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El principio transgresor del arte

Por Julio César Sánchez

Como enfatiza Héctor Palhares, jefe de curaduría del Munal, toda obra artística tiene como misión fundamental comunicar una emoción, un sentimiento, una crítica, una reflexión. Por lo mismo, el arte contemporáneo, explicó en entrevista para Ambiente Plástico, no necesariamente debe ser algo bello, puesto que, en comparación con los movimientos culturales que se produjeron en el renacimiento, el barroco o en el neoclasicismo, incluye piezas que pueden, inclusive, causar disgusto, aversión o repulsión en el espectador.
Las horas de trabajo, de acuerdo con el especialista en el montaje de exposiciones, tampoco determinan si una obra es arte o no. Esta concepción se entendió en el contexto del renacimiento, cuando Miguel Ángel pintó durante ocho años la Capilla Sixtina, según refiere.

“La validez que puede tener un artista no es ni por sus horas de trabajo, ni por el dominio de una técnica, o el preciosismo de cómo realiza un detalle. Actualmente lo que vale de un artista es el concepto, la idea, lo que él nos está comunicando a través de la obra”.

Bajo ese contexto, señaló que el arte tampoco tiene que elevar el espíritu del espectador. Pues, de ser así, el goce estético se volvería un lugar común, a la manera de lo que fue en el renacimiento o el barroco, donde la gente veía una pintura religiosa, y si había una sublimación.
El mundo contemporáneo”, sentencia, “provoca una reacción, una crítica, una reflexión, como la escultura de Jaume Plensa (Behind the walls), una pieza blanca que recuerda a los mármoles de artistas del pasado, de las culturas antiguas”.

UN ASPECTO DE LA REALIDAD

Más que la forma, el arte contemporáneo busca el contenido. Es confrontarse a la realidad. Ejemplos hay muchos: Teresa Margolles, artista conceptual mexicana, es uno de ellos. También diplomada en medicina forense, Margolles coloca como pieza artística un muro lleno de balas, representación que implica el narcotráfico en México.
En relación con los materiales, muchos provienen del petróleo. Tal es el caso de las resinas plásticas, muy comunes en el arte contemporáneo. Sobre este punto, Héctor Palhares indica que, en la historia de la producción artística, la gente ha recurrido a los materiales disponibles en su entorno.
El hombre prehistórico utilizaba la piedra, como en Stonehenge, Inglaterra. Las culturas antiguas emplearon mármol, canteras, entre otros materiales. También hay registros de elementos vegetales, grasas animales, residuos de flores, hasta llegar a épocas más recientes con las pinturas al óleo, base aceitosa para fijar los pigmentos en la obra”.
Como Jan Hendrix, artista holandés que ha vivido y trabajado en México desde 1978, Maribel Portela, escultora mexicana, utiliza polímeros, resinas, materiales plásticos para instalaciones que, muchas veces, denuncian, critican y abordan temas en torno al medio ambiente.

TRANSPORTE Y GESTIÓN

Trasladar una obra de arte es complicado. Para ello, los museos recurren a compañías especializadas en la transportación de obra artística. Sin embargo, antes de llegar a esta etapa, los directores de un museo solicitan, primero, la obra o pieza a otro museo homólogo o institución.
Estos trámites, apunta Héctor Palhares, llevan, a veces, de tres a cinco años. Todo depende del volumen de la obra, y de la cantidad de piezas que se soliciten. “La gestión incluye un contrato de comodato que invita a una pieza a viajar de un país a otro, o de un museo nacional a otro, para exhibirse durante un tiempo determinado”.
Ese documento, destacó, considera un seguro por robo, extravío, daños…, que paga el museo que solicita la pieza, además de las características específicas para su montaje. “Junto con la pieza, llegan comisarios o representantes del museo que presta la colección. Ellos supervisan que se cumplan las condiciones para el montaje de la obra. Se incluye cobertura de viáticos y los gastos de la transportadora”.

EMBALAJE ESPECIAL

Trasladar una obra de arte representa uno de los gastos más fuertes de un museo, comenta Héctor Palhares. Se recurre a cajas especiales de embalaje, con características que cuidan temperatura, humedad, impactos durante el viaje, entre otros. Cada caja, que incluye Unicel, para que la obra no se mueva, puede costar hasta 35 mil pesos. A veces, cuando son intercontinentales, las piezas viajan por mar, pero, generalmente, lo hacen por aire, en Air Cargo.
Estos aviones están especializadas en transportación de obra de arte. Tienen condiciones de seguridad y de espacialidad, para trasladar la pieza cuando llega a la aduana, donde se hace todo un trámite de papeleo, por derechos de importación de la pieza, de autorización del museo que está prestando la obra, y la liberación de la aduana, la cual puede tardar dos días, a veces más”.
En el caso de Behind the walls, de Jaume Plensa, se necesitaron de grúas y montacargas, por tratarse de piezas enormes. La obra completa pesa más de dos toneladas.

UN PIE EN LA POLÉMICA

Aunque ocurre, la esencia del arte no es vender, sino comunicar. Para una creación artística, igual se usa plástico, o animales disecados, como un tiburón, un chivo, o un poni. “En el caso de Behind the walls, Jaume Plensa utiliza resina de Poliéster, en primer lugar, porque la obra se expone en la intemperie. El material, en ese caso, tiene una correlación con el objetivo que el artista está planteando”.
Finalmente, subrayó que la inclusión de materiales diversos en el arte posee un carácter no subversivo, pero sí de comunicación. De ahí la licencia de las Bellas Artes de incorporarlos a su creación.

BEHIND THE WALLS

Jaume Plensa, es conocido internacionalmente por presentar esculturas monumentales, sobre todo de rostros femeninos. Con exhibiciones en Roma, Tokio, Londres, Miami y Nueva York; ahora llega a la Ciudad de México.
Behind the walls (o Detrás del muro), una pieza de casi ocho metros de altura, elaborada en resina de Poliéster, polvo de vidrio y mármol, estará en exhibición hasta el 23 de febrero de 2020 en el Museo Nacional de Arte (Munal).
La imagen es muy sugerente, explica Héctor Palhares, jefe de curaduría del Munal, además de significativa, porque alude a los rostros femeninos tradicionales en la escultura del artista catalán, lo que invita a la introspección, al análisis y a detenerse un momento en lugares públicos.
Se trata de una joven que lleva sus manos a la cara, que cubre sus ojos, pero que no se aparta del mundo”, por el contrario, refiere nuestro entrevistado, “nos enseña a convivir en esta época complicada, convulsa, difícil, de violencia, de luchas civiles, religiosas y de conflictos internacionales de todo tipo”.

 

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