La incineración, tema que arde.

Un elemento pernicioso atribuido a este proceso es la combustión del PVC. Los detractores de este plástico han sido, por años, los encargados principales de incitar a la población a que reprueben la incineración, la cual siempre debe ser el último eslabón; lo conveniente, primero, es hacer una correcta selección para poder reciclar o reutilizar todas las materias posibles. Pero hay situaciones en las ya que no queda otro remedio y, desde luego, debe llevarse a cabo con todas las garantías. Hoy en día, por fortuna, las hay.

 La incineración, o termodestrucción, es un tratamiento que consiste en eliminar los residuos por acción de altas temperaturas. Se lleva a cabo en hornos que por lo común poseen dos cámaras: La primaria (que se encuentra a 800°C), recibe los residuos y comienza así el proceso de combustión en una atmósfera deficiente de oxígeno -la cantidad de aire de combustión es regulada con la finalidad de liberar el material volátil y oxidar el carbón fijo del residuo-, y la secundaria, recibe los gases generados y donde se introduce el exceso de aire. La mezcla de aire-gas es recombustionada a 1200°C con un tiempo de residencia de 2 segundos.

 Este tratamiento sirve para destruir materiales orgánicos, principalmente, y aquellos elementos inorgánicos con el resto de orgánicos…, así como productos terminados que no se quieren comercializar y materias primas que no se van a utilizar; por ejemplo, alimentos y medicamentos vencidos, envases de productos descontinuados, materias primas y productos sin especificación.

 Existen diversas desventajas asociadas a la incineración de residuos: emisiones contaminantes, tanto al aire como a otros medios; costos económicos y laborales; pérdida de energía; insostenibilidad e incompatibilidad con otros sistemas de manejo de residuos. Además de todas las emisiones atmosféricas que se refieren a metales pesados, dioxinas y furanos, Monóxido de Carbono (CO), cenizas, Carbono Orgánico Total (COT), Cloruro de Hidrógeno (HCI), Fluoruro de Hidrógeno (HF), Dióxido de Azufre (SO2), Monóxido de Nitrógeno (NO) y Dióxido de Nitrógeno (NO2).

Venenos en el aire

El gran fantasma, agitado por los que se oponen a esta solución innegablemente eficaz, es el constituido por las dioxinas y los furanos residuales; las dioxinas son el contaminante más conocido asociado a este proceso; estos cuerpos químicos se originan al quemar a baja temperatura productos que contienen cloro: por ejemplo, papel o plástico. Se les acusa de ser venenos peligrosos que causan una gran variedad de problemas de salud, como cáncer, daños al sistema inmunológico y problemas reproductivos, aún en concentraciones tan pequeñas que son indetectables por aparatos químicos.

Esta afirmación es falsa. Muchos informes científicos comprueban que hace 33 años fueron liberadas a la atmósfera enormes cantidades de dioxinas, y que éstas y los furanos aún no han matado a nadie. En cuanto al riesgo de cáncer, la tozuda realidad científica es olímpicamente ignorada por los profetas del catastrofismo a ultranza.

Por ejemplo, durante la quema inadecuada de basura en vertederos pueden formarse colateralmente dioxinas. Esto por la presencia de materia orgánica y de sal común en los restos de comida, independientemente de que haya o no PVC y del hecho de que la combustión se efectúa a temperaturas relativamente bajas (las dioxinas se forman entre 250 y 450°C).

Para obviar la formación de dioxinas en procesos de combustión es preciso efectuar la incineración en instalaciones modernas, debidamente equipadas, cuyo proceso observe la regla de las tres T:

 Temperatura mínima de combustión alrededor de 850°C.

Tiempo de residencia mínimo de 2 segundos de los gases de combustión a esta temperatura.


Turbulencia en exceso de oxígeno para asegurar la combustión completa.

