Luis Manuel el "Químico" Guerra. El amigo del Medio Ambiente.

Su abuelo..., su inspiración
Luis Manuel Guerra evoca que su interés por la química, los procesos naturales, las plantas y los animales, se lo debe a su abuelo a quien describe como un ser extraordinario que nació en el campo: “Mi abuelo no terminó la primaria, sin embargo, a los 13 años decidió viajar a México y probar fortuna. Empezó como repar¬tidor de medicamentos y, con el paso de los años, estableció los Laboratorios Gardé, donde producía jarabe para la tos; fue el primero en formular en México un medicamento con ácido acetil salicílico, que es la base de las aspirinas al que le agregó cafeína y llamó Cafión”.
Guerra dice que la Química llamó su atención y hoy asegura que es la reina de las ciencias, porque no es tan árida como las matemáticas…; “la química es flexible y tiene de todo un poco”.
Estudió en el colegio Alemán y fue la primera generación que tuvo la ventaja de hacer el bachillerato en Alemania gracias a una beca. La formación que recibió en ese país le permitió entender y aplicar mucho de lo que hoy rige su filosofía profesional: “hacer bien las cosas”.
Tras la muerte de su padre, Luis Manuel Guerra regresó a México de manera intempestiva antes de terminar su examen profesional, por lo que, después de ese triste acontecimiento regresó a Alemania a cumplir con ese requisito: “Llegué a la facultad el último día de las inscripciones, y me faltaba una materia optativa para cumplir con todos los requisitos, de manera que ante la premura y sin darme cuenta escogí Ecología.”
Recuerda que esa fue la primera vez que escuchó esa palabra. La clase la impartía el doctor Hans Lux, un premio Nobel en Química que lo motivó a interesarse en las interacciones que tiene la química con el medio ambiente. “Con él aprendí la responsabilidad que tenemos como químicos en los procesos industriales y en las pruebas de laboratorio, porque en ese entonces a las empresas no les importaba mucho lo que tiraban al drenaje”.
En 1973, una vez culminados sus estudios en Alemania, Luis Manuel Guerra regresó a México para trabajar en el área de investigación pura, en el laboratorio fisicoquímico del consejo de recursos naturales no renovables, y al mismo tiempo revalidó su carrera para obtener el título de Químico en la UNAM. En esos años gobernaba Luis Echeverría y la ciudad de México vivía una fuerte transformación en toda su infraestructura: “Crecí en la casa de mi abuelo de los seis a los 18 años, y regresé a esa misma casa, pero me sorprendió tanto tráfico y movimiento, tal vez porque estaba muy sensible; quizás por haber vivido en una país tan organizado como Alemania".
Entre ambientalistas
Cuando elaboraba su trabajo de tesis, tuvo la oportunidad de llevar a cabo una serie de pruebas con muestras de agua de pozo de Saltillo, Monclova y Torreón, lo que le hizo percatarse de un gran problema nacional muy grave de intoxicación por “hidro arsenicismo”, lo que provoca cáncer de hígado. “Aunque era uno de esos secretos a voces, me inquietó demasiado que no se hiciera nada al respecto”.
Ya radicado en México, y al no gustarle la ciudad y en lo que se había convertido, decidió desarrollar su propia granja. En ese entonces, aún estudiaba en la UNAM y además daba clases, así que decidió buscar un lugar cercano; “encontré uno, al sur de la ciudad de México, que está en la base de un volcán llamado Oyameyo, a 10 kilómetros del Ajusco. Ganaba $3,500 pesos al mes y gracias a que obtuve un préstamo de $15,000 pesos compré un terreno de una hectárea, que tuve que dividir con otros dos amigos porque a mí no me alcanzaba para pagarlo, ya que costaba $30,000 pesos”.
Poco a poco, Guerra se fue relacionando con otros ambientalistas, como Luis Bustamante Valencia, quien vivía en la zona del Ajusco en una casa abastecida únicamente con agua de lluvia y energía fotovoltaica…, por lo que pensó: “Si él puede, ¿por qué yo no?” Actualmente el químico Guerra vive en su granja a la que surte con agua de lluvia, y aunque dice que en ciertas épocas es muy fría, la costumbre siempre gana. “Si quieres ser sustentable, el primer paradigma que tienes que cambiar es el de no involucrarse, algo a lo que nos acostumbró la energía barata del petróleo”. Aclara que antes la gente se involucraba más en sus necesidades básicas; en su casa, en reparar y hasta en calentar su agua. “En la actualidad basta con presionar un botón para que se prenda la luz, y ya no nos importa saber de dónde viene”.
La construcción de su cabaña le sirvió de mucho, porque en su búsqueda constante de sistemas ecológicos también conoció a Octavio Barocio, quien desarrolló el primer fraccionamiento ecológico en México que se llama Tlalpuente, con criterios que -reconoce-, le abrieron mucho los ojos.
