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De vacunas, contagios y otras prisas: los síntomas de una nueva normalidad

La medicina está saltándose etapas para atender una emergencia que superó cualquier pronóstico. Las vacunas están probando sus alcances a medida que se van aplicando.

Lo peor y lo mejor de sí está sacando la humanidad en esta crisis. A lo lejos ya brillan algunas luces de esperanza de que esto tiene un fin, aunque el proceso de vacunación no corre a la velocidad que muchos anhelan para hacer reflotar a un mundo que a lo mejor ya no se va a parecer al que teníamos antes de que surgiera la pandemia a finales de 2019, pero que tampoco deseamos que se parezca a los meses de cuarentena que tuvimos que soportar.

Con tanta oferta de diferentes laboratorios y de vacunas aprobadas y disponibles para el público en varios países, a la ansiedad de la gente se suma una nueva preocupación: ¿qué vacuna es mejor? Hay quienes quieren darse el lujo de optar por una o por otra, cuando los epidemiólogos aconsejan que no se pongan sus moños, “que no es un momento para andar eligiendo”, por lo menos así piensa John Wright, epidemiólogo del hospital universitario Bradford Royal Infirmary en el centro de Inglaterra, quien se dio cuenta de que sus colegas médicos prefieren una vacuna, mientras que el público suele optar por otra.

En algunos países, inclusive, como en Italia, rechazan la AstraZeneca porque piensan que las de Pfizer y Moderna son más efectivas. Y en otros países europeos, como en Noruega, Dinamarca, Islandia, los Países Bajos, Francia, Alemania y Bélgica, entre otros, la rechazan también, e informan que no la aplicarán a mayores de 65 años por considerar que no hay datos suficientes sobre su efectividad. Sin embargo, ya fue autorizada en la lista de la OMS.


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También hay desconfianza por la Sputnik V, de producción rusa, y la Sinopharm, de China, que están llegando a América Latina y a otras regiones del mundo, y con resultados de efectividad prometedores. Según los datos publicados en la revista The Lancet, la Sputnik V demostró una efectividad del 92%, y se sabe que la Sinopharm cuenta con una efectividad del 79.34%, aunque los resultados de la fase III del ensayo clínico no se ha publicado aún en revistas científicas.

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: El COVID-19 afecta de distintas maneras en función de cada persona.

Inclusive el tema de las dos dosis se está reconsiderando, ya que una sola dosis de la vacuna contra el coronavirus de Pfizer/BioNTech resultó capaz de bloquear el 75% de las infecciones asintomáticas, de acuerdo con un estudio sobre trabajadores del Servicio Nacional de Salud del Reino Unido (NHS).

La salida está cerca

De hecho, hay inmunólogos que ven un futuro menos sombrío, más sonriente. Y esgrimen que las campañas de vacunación efectivas comienzan a dar buenos resultados. “Israel nos está diciendo que las vacunas están funcionando alentadoramente bien. Hay buenas noticias en este sentido: se alcanzó un 94% de protección”, según Luke O’Neill, profesor de Bioquímica en la Escuela de Bioquímica e Inmunología del Trinity College de Dublín, quien piensa que estamos a unos meses, quizás a un año de dejar atrás la pandemia que dejó cicatrices y mucho dolor en 2020.

Así lo demuestran los números” –dijo hacia finales de febrero de este año–: “a nivel global, se pudo constatar una retracción del 17% en la tasa de contagios, convirtiéndose en la decimoquinta semana consecutiva con un marcado descenso en la cantidad de nuevos casos confirmados. También hubo una caída del 10% en la tasa de mortalidad la semana pasada, la segunda semana consecutiva en la que disminuyen las muertes en todo el mundo”. De acuerdo con la previsión del especialista, los próximos nueve meses serán claves.

Sin embargo, O´Neill pidió a los países que se han asegurado más vacunas que las que realmente necesitan que compartan por humanidad estos inoculantes al resto de las naciones que aún no han dado celeridad a sus campañas de vacunación para asegurarnos de que no dejamos huecos para que se filtre nuevamente el virus. Suplicó que hagamos un escudo impenetrable a nivel internacional.

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México arrancó su campaña de vacunación.

Hay países desarrollados que cuentan con un excedente en el número de dosis de vacunas por cada habitante. Canadá, por ejemplo, cuenta con un suministro de nueve vacunas por persona; Estados Unidos, siete; Reino Unido, seis, y la Unión Europea, 5. “El objetivo es que el mundo logre la inmunidad de rebaño lo antes posible, y acumulando vacunas esto no será posible”, reprochó.

La suerte de apurarse

Las vacunas desarrolladas en tiempo récord contrastan con el tiempo que lleva hacerlas a fondo, como señaló hace unos meses el doctor Paul Offit, del Centro de Educación sobre Vacunas y co-creador de una de las vacunas más importantes que se dan actualmente como la del rotavirus.