La legislación es severa, quizás en exceso si se compara simplemente con la que rige a los emisores de humo; chimeneas de combustión controlada de residuos. Y se exigen cantidades mínimas, pero no sólo de dioxinas, sino de muchos otros compuestos que son potencialmente tóxicos y al límite de lo que la medida más sofisticada puede llegar a calibrar. Lo cual, en el fondo, no es malo.

La población debe saber que no existen límites tan rigurosos para los humos de chimeneas domésticas, tubos de escape de coches o de esas mini-chimeneas que son los cigarrillos.

Quemar, pero quemar bien

Quemar la basura es reducir su volumen y, solucionar de una vez el grave problema de vertederos incontrolados, e incluso de los controlados. El problema estriba en quemarla bien, a elevadas temperaturas y cumpliendo la legislación con controles previos y posteriores que haya que establecer.

En los vertederos actuales, la basura también se quema; por si misma -fermentada con recalentamiento de materia orgánica y desprendimiento de metano inflamable-, o bien porque los responsables la hacen arder para ir reduciendo su volumen. En ambos casos, se trata de la peor combustión posible debido a su baja temperatura.

Para impedir o reducir la contaminación atmosférica causada por la incineración y co-incineración de residuos -así como los riesgos para la salud humana derivados de esas operaciones- la legislación fijó una serie de medidas, por lo que las instalaciones para llevar a cabo este proceso deben contar con una autorización previa y establecer límites de emisión de algunas sustancias contaminantes.

Esta autorización aplica no sólo a establecimientos destinados a la incineración de residuos, sino también a los que tienen como objetivo fundamental producir energía, productos o materiales, y que utilizan residuos como combustible habitual o complementario, que a su vez, reciben tratamiento térmico para su eliminación.

Quedan excluidas del ámbito de aplicación las que son meramente experimentales; las que tienen por objeto mejorar el proceso, y que tratan menos de 50 toneladas de residuos al año, así como las que manejan únicamente residuos vegetales de origen agrícola, forestal, o procedentes de la industria de elaboración de alimentos y los obtenidos de la producción de papel, residuos de madera, corcho, radioactivos y aquellos resultantes de la explotación de petróleo y gas en plataformas marinas e incinerados a bordo.

Todas las facilidades deberán clasificar los residuos por categorías y cantidades, ya sean peligrosos o no; determinar con cuanta capacidad cuenta y establecer los procedimientos de muestreo y medición que van a utilizarse.

Los operadores tienen la obligación de conocer la información administrativa sobre el proceso generador, la composición física y química de los residuos peligrosos y sus riesgos inherentes antes de aceptarlos.

Con la finalidad de garantizar la combustión completa de los residuos, las instalaciones deben mantener los gases resultantes de la incineración a una temperatura mínima de 850°C durante al menos 2 segundos. Si se incineran residuos peligrosos que contengan más de 1% de sustancias organohalogenadas, expresadas en cloro, la temperatura debe elevarse hasta 1,100°C durante 2 segundos como mínimo. El calor generado durante el proceso de incineración deberá recuperarse en la medida de lo posible.

 Hacia la planta de tratamiento integral

 En suma, la basura supone un problema mayúsculo en todo el país. Las alternativas deben atacar la entera noción de la disposición de residuos, reciclando todos los materiales en desuso de vuelta a la economía humana o la naturaleza misma, para aliviar la presión ejercida sobre los recursos naturales.

Tenemos dos vías de trabajo -complementarias y urgentes- para reconducir la situación. La primera es reducir la cantidad de residuos, o al menos frenar su constante incremento; es decir, en lugar de asumir que la sociedad producirá más cantidad de residuos, debe darse prioridad a minimizarlos.

 Para hacerlo, los elementos que se desechan deben segregarse y cada fracción debe ser compostada, o reciclada óptimamente, en lugar del sistema actual de disposición de residuos mezclados. Por otro lado, para facilitar su reciclaje al finalizar su vida útil, las industrias deben rediseñar sus productos.

Y mientras se consigue ese objetivo –lo cual será lento y costoso-, la segunda vía, sustituir urgentemente los vertederos por plantas de tratamiento integral ya debe tenerse en mente.