Asimismo, lo contactaron con una organiza¬ción civil de Canadá que se llama The ARK (El Arca), un desarrollo para sobrevivir a una guerra nuclear, en donde no hay electricidad, agua, ni alimentos. “Mi ilusión era hacer algo similar en México, y aunque obtuve una gran experiencia fue una lucha en vano. Lamentablemente, los mexicanos somos muy familiares pero muy poco comunitarios, así que resultó muy difícil trabajar en cuestiones ecológicas”.
La experiencia en una
empresa trasnacional
Con su carrera de químico y su dominio del idioma alemán se le presentó la oportunidad de trabajar para la empresa químico farmacéutica, Merck, donde participó en el área de Química. Su función fue introducir al mercado ciertos reactivos especiales para el tratamiento de aguas contaminadas. Para ello tuvo que hacer estudios de mercado muy profundos que le permitieron acumular una valiosa cantidad de información sobre la contaminación en México: “Mi sorpresa fue mayor porque me encontré un país devastado, con una apatía muy grande en temas de ecología”.
Su trabajo consistía además en lograr que la normatividad se ajustara a sus productos para asegurar el mercado, pero se topó con diversas cuestiones sociales y culturales que frenaban su avance. “Para dar a conocer nuestros productos organicé seminarios, exposiciones y diversos eventos, pero las ventas no se daban”.
Con temor de que su inversión en el mercado no iba a redituar logró entrevistarse con el entonces subsecretario de Salud Ambiental, Guillermo López Portillo, quien lo felicitó por su labor (en referencia a la capacitación que fomentaba como parte de Merck); sin embargo, le advirtió que las normas que buscaba el “Químico” Guerra no iban a salir.
Desilusionado, Guerra se percató de que el problema ecológico de México no era económico ni técnico, sino cultural, así que se propuso enseñar a la gente lo que es el ambiente, a proteger la vida, y también al país. De ese modo, sin rendirse continuó haciendo su trabajo, aunque se dio cuenta que la línea de reactivos que estaba promoviendo sólo funcionaría 10 años más tarde.
Comunicación Ambiental,
su vocación
Durante la entrevista con Ambiente Plástico, el Químico Guerra puntualizó cómo se convir¬tió en un famoso conductor de radio: “Un día escuché en una entrevista que Kathy Loretta le hacía en Radio VIP a unos endocrinólogos, y decidí llamar al programa para rebatir algunas cosas que, a mi parecer, estaban equivocadas. Al día siguiente, ella me invitó a su programa y fue tal el impacto que me invitaron a crear un programa, una vez a la semana, en el que podía hacer alguna publicidad para Merck, donde aún trabajaba. En 1986, junto con un amigo, desarrollamos una transmisión diaria de un programa que llamamos Ecocidio, relacionado con el medio ambiente”.
Luis Manuel Guerra condujo el primer pro¬grama radiofónico sobre el tema del medio am¬biente en México, de 1985 a 1995. Actualmente conduce el programa científico de Radio Red, con Julieta Fierro, Ciencia 3 X 7, y el programa de medio ambiente de mayor permanencia en la radio, Zona Verde, de 1995 a la fecha. Asimismo, participa, de lunes a sábado, en las transmi¬siones matutinas de Radio Red con el tema de ecología en la sección El Pulso del Planeta, y en el noticiario La Red de Radio Red, con Sergio Sarmiento y Guadalupe Juárez.
Ha sido columnista en varios de los principales periódicos de México. Actualmente escribe la página de Medio Ambiente en el periódico La Crónica. Es conductor del programa de televisión Vida Verde, que se transmite en Aprende TV, en el canal 412, por cable, los martes a las 19:00 hrs y los domingos a las 11:00 hrs. Transmite todos los domingos una cápsula televisiva Un mundo sustentable, en el programa Los Grandes Misterios del Tercer Milenio, con Jaime Maussan, por el canal 4, todos los domingos a las 18:00 hrs. Realiza un comentario sobre asuntos ambientales los martes a las 21:30 en el noticiario del Canal 40.
En su labor de promoción, Guerra participó en una conferencia en el Estado de Morelos, donde conoció a una pareja de alemanes, Verena y Christian Von Hazfeld, originarios de Berlín que vivían en Cuernavaca. Para entonces, la granja de Luis Manuel Guerra ya estaba funcionando, vivía con agua de lluvia y usaba este tema para contraponerlo con lo que hacía el gobierno; “…esta pareja me llamaba mucho la atención y se me quedaba viendo muy atentamente. Al término de la conferencia me abordaron y me convencieron de que visitara su casa. Me quedé con la boca abierta al ver los biodigestores,los sistemas de captación de agua pluvial y todo lo que habían logrado en su casa ecológica”.
