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El rol de los jóvenes en el desarrollo industrial y económico de México.

La riqueza de las naciones que en un inicio dependía del número de fábricas, de la extensión territorial y de las herramientas de trabajo y las máquinas, ahora depende del conocimiento y de las habilidades del capital humano como principales detonantes del crecimiento económico. Aquí, el papel de los jóvenes profesionistas es crucial. 


 

Como consecuencia de la era global en la que nos encontramos, la juventud actual accede al mercado de trabajo en condiciones muy distintas a las de sus padres. En tan solo unos años ha cambiado drásticamente la manera de dirigir las organizaciones y el modo de trabajar como consecuencia de la tercera y cuarta revolución industrial: la incorporación de la informática a los procesos productivos y la globalización.

La producción en serie pasó a ser flexible, el proceso manual a ser mecanizado, la oferta supera a la demanda, del mercado local se pasó al mercado global, de la espera del cambio ahora hay que predecirlo, la tecnología se puede comprar, el ciclo del producto ahora es muy corto y de una competitividad normal se pasó a una atroz, porque el entorno que antes era estable, ahora cambia de manera continua.

Esto provoca que los jefes que antes eran autocráticos tengan que ser líderes y deleguen responsabilidades a los empleados. Del trabajo individual se pasó al trabajo en equipo, la calidad pasó del control a la prevención; la persona que se contrata tiene que ser multifuncional cuando antes se demandaba al especialista y la supervisión del empleado pasa del control a los resultados. Este es el actual mundo laboral con el que se topan los jóvenes.

En mi opinión, su rol en el desarrollo industrial y económico de México debe cimentarse en siete puntos: equilibrio entre la oferta educativa y la demanda del mercado, desarrollo de habilidades, reciclaje continuo, reto profesional, liderazgo, aprendizaje y comportamiento ético. Veamos cada uno de ellos.

 1.     Equilibrio entre la oferta educativa y la demanda del mercado

Le corresponde al Estado definir un modelo educativo a largo plazo que proporcione a la sociedad lo que esta necesita. Los jóvenes de hoy son el capital humano del mañana. Por lo tanto, el Estado tiene que potenciar la enseñanza primaria, secundaria y preparatoria. Al mismo tiempo, las universidades e instituciones como CECYT, Conalep, CBTIS, CETIS, entre otras, tienen que definir la estrategia para alcanzar el más alto nivel de formación y ofrecer carreras de calidad en equilibrio con la demanda del mercado. Una juventud bien preparada es la máxima garantía para el desarrollo del país.

 2.     Desarrollo de habilidades

Para poder trabajar en el entorno actual, el profesionista, joven o maduro, precisa de habilidades. No basta sólo con los conocimientos. En el trabajo hay que tener iniciativa y capacidad de toma de decisiones, saber separar lo fundamental de lo general y tener capacidad para resolver problemas, gestionar proyectos, trabajar en equipo, comunicar y aprender rápido.

Hay que enseñarles a los jóvenes a ser perseverantes, tener cultura del esfuerzo y predisposición al cambio y a la movilidad geográfica.

 3.     Reciclaje continúo

El ritmo trepidante del avance tecnológico implica que lo que hoy vale, mañana no. Y ese mañana es inmediato. Anclarse por comodidad en la rutina es peligroso. Un país con un núcleo de personas sin formación tiene un porvenir oscuro. El futuro de jóvenes sin interés por aprender y que tratan de vivir con el menor compromiso y esfuerzo, es muy preocupante.

La formación tiene que ser continua hasta que la persona llegue a la jubilación. El futuro del país depende de su capital humano y los jóvenes de ahora son los que con su saber y trabajo decidirán su porvenir.

 4.     Reto profesional

Desde que una persona comienza a laborar es dueña de su carrera profesional, ella es quien la debe diseñar. Si no le satisface su trabajo, tiene que buscar la salida y abandonar la compañía para encontrar en otra lo que busca. Asimismo, debe llevar consigo actitudes esenciales, tales como la cultura del esfuerzo, la resistencia a la frustración y el buen uso de las nuevas tecnologías. 

