utopía. La Recycled Island es una idea que da vueltas aún en el cerebro del arquitecto holandés Ramon Knoester, del despacho Whim Architecture; pero no suena mal, se trata de una comarca de 10.000 Km2, autosustentable y formada por deshechos plásticos.
Y es que hay tanta basura flotando y dando vueltas por los océanos que, si se junta, se puede armar una enorme isla (y si resulta, varias más, ya que el problema de los desperdicios de plástico tiene equivalentes en otras zonas de confluencia marítima).
El proyecto intentará revolucionar el Great Garbage Patch, al noreste de Hawái, como se le conoce a la zona desde 2009, ya que tendrá una superficie del tamaño de esa isla, justamente, con casas alimentadas por paneles solares, letrinas con dispositivos para crear abono, energía azul, o del oleaje, y todo un sistema muy bien armado para aprovechar las algas marinas como fertilizante para producir alimentos.
Los ingenieros y arquitectos, por lo pronto, ya están dándole los últimos giros a la idea que, sin lugar a dudas, va a replantear el alcance del reciclaje del plástico.
Para más detalles, visite http://www.recycledisland.com/ En el Menú puede medir el tamaño del problema y de la solución planteada. Otro enlace es Recycled island to be built from ocean garbage patch (Discovery News), con video y un montón de datos insólitos.


