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La evidencia de lo invisible: los microplásticos, ¡al fin detectados!

El sensor que detecta microplásticos en agua embotellada ganó medalla de oro en la competencia International Genetically Engineered Machine (iGEM)

Los microplásticos son pequeñas partículas que se desprenden de botellas de plástico, textiles, pesticidas y pegamentos, entre otros, y hoy es posible detectarlos en botellas de agua gracias a un sensor desarrollado por alumnos del Tecnológico de Monterrey, Campus Estado de México.

Este sensor, que siguen perfeccionando, y en el que trabajó un grupo multidisciplinario de dicha universidad, se enfoca asimismo en identificar los disruptores endócrinos; esas pequeñas partes que componen a los microplásticos.

Brenda Jiménez, estudiante de Ingeniería en Biotecnología en el Tecnológico de Monterrey, e integrante del equipo encargado en desarrollar estas mediciones, explica que las micropartículas de plástico “afectan no nada más al cuerpo humano, sino a todos los seres vivos que se exponen a ellas”.

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Según refiere la entrevistada, “los disruptores endócrinos poseen una estructura similar a la de las hormonas, de modo que pueden emular el trabajo de éstas, pero sin funcionar correctamente”, lo que podría causar un sinfín de desajustes asociados a estos materiales microscópicos.

La botella de agua expuesta al sol puede desprender microplásticos

Brenda admite que, por el momento, “…vamos a terminar la primera parte, que fue justo el sensor, y a seguir con la segunda” que busca, “a través de la biología sintética, obtener y producir una proteína que degrade a los microplásticos. Espero que sí se pueda desarrollar”.

 

Por su parte, Nayelhi Alcázar, egresada de la carrera de Ingeniería en Biotecnología en el Tecnológico de Monterrey, Campus Estado de México, alertó que las botellas de plástico con agua, por ningún motivo, deben ser expuestas por mucho tiempo al sol, “y mucho menos agitarlas demasiado al ser transportadas”, puesto que con las altas temperaturas y con el movimiento continuo de la botella se da pie a la erosión del plástico y a la liberación de microplásticos que, al final, terminarán en el organismo del consumidor:

“Hay que ser más cuidadosos, porque si dejamos las botellas con agua expuestas al sol, o si las traemos en la mochila agitándose, o si las dejamos en el carro y, en el sol, o en el calor, pues van a desprenderse microplásticos y los vamos a ingerir”, comentó.

Detalles del sensor

“Nuestro sensor consiste en dos partes: la primera, la biotecnológica, y la segunda, tiene que ver más con software, hardware y mecatrónica. En torno a la biotecnología, nosotros desarrollamos una proteína a través de biología sintética, la cual es capaz de atrapar estos compuestos disruptores endócrinos. Una vez que los atrapa, la otra parte del sensor consiste en una microbalanza de cristales de cuarzo que detecta este cambio de masa. A través de estos mecanismos se pueden cuantificar estos microplásticos”, comenta Nayelhi Alcázar.

Uno de los grandes retos para el desarrollo de esta tecnología fue lograr la síntesis de la proteína: “Lo teníamos todo en papel, sabíamos que (teóricamente) funcionaría si determinada bacteria la produjera en ciertas condiciones; pero una vez en el laboratorio encontrar una bacteria que lo hiciera fue muy difícil y más que la pudiéramos purificar… Fueron varias pruebas”.

Esta innovación podría llegar eventualmente del análisis del agua embotellada al del agua potable, lagos, ríos y mares. Para eso será importante desarrollar un dispositivo In situ, tomar la muestra de agua a través del dispositivo y cuantificar.

La evidencia de lo invisible: los microplásticos, ¡al fin detectados!
: Alumna del Tecnológico de Monterrey, Campus Estado de México, en laboratorio

Para avanzar en estos temas, y tener por prioritaria la salud del consumidor de agua embotellada, así como de los mismos animales que beben en cuencas de agua, Brenda Jiménez destaca la importancia del gobierno y de las regulaciones que se puedan conformar desde el Senado para garantizar que el agua potable o embotellada esté libre de microplásticos: “Personalmente, yo opino que la solución no es dejar de utilizar el plástico, porque es un material muy útil”.

Adicionalmente, agregó que es importante disponer de los productos postconsumo de forma correcta para evitar que lleguen a los mares y, en su lugar, puedan ser reciclados y reinsertados a la cadena de valor.

Brenda Jiménez y Nayelhi Alcázar hacen un llamado a los industriales del plástico, “quienes tienen el poder de hacer un cambio total desde sus plantas, fortaleciendo el rediseño de los productos y promoviendo siempre una economía circular”, concuerdan ambas investigadoras.

 

 

 

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