La cultura del esfuerzo

Si el joven se educa de manera exclusiva para el disfrute material, sin prepararse para el trabajo y la exigencia del sacrificio que impone muchas veces la vida, su futuro es muy incierto y si esto se generaliza a nivel de la juventud del país, éste no prosperará.

Educar sin la cultura del esfuerzo es un fenómeno peligroso y ante el cual un país tiene que estar en estado de alerta. Cuando una nación eleva su nivel de vida se cae en la tentación de que el objetivo es disfrutar de la vida en el aspecto material: ir a restaurantes, salir de vacaciones y trabajar lo menos posible. En consecuencia, los costes de producción suben, la gente trabaja menos y la productividad decae, sube el absentismo laboral y el país entra en crisis, por lo que no puede competir en el mercado global.

La resistencia a la frustración

Si se educa a los jóvenes en la comodidad y en la facilidad no sabrán afrontar los problemas que surgen en la vida. Ante cualquier contratiempo se hunden. A un joven hay que prepararle para que se levante y luche con fuerza ante las adversidades de la vida.

El buen uso de las nuevas tecnologías

El avance tecnológico siempre ha sido beneficioso para la humanidad. Ahora, el trabajador emplea menos horas, sus actividades son menos duras, los salarios son mayores y además las clases menos favorecidas tienen la oportunidad de acceder a la cultura. Nadie niega que la tecnología sea buena para la sociedad. Sin embargo, también se hace mal uso de ella.

El tiempo que un joven pierde en las redes sociales o en el chat es un peligro para su formación. No destina parte de ese tiempo apreciable al mundo de la cultura –por ejemplo leer– y descuida un aspecto muy importante: la comunicación verbal.

Liderazgo

Aún en épocas de crisis, el éxito de un proyecto de empresa depende del liderazgo de la dirección. Los jóvenes de hoy, para ser líderes, tienen que saber que el conjunto de habilidades con las que deben contar son: la humildad, creer en lo que se dice, aceptar las nuevas condiciones de la economía y del mercado –la era global–, ser íntegro, fomentar la participación de los trabajadores, saber organizar y planificar su trabajo, ser optimista pero cercano a la realidad, con objetivos, que transmita tranquilidad, descentralizador, honrado, valiente, con visión de futuro, con sentido común, coherente, comunicador con lenguaje sencillo, con capacidad de intuición y saber actuar en cualquier parte del mundo.

Se precisan emprendedores

Para que un país tenga futuro es muy importante que existan emprendedores. Las claves para ser este tipo de persona son: vigilar el entorno y aprovechar la oportunidad, ser realista, ser eficaz, adelantarse a los demás, entender que no todos los negocios son globales, simular como cliente, encontrar fuentes de financiación, darle la forma jurídica adecuada al negocio, tener perseverancia y cultura del esfuerzo. 

Comportamiento ético

La ética es ta
n importante que cada vez tiene más incidencia en la cuenta de resultados de los negocios. De la juventud en México, algunos serán responsables de grandes empresas y de la estructura política del país y otros desempeñarán otras actividades, siempre con algún deber. A esta juventud hay que hacerla reflexionar sobre los graves daños que se producen por falta de ética: los causados al medio ambiente, a los consumidores –alimentos adulterados, precios abusivos–, los que la empresa provoca a los empleados –trabajo temporal, sueldos bajos y deficiencia en la política de riesgos laborales– y los causados por los trabajadores a la empresa –soborno, bajas laborales injustificadas, robar conocimientos de la empresa y tiempo a la organización, falta de actitud y compromiso–.

Conclusión

El desarrollo industrial y económico de México dependerá de que se forme bien a los jóvenes, tanto en conocimientos como habilidades, de que la formación sea continua y de que existan líderes y emprendedores con un comportamiento ético ejemplar.

Ángel Baguer Alcalá

Consultor de Alta Dirección

Profesor de Economía y Dirección de Personas

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