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El poco impulso a la ciencia

La iniciativa privada no está dispuesta a pagar por investigación científica, asegura Rafael Guillermo González Acuña, físico mexicano. 

El Sistema Nacional de Investigadores en México regularizó la ciencia en el país, de acuerdo con Rafael Guillermo González Acuña, físico mexicano de 29 años de edad, que logró descifrar la fórmula general para el diseño de una lente singlete biasférica, problema matemático señalado desde la Grecia Antigua por Diocles; y que Isaac Newton y Wilhelm Leibniz no pudieron resolver.
No obstante, esta entidad, que se creó el 26 de julio de 1984 por acuerdo presidencial, publicado en el Diario Oficial de la Federación, para reconocer la labor de las personas dedicadas a producir conocimiento científico y tecnológico, cayó en un grave problema, según refiere, puesto que la beca a los investigadores la cubre, por una parte, las universidades y, por la otra, el Conacyt (Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología).
Durante su intervención en el LI Foro Nacional de la Industria Química 2019, Rafael González enfatizó que dar resultado a dos instituciones distintas no es fácil, ni eficiente y, bajo ese contexto, y a pesar de las deficiencias que representa reportar a dos instituciones a la vez, hizo hincapié en la falta de compromiso de la iniciativa privada por su nula participación en el desarrollo científico nacional.
A nivel global México está en la posición 28 en investigación científica. En Latinoamérica estamos por debajo de Brasil, y muy lejos de Chile. Yo creo que este país no cree en la ciencia. El Sistema Nacional de Investigadores es una buena propuesta por parte del gobierno y el Conacyt. Eso está perfecto, pero el hecho revela algo más oscuro: el gobierno tiene que mantener a la ciencia”.

TRÁMITES Y RUTINAS

A decir de Rafael González, los científicos del Sistema Nacional de Investigadores reportan cifras y generan, muchas veces, estudios que el pueblo mexicano –quien paga con sus impuestos esas becas–, no disfruta.
En primer lugar, porque no leen o no entienden la información generada, y en segundo, porque la iniciativa privada no ve en esas ideas conocimiento que generen empleos y más riqueza. Son, en su mayoría, investigaciones muy abstractas, y todo esto, explica, sucede porque no hay una relación entre los tres poderes: academia, investigación e industria.
Desde mi punto de vista, “un panorama ideal sería que, de cada siete pesos, la iniciativa privada pusiera seis, y el gobierno, uno. La industria tendría entonces voz de mando y, desde un principio, se investigaría sobre áreas que aportarían realmente soluciones específicas.
En Alemania, por ejemplo, las universidades lanzan convocatorias de doctorado, y éstas vienen ya con el sello de cierta empresa, que conoce sobre las tendencias en el mercado. Las compañías saben cuáles son sus necesidades y hacia donde debe darse la investigación”.
Lo anterior, agregó, “también tiene ciertas limitantes, porque los lineamientos preestablecidos merman la creatividad del investigador. Por eso es importante la comunicación entre empresas, academia, gobierno e industria”.
Su participación en la quinta sesión plenaria: Innovación, Tecnología y Capital Humano: Componentes para el bienestar social y económico de México, la cerró con un mensaje dirigido a los industriales, asociaciones y representantes de gobierno reunidos en el auditorio: “Los países de primer mundo se apoyan en la ciencia, y los que no somos del primer mundo, pedimos apoyos para la ciencia”.

EDUCACIÓN DE VANGUARDIA

¿Cómo podría una universidad pública, de la talla de la UNAM, cambiar sus planes de estudio para formar los líderes del futuro? José Antonio Lozano, rector general del Sistema UP-IPADE, expuso que, además del presupuesto público, la Universidad Nacional Autónoma de México debe contar con otras fuentes de ingreso, como las que podría ofrecer la iniciativa privada, a fin de producir incentivos positivos de transformación.
La educación también se debe enfocar en los jóvenes. En hacerlos más competitivos en el mundo profesional. No solamente enseñar planes ya muy históricos, sino abordar temas en torno a la innovación que requiere la industria. En México seguimos formando en matemáticas, física, química…, como siempre nos han enseñado. No hemos aprendido que hay otros mecanismos, como las herramientas tecnológicas”.
 

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