Los nuevos avances de los códigos de barras

A medida que avanza la tecnología, los identificadores electrónicos abren nuevos canales de comunicación entre compradores y vendedores, ya que nos permiten acceder a más información sobre el contenido y los antecedentes de los productos.
Pero, primero, un homenaje al impulsor de los códigos de barras que acaba de morir a los 81 años, Alan Haberman: él fue un empresario de Massachusetts que lideró el comité que eligió esa tecnología en lugar de otras para que IBM desarrollara el prototipo que hoy registra todo lo habido y por haber en las tiendas de todo el planeta.
Debe reconocerse, para los que no se imaginan lo arduo que era ese lío antes de que llegaran las computadoras y estos sistemas; se empleaban libretas, calculadoras y cajas registradoras para cotejar los datos de venta; y aun así a las dependientas les faltaban dedos para llevar bien las cuentas.
La primera lectura de código de barras se produjo en Ohio, en 1974, y por si al lector le gustan las anécdotas, fue de un paquete de chicles por valor de 0.67 centavos de dólar.

De la radiofecuencia a los códigos de la naturaleza
En estos años la tecnología en este campo comercial ha evolucionado de manera sorprendente. Por ejemplo, hace unos cuantos años se hablaba de que la identificación por radiofrecuencia, o RFID por sus siglas en inglés (radio frecuency identification), iba a rebasar al código de barras.
La RFID tiene muchas ventajas, ya que es un sistema que comunica al lector a través de una antena con un transponder o etiqueta, el cual no necesita contar con una batería (debido a que en su circuito integrado se induce una corriente mediante el campo electromagnético que produce la antena del reader).
A diferencia de un código de barras, la RFID no necesita contacto visual para obtener la lectura, por lo que las velocidades de registro son mayores. La tecnología es más o menos reciente, y aunque es muy efectiva para la captura de datos en forma automática aún no ha desplazado al código de barras.
Por otro lado, en los días que corren está por producirse una revolución en el mundo de las lectoras de barras. De acuerdo con Scott Morris, profesor de ciencia de los alimentos y de nutrición humana en la Universidad de Illinois, experto en la historia y evolución de los envases, y autor de "Food and Package Engineering" (Ingeniería de empaques y alimentos), el cliente puede saber de inmediato con la cámara del smartphone qué fábrica produjo los ingredientes del medicamento que tomamos o en qué país se cultivó el maíz del cereal del desayuno.
El consumidor pronto podrá conocer el ciclo de vida completo de un producto y a la firma que está detrás. Y si profundiza otro poco podrá, incluso, detectar quién fue el obrero que tuvo que ver con ese ciclo de producción. Por un lado, eso sirve para contar con la certeza de que el medicamento o el alimento que tomamos no es una falsificación y de que lo que comemos es fresco y seguro.
De hecho, el nuevo código QR, una especie de código de barras bidimensional que puede ser escaneado con un celular, proporciona un enlace directo y frecuente entre el comprador en la tienda y la información online sobre el producto escaneado.
Todo indica que este sistema de identificación global podrá hacer que las empresas tengan un plano de la ubicación, preferencias y hábitos de compra de los clientes. Inclusive, podría ayudar a identificar y aislar medicamentos peligrosos o alimentos contaminados en alguna parte de la cadena de suministro y evitar daños a los clientes y problemas legales a los productores.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), el problema de la falsificación de medicinas ya es muy grave; hasta 25% de las medicinas que consumen los países pobres podrían ser falsificadas o de calidad inferior -tanto de los productos de marca como de los genéricos-. Hoy, con un escáner, los clientes pueden verificar la autenticidad de los paquetes de medicinas.

El código de barras genético
El desarrollo de la tecnología del código de barras genético se ha extendido desde 2003 a tal punto que permite detectar con muestras parciales de ADN fraudes alimentarios, conocer la cadena alimentaria de los ecosistemas o saber qué animales vivieron hace miles de años, por ejemplo.
Con sólo ocho años de existencia, el uso de la técnica cunde en todos los ámbitos y los estudiantes, incluso, ya realizan prácticas para sus proyectos científicos. Por lo pronto, en los próximos cinco años la base de datos del código de barras genético estará compuesta por 500 mil especies de plantas, animales y hongos, lo que revolucionará la biología.
Como se sabe, esta tecnología permite certificar la autenticidad de los alimentos. De hecho, la FED aprobó en octubre pasado el llamado código de barras de ADN como una herramienta rápida, eficaz y costeable para identificar alimentos orgánicos.
David Schindel, un paleontólogo del Instituto Smithsoniano y Secretario Ejecutivo del Consortium for the Barcode of Life (Consorcio para el Código de Barras de la Vida, con sede en Washington), hizo contactos con restaurantes y abastecedores de mariscos sobre la utilización de la tecnología para certificar la autenticidad de los alimentos y advirtió que al adoptar el código de barras como marca de calidad comenzaremos a ver un movimiento autorregulatorio.

El arte tras las barras
De postre, un poco de arte: Con la llegada de los códigos QR se han dejado de lado los clásicos códigos de barras de los productos, no obstante, aunque pueden almacenar más información y de un modo más interactivo, los códigos de barras siguen presentes en nuestro día a día. Tanto es así, que un estudio de diseño japonés, D- Barcode, fue la primera que lanzó los primeros códigos de barras decorados, y la iniciativa se extendió rápidamente a los equipos de imagen de otras empresas, tanto japonesas como del resto del mundo. Las creaciones permiten que cualquier persona pueda admirarlos e incluso coleccionarlos y generar así una experiencia visual para el consumidor.
También en Nueva York se ha puesto de moda etiquetar los productos del supermercado con códigos de barras de llamativos diseños, y una marca americana de galletas, Zaba’s, ha logrado tener un gran impacto mediático por incluir en sus envases originales diseños de código de barras firmados por la diseñadora Yoel Miller; flores, nubes, zapatos, formas de vaso, y otras miles de ideas aplicadas al alineado de barras de identificación de producto. A lo mejor la utilidad de estos códigos de barras es hacer la cola más amena y entretenida en el supermercado, porque mientras esperas que llegue tu turno te entretienes con los dibujos.