En una charla asentó que: “El tiempo promedio que lleva hacer la investigación y el desarrollo de una vacuna es de aproximadamente de 15 a 20 años. Yo tuve la suerte de formar parte de un equipo en el Hospital de Niños de Filadelfia que creó las cepas que se convirtieron en la vacuna contra el rotavirus reordenamiento humano bovino, RotaTeq. Ese desarrollo nos llevó 26 años. Por eso, quienes intentan hoy desarrollar una nueva vacuna en los próximos meses seguramente omitirán algunos pasos principales y acelerarán otros para poder tenerla en los próximos meses”, indicó Offit, tal como ocurrió.

En esa misma plática, destacó que, dadas las características de este virus (una de las siete variedades de coronavirus, cuatro menos patógenas y tres, peligrosamente patógenas), los investigadores y creadores de vacunas tomaron caminos diversos, unas más tradicionales que las otras, y unas que nunca se habían hecho, como la vacuna mensajera de ARN o ADN. El impulso que la pandemia por COVID-19 le dio –paradójicamente– a la tecnología del ARN mensajero, puede abrir muchas puertas para generar nuevas vacunas tanto profilácticas como terapéuticas.

Hace días, en el diario El País, de España, apareció una nota sobre el potencial de esta tecnología que aplican la vacuna de Pfizer/BioNTech y Moderna. Como antecedente, citan que en 2015 el inmunólogo Drew Weissman, Katain Karikó y Norbert Pardi, también de la Universidad de Filadelfia, hicieron un descubrimiento importante.

Crearon el envoltorio adecuado para que el ARN mensajero llegue al sistema inmune. Se trata de nanopartículas esféricas hechas de grasa que transportan hasta las células del sistema inmune el ARN mensajero. El equipo de Weissman ha demostrado en animales que estas vacunas encapsuladas generan una respuesta inmune mucho más efectiva, por ejemplo, contra la gripe. La clave es que estimulan la producción de linfocitos T auxiliares foliculares, que a su vez estimulan la producción de anticuerpos contra el virus y células de memoria que serán capaces de reconocerlo meses, años, tal vez incluso décadas después.

El laboratorio de Weissman y Pardi desarrolla ahora mismo nuevas vacunas de ARN para 30 enfermedades infecciosas diferentes. “Son el futuro”. Cinco de ellas se están probando ya en humanos: dos contra el virus del sida, una contra la gripe estacional, otra contra todas las gripes, y otra contra el virus del herpes genital. “Esta tecnología tiene un potencial enorme”, señala Weissman.

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Con las vacunas se espera lograr pronto ‘la inmunidad de rebaño’.

Nada volverá a ser lo mismo

Una vez que la vacunación esté extendida –sentencia O´Neill–, aún tendremos que restringir los viajes entre los diferentes países. Ese es el precio que tendremos que pagar para tener cierta libertad y no volver a confinamientos estrictos. La libertad implicará la reapertura de actividades, permitirá que ciertos eventos vuelvan a hacerse, eventos de escala internacional empezarán de vuelta a suceder, pero el precio que debemos pagar será el de no poder llevar a cabo viajes internacionales”, compartió.

Y es que, como en esas películas que uno cree que el villano ya está abatido, sucede que no y se torna más fiero. Por lo pronto, el mundo podría estar de nuevo en vilo debido a la aparición y propagación de nuevas variantes del SARS-CoV-2, sobre todo porque varias de esas versiones –como la inglesa, la sudafricana y la brasileña, bautizadas así por el país donde se las detectó inicialmente– serían más contagiosas que la variante original, y se teme que algunas de ellas incluso podrían reducir la efectividad de las vacunas y tratamientos existentes.

La variante británica, por ejemplo, se ha difundido ampliamente en Estados Unidos y podría convertirse en dominante en el futuro cercano. Michael Osterholm, el epidemiólogo que anticipó la pandemia del COVID-19, pronosticó que, si bien por ahora el coronavirus está bajo control, podría desatarse una nueva ola tanto o más destructiva que la primera, producida por las nuevas cepas, especialmente la británica.

Eso sí, no mostró duda respecto de las vacunas a las que calificó como seguras, y opinó que no hay razones para creer que podrían provocar efectos secundarios a largo plazo, “pero, aun así, debido al lento avance de los planes de vacunación, la nueva ola podría precipitarse en fechas próximas”.

Más aún, el epidemiólogo comparó el nuevo brote con la potencia destructiva de un huracán de “categoría 5” que podría afectar a varios países del mundo.

En ese mismo sentido, Bill Gates, magnate de la tecnología, fundador de Microsoft y un activista en la lucha contra el COVID-19, lanzó una seria advertencia sobre el proceso de vacunación contra el nuevo coronavirus y exigió poner atención para la próxima pandemia como si se tratara de una guerra, incluyendo la inversión de decenas de miles de millones de dólares cada año: «La amenaza de la próxima pandemia estará siempre planeando sobre nuestras cabezas, a menos que el mundo tome medidas para prevenirla«, previno.

Autor: Mauro Barona

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