Se hicieron buenos amigos suyos, y fue Christian quien le hizo ver que debería seguir su verdadera vocación, la Comunicación sobre el Medio Ambiente. Así fue como surgió la idea de formar un Instituto, y Guerra renunció a Merck: “Aunque fue una decisión muy difícil, las circunstancias se dieron y me separé de la gran firma alemana. A partir de entonces, me dedique en cuerpo y alma a los temas de ecología”.
El Instituto de Asistencia para la Investigación Ecológica, INAINE, se fundó el 3 de septiembre de 1985, con el propósito de elevar la conciencia ecológica de los industriales, tanto de la iniciativa privada como del gobierno: “En el instituto es muy importante tener la capacidad de adecuar nuestro lenguaje a cada grupo objetivo, algo que hace mucha falta en México. Solo así podemos solucionar problemas específicos”, explica Guerra.
Entre las labores del INAINE están: la gestión ambiental, los estudios de riesgo, la factibilidad y pre factibilidad ambiental, además, facilitan proyectos controvertidos y estudios de casos: Se han transformado en una especie de traductores entre el gobierno y la industria. “Me preocupa mucho que en México sean muy pocos los funcionarios públicos que han estado en la industria. Ellos nunca han tenido que tronarse los dedos para pagar una nómina, vender un carro para dar un aguinaldo o vérselas con el inspector de Hacienda o del IMSS. Por eso ven la vida como si fuera algo automático”, reprocha el ecologista, y no titubea al decir que existe un divorcio entre la realidad real de la economía y la ideal de los teóricos de la política.
Ante ello, la labor del INAINE ha sido transmitir a los industriales mensajes que los hagan ver las ventajas de convertirse en “un buen vecino ecológico”, y sospecha que la mayoría de las veces los industriales tienen la idea equivocada de que invertir en insumos ecológicos no es redituable; sin embargo, a veces sólo se necesitan mejorar ciertas características de los equipos con que cuentan, por ejemplo, la combustión del piloto que activa la caldera, o colocar los tambores de almacenamiento en su lugar; o que la gente traiga su casco, o limpiar las áreas de trabajo... “Cuando uno implementa ciertas acciones de orden y limpieza, de improviso mejora el resultado económico”.
Sus logros, Libros y Premios Ambientales
Entre los logros del INAINE está la revalida¬ción de sitio contaminado con residuos peligrosos más grande de América Latina, en Jáltipan, Veracruz, donde se encuentran hacinadas cinco millones de toneladas de azufre impregnado con acido sulfúrico, y donde han aguantado huracanes como el que pasó recientemente por esta región. También realizó las primeras mediciones independientes de calidad del aire en la Ciudad de México y creó el primer programa voluntario de restricción al uso del automóvil llamado “Un día sin auto”, en 1988.
Referente al tema de reciclaje del PET menciona que tienen una relación muy cercana con la empresa Tecnología del Reciclaje de Plásticos, ubicada en Tecamac, donde reci¬clan cerca de 2 millones de botellas por día para producir fibra de poliéster para relleno y geomembranas.
Guerra recibió en el año 2009 de manos del Presidente Felipe Calderón, el Premio al Mérito Ecológico, que se otorga por primera vez en 17 años en la categoría Comunicación Ambiental. Este premio es el máximo reconocimiento que otorga el gobierno mexicano en materia ambiental a individuos y organizaciones que hayan contribuido significativamente al desarrollo sustentable del país. Asimismo, es miembro fundador del Leadership Development Program, de la Fundación Rockefeller.
Por otro lado, ha publicado los siguientes títulos: “Agua y Energía”, “Agua e Hidrología en la cuenca del Valle de México”, “El Aire Nuestro de Cada Día”, “Un Aeropuerto para la Ciudad de México”, “Rescate del Golfo de México”, una novela ambiental, y el más reciente: “Vida Verde”.
Ha recibido entre otros los premios Más allá de la Guerra conjuntamente con la Sra. Gro Harlem Brundtland y el expresidente Vaclad Havel y el premio del Instituto del Clima de Washington conjuntamente con el Dr. Mario Molina.
También ha impartido más de 500 conferencias nacionales e internacionales en los tres idiomas que domina, español, inglés y alemán. Ha transmitido en vivo para México en 1987 sobre la protección de la capa de ozono desde Montreal, Canadá, La Cumbre de la Tierra en 1992 en Río de Janeiro, Brasil, La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Población en 1994 en el Cairo, Egipto, en 1996 la del Hábitat en Estambul, Turquía y la de Kyoto, Japón en 1997.
Para concluir, el Químico Guerra asegura. “No puedo dejar de hacer lo que estoy haciendo - aunque mucho lo hago gratis- porque estoy comprometido con el medio ambiente. En mí tienen a un ecologista convencido de que el plástico ha permitido un gran avance para la humanidad pero debemos de manejarlo responsablemente”.