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Las bolsas bumeranes, o el tiro por la culata.
Benjamín Ruiz Loyola, un investigador de la UNAM, ha estado al pendiente del espinoso asunto de las bolsas de plástico y en diferentes medios (La Crónica y Milenio) ha señalado que la nueva ley no señala cómo comprobar si una bolsa ha sido fabricada con material supuestamente “amigable” para el entorno.
Según señala, no hay aún una norma en la Ley de Residuos Sólidos que señale cómo corroborar que una bolsa es biodegradable, y advierte que los consumidores podrían recibir “gato por liebre”. Explicó “aún no existe una norma que nos ayude a diferenciar si la bolsa es o no biodegradable y tampoco que lo que se anota en la bolsa: “hecha con materiales biodegradables”, no es otra cosa que una simple mentira.
Ante ello, los inspectores de la Secretaría del Medio Ambiente del DF tendrán que emplear su criterio para multar, dejar a un lado la intención original que era evitar la proliferación del plástico.
Ruiz acepta el dicho de que todos los materiales plásticos se degradan conforme los años, pero reconoce no se sabe a ciencia cierta en cuánto tiempo lo hacen. En La Crónica subrayó que: “No tenemos información fidedigna al respecto porque los primeros objetos de polietileno, con el que se hacen las bolsas, se empezaron a comercializar en 1940, es decir, cuando mucho 70 años, entonces cómo alguien puede decir que se degradan en 1,000 años, si ni siquiera cuentan con 70 años” para determinarlo, apuntó.
Los biodegradables no son tan amigables
“¿Sabía usted que, al descomponerse, las bolsas se vuelven 21 veces más dañinas al generar gas metano”. En otra línea, el experto enfatizó que algunos productos biodegradables, paradójicamente, contaminan más: “al ser bolsas más fáciles de degradar, se transforman en metano y este gas se incorpora de manera más fácil a la atmósfera generando una mayor contaminación.
En sus palabras fue más contundente: “Al ser completamente biodegradables los plás¬ticos, estamos trasladando la contaminación de la tierra y el agua —donde lo puedo ver y lo puedo recoger para reutilizarlo— a la atmósfera, donde me cuesta más trabajo trasladarlo”, puntualizó, y dijo que la solución más viable al problema del abuso irracional de los plásticos es el reciclaje.
El también experto de la ONU reprocha que los representantes del gobierno no se han asesorado con los científicos: “Las bolsas biodegradables representan un problema ambiental inadvertido, pues aunque tardan alrededor de un año en deshacerse, durante el proceso dejan fragmentos de polímeros que son imperceptibles a la vista, por lo tanto, degradarlas contamina más que reciclarlas”, y eso no lo tomaron en cuenta.
Ruiz, experto en desechos peligrosos de la Facultad de Química de la UNAM, es enfático: “el plástico se hace completamente biodegradable, el proceso genera gas metano, cuyas moléculas lo vuelven 21 veces más dañinas que una bolsa sin descomponerse”. Y comenta que, quizás, “ya no vamos a ver tiradas montones de bolsas por doquier, pero los efectos –anticipa- se van a sentir”.
Los políticos deben consultar a los científicos
Antes de tomar decisiones hay que meditar en las implicaciones. Por lo menos es lo que nos deja en claro la lectura de las entrevistas que se le han hecho a Benjamín Ruíz, quien observa que ni las autoridades ni los grupos que promueven la biodegradación están “informados”, y que, visto desde el aspecto científico, “hay inconsistencias que deben resolverse antes de proceder”. Aunque en el caso de la capital, ya es un poco tarde para eso.
“En algunos países –refiere el investigador- se aplica el Plas tax, que es un impuesto al plástico destinado exclusivamente a fomentar la investigación de nuevos materiales que lo sustituyan o bien que lo hagan más amigable”, y lamenta que en el país, en cambio sólo “intentan cobrar y no nos dicen para qué van a utilizar lo que se recaude”.
Ruíz no duda que el discurso “es de lo más noble y políticamente correcto”, pero “presupone, de manera equivocada, que un artículo biodegradable es completamente amigable y limpio para el ambiente, lo cual no es totalmente cierto”. Por ello, instó a aplicar la regla de las tres “R”: reusar, reducir y reciclar, pues sólo de esta manera se obtendrán resultados de gran impacto.
Información basada en dos entrevistas con Benjamín Ruíz Loyola, una
en La Crónica, y otra en Diario Milenio: Los comercios podrían dar gato
por liebre con bolsas biodegradables. De Ruth Barrios Fuentes. Martes
24 de agosto, 2010, y Contaminan más productos biodegradables, de
Andrea M. Gutiérrez. Domingo, 18 de julio, 2010, respectivamente.


