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Arte: El arquitecto espacial de la Ciudad de México

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Juan José Díaz Infante Núñez fue un arquitecto fuera de serie. De hecho, prefería llamarse “un diseñador de espacios y sistemas”, y desarrolló, además, una teoría sobre la habitabilidad de los espacios que bautizó con el nombre de Kalikosmia (de Kali que en náhuatl significa casa, y Cosmos, universo, en griego).

Juan José Díaz Infante Núñez, que murió hace tres años, aseguraba que la arquitectura no existe, “se trata de sólo de pieles en el espacio”, y de ahí el nombre de la muestra que se exhibe hasta el mes de octubre en el Palacio de Bellas Artes, en el Museo nacional de Arquitectura.

En la primera imagen de la muestra, que por cierto fue curada por su hijo, Juan José Díaz Infante Casasús, se puede leer una de sus máximas, una advertencia quizás, para subrayar que “mi estilo es no tener estilo para no caer en lo obsoleto”; y en efecto, la obra expuesta tiene tanto de dulce, de chile y de manteca, en cuanto a estilos, que el espectador se siente por momentos en la orilla del alucine.

Pero no, no tanto es así. En la obra de Díaz Infante hay una constante: la experimentación, la aventura espacial, la reflexión sobre la luz y la penumbra. Se trata de un creador con una faceta de científico, capaz de jugar con las posibilidades de los materiales -incluso a nivel molecular, y con las del espacio, a un nivel macroscópico-, y que se dio tiempo para explorar las posibilidades de la materia que tenía entre las manos, como el plástico, el vidrio, el acero y el concreto. Un arquitecto que calificaba como científico.

Esencialmente, Díaz Infante era un innovador con muchas lecturas, no sólo de su ámbito constructivo, sino de escritores, filósofos y teólogos, como Theilhard de Chardin, o psicoanalistas como Sigmund Freud, o filósofos de la forma como Buckmister Fuller, y muchos autores más, inclusive del género de ciencia ficción, como Ray Bradbury.

La muestra ofrece una réplica del espacio de trabajo del arquitecto, con cerca de 100 láminas, maquetas, esbozos, apuntes, proyectos, fotografías, videos, libros y algunas entrevistas, que abarcan 50 años de ciencia del espacio y geometría pura como base de su pensamiento arquitectónico.

Por otro lado, hay fotografías de algunas de sus obras realizadas en plástico que sobreviven a la intemperie, como la casa que se encuentra en el Museo de Arte Moderno, o como el modelo en miniatura de la Casa Rotomoldeo diseñada en 1998.

Para el asombro se reserva algunos apuntes, donde se muestra su trabajo para la NASA, o para Disney, o para los Pumas del Universidad. ¿Cómo conjugar toda esta diversidad en una muestra que lo quiere articular de algún modo?

Al final, el sabor que queda es que Díaz Infante fue un arquitecto de la Ciudad de México que escapó  de  la postura “arquitectura mexicana” (de 1960 a 1980) para orear el espacio y abrir una ventana al futuro mexicano, como puede apreciarse en el edificio de la Bolsa Mexicana de Valores, en la Terminal de Autobuses de Pasajeros, la TAPO, el First National City Bank o el edificio de Procter & Gamble. No se la pierda. Hay mucho que aprender.

Museo Nacional de Arquitectura

Palacio de Bellas Artes: Av. Juárez esquina Eje Central, Centro Histórico.

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