Las aplicaciones de las novedades tecnológicas y científicas en el sector textil aún ofrecen mucha tela de donde cortar. Se puede destacar desde el punto de vista de la tecnología, que lo último en la moda son las prendas electrónicas y los textiles inteligentes. Desde camisetas que se iluminan de acuerdo con el estado de ánimo del portador hasta ropa interior capaz de acelerar la curación de las heridas. Ante ello no es descabellado suponer que el traje de luces de los toreros llegará a ser efectivamente de luces de colores intermitentes, como el que dio a conocer la firma Lumalive el año pasado para el último tour mundial de Michael Jackson (que fue cancelado después de la muerte del cantante, pero que puede verse en el DVD
“This is It”, con todo y sus efectos).
Las noticias tecnológicas de este sector hablan de tejidos conductores de electricidad con capacidad para absorber los rayos de radar y que podrían emplearse tanto en el ámbito militar como industrial. Esos textiles, desarrollados por Eeonyx Corporation, empresa que ya había propuesto otros tejidos conductores inteligentes, como los E-Fabrics, tienen la ventaja de que pueden aplicarse en cualquier tipo de tela. Por otro lado, desde el fértil campo de la nanotecnología, la empresa británica P2i acaba de formular un recubrimiento sobre una ropa repelente de líquidos que permitirá desarrollar prendas blindadas de menor peso y con nuevos atributos.
Vestidos para después de casarse
Con el motor de la moda siempre encendido, la industria de la confección produce innovaciones cada vez más sorprendentes, sólo en el Reino Unido, la cantidad de ropa que compra el público aumentó en el último lustro un 40%, casi dos millones de toneladas por año. Cerca del 74% de esas toneladas se suma a la basura. Si se quiere atenuar el impacto de la moda en el medio ambiente, esa industria debe encontrar otras salidas, como las que está planteando un grupo de estudiantes de la Universidad de Sheffield Hallam, que acaban de crear un vestido de boda desechable o si se prefiere, reciclable. De hecho, la prenda al entrar en contacto con el agua se disuelve (chicas, ¡aguas en temporada de lluvias si se casan con este traje!).
Claro, se trata del atuendo más importante en la vida de algunas jóvenes y para muchas la sola idea de ver diluirse en el agua a su prenda más anhelada les parece una aberración. Ben Herbert, uno de los estudiantes del grupo de diseño, explicó “elegimos trabajar sobre el vestido de novia porque es una de las prendas de vestir en la que más dinero invertimos en toda nuestra vida y sólo la usamos una sola vez. Además, lleva metros y metros de tela. La mayoría conserva el vestido como recuerdo pero eventualmente termina en un tiradero”. Lo cierto es que a veces el traje de novia hace bulto en el ropero y en el mejor de los casos, si es que sobrevive a las mudanzas y a las contingencias del matrimonio, se lo pondrá una hija, una nuera, una amiga o los emplearán las nietas en una fiesta de disfraces o para pedir halloween. El vestido está hecho de un tejido que contiene alcohol polivinílico, un polímero sintético utilizado generalmente en detergentes, el cual se diluye en el agua sin impactar al entorno. Para las recién casadas más prácticas, después de la luna de miel pueden aprovechar el vestido de boda y obtener una prenda diferente. Basta meter las mangas del traje en agua para que se recorten y si se quiere,
entintar el vestido para disimular que es el de la boda.
Y hablando
de tintes…
En este sentido, en la industria de la confección ha despertado mucho interés una investigación que se lleva a cabo en la Universidad de Stanford sobre un tinte que podría conferir a la ropa, elaborada con telas convencionales como algodón o poliéster, una notable capacidad de almacenaje de electricidad. El grupo de científicos que se ocupa de los estudios habla de crear textiles no sólo como conductores de electricidad, sino con la propiedad de servir como pilas recargables. Hay quien pregunta: “¿suministrar energía a un iPod o a un teléfono móvil podría volverse tan fácil como conectarlo a la camiseta o a los pantalones y después recargar la ropa durante la noche? Asimismo, los investigadores hablan de ropas deportivas de alto rendimiento, de pantallasincorporadas a las prendas de vestir, de nuevas clases de baterías -para llevarlas integradas como parte del atavío- y de sistemas de monitorización de constantes vitales y otras variables médicas. Las aplicaciones que se ensayan en los laboratorios están proporcionando a los diseñadores una gama de opciones amplísima que pueden llevar a rápidos cambios en la moda, con increíbles tejidos y un flujo de novedades que sacudirá a los mercados en una dinámica de vértigo. Lo que anticipan los científicos se basa en un tinte fabricado con nanotubos de carbono de una sola pared. Cuando el tinte se vierta en los tejidos de algodón o de poliéster, le conferirá a éstos una excelente capacidad para almacenar electricidad sin que pierdan la flexibilidad, ligereza o elasticidad, inclusive después de varias lavadas y estrujadas.
Ropa interior indiscreta
Hace unos meses los habitantes del planeta se levantaron con la noticia de que la intimidad, en aras de la salud, había dejado de ser tan íntima porque ya había en el mundo unos calzones capaces de medir diferentes parámetros vitales, como el ritmo cardiaco. Con un biosensor electrónico incorporado al elástico esa prenda -a la que le basta estar en contactocon la piel para proporcionar datos
y medir la presión arterial, el ritmo cardíaco y otras señales vitales- los científicos podrán enterarse de muchas cosas más, e inclusive piensan sacarle provecho a esta aplicación y administrar medicamentos a través del tejido o aliviar el dolor. De hecho, los soldados estadounidenses serán los primeros en ponerse la ropa interior inteligente que, además de ser cómoda, resistente y presentable, podría salvar más vidas. Como cabe suponer, el proyecto está financiado por el Departamento de Defensa, y la tecnología desarrollada por Joseph Wang, un profesor de nanoingeniería de la Universidad de San Diego, forma parte de un cambio que consiste en pasar del tratamiento hospitalario al cuidado en casa. La tecnología emplea el consabido estampado serigráfico, aunque la tinta contiene electrodos de carbono. Sin duda la investigación de Wang es un resorte que podría promover el campo de la llamada “ropa inteligente”, y eso se desprende de lo que explicó a la prensa al subrayar que “esa iniciativa implica el seguimiento de las lesiones de los soldados durante la cirugía en el campo de batalla. El objetivo en todo caso es desarrollar sensores no-invasivos que puedan ubicar e identificar el tipo de herida” y adelantó que el biosensor que descubre la lesión también podría emitir los fármacos para aliviar el dolor y cuidar la herida. Una vez que se difunda la tendencia de la medicina personalizada para el control a distancia de personas de la tercera edad en sus casas, esta misma tecnología se generalizará entre los atletas, por ejemplo,
aunque Wang advirtió en la revista The Royal Society of Chemistry que se precisan más estudios, sobre todo en el desarrollo de sistemas de control confiables, antes de lanzar la ropa inteligente a mercados más amplios.