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La mirada crítica a la Industria del Plástico

La industria de Envase y Embalaje es de la más afectada por las posturas ambientalistas. Ahora más que nunca, la Industria del Plástico debe comunicar las bondades del material, explica Fernando Pérez Peralta, consultor.

Es bien conocida la situación que atraviesa la Industria del Plástico, en lo que atañe a su reputación, debido a dos factores principales: la desinformación y la evidente contaminación que genera la inadecuada disposición de los desechos. El problema es real, sí, pero con un componente muy importante de percepción.
Por otro lado, la Economía Circular, conceptualizada como un medio para lograr el desarrollo sustentable, ya está en boca de todos, y el plástico es quizá el objetivo más visible en la mira de los movimientos ambientalistas, pero –aún más importante– de la gente común.
Ahora, siendo más específicos, sabemos que el ataque mediático hacia los materiales plásticos está dirigido sobre todo a la industria del Empaque, Envase y Embalaje, y en menor medida al mercado de consumo, ya que estas envolturas son las que aparecen en las imágenes muy difundidas relacionadas con la contaminación de calles, suelos, ríos y océanos, además de ser de un solo uso nominal. Los materiales involucrados son los Polietilenos (PE), el Polipropileno (PP), el Poliestireno (PS), el PVC (Policloruro de Vinilo) y el Polietilén Tereftalato (PET), principalmente.
De una u otra manera, los materiales tradicionales a los que ha sustituido el plástico a lo largo de la historia, como el papel, el vidrio y el aluminio, han escapado del juicio popular, aunque comparten los mismos mercados y se encuentran presentes también como contaminantes del ambiente. Una ventaja indiscutible de éstos es el valor que tienen en el mercado del reciclado, factor clave y reto para los plásticos de alto consumo.
La gente común no sabe lo que representa, en términos de eficiencia energética, recursos naturales, costos de transporte, entre otros, fabricar productos y reciclar este tipo de materiales. No se asume como responsable parcial de la mala disposición de los residuos, pero sí acoge la idea generalizada de que, simplemente, los plásticos contaminan.
Por supuesto, sabemos que cualquier producto, del material que sea, no llegó a contaminar a algún ambiente por sí mismo. La sociedad no tiene idea de la variedad de razones por las que, en algún momento, los plásticos comenzaron a ganar terreno a otros materiales en estos mercados y en muchas otras aplicaciones.
Puede estar de acuerdo con las bondades del plástico, al hacer la vida más cómoda, pero, aparentemente, no está dispuesta a que sea a costa de la salud del planeta, aunque eso signifique, por ridículo que sea, regresar al papel. Nuevamente, estamos hablando de un problema de percepción.

El plástico y su reputación

Para nosotros, los que vivimos en la Industria del Plástico, es más fácil comprender lo que realmente representa el plástico como solución a muchas necesidades y problemas, incluso el de la contaminación.
Tenemos claras las grandiosas propiedades, beneficios y ventajas de los plásticos frente a otros materiales, sea por su variedad, versatilidad, libertad de diseño, funcionalidad, costos de fabricación, reciclabilidad… y un largo etcétera.
La gente común, por ejemplo, tiene perfectamente identificado al Poliestireno Expandido (EPS), popularmente llamado Unicel, como un gran contaminante, pero desconoce que no es más que el mismo material con el que se fabrican, por ejemplo, las cajas petri en el mercado médico, o los juguetes y el revestimiento de refrigeradores, cuando es ligeramente modificado, y que, además, sí es reciclable.
Las comunidades ambientalistas, y quizá algunos otros intereses, han sabido generar y explotar la reputación actual de los plásticos, inventando mitos, casos y datos que han quedado marcados indeleblemente en la memoria de la gente común. Inclusive, han logrado llegar a los cuerpos legislativos que, en fechas recientes, derribaron lo que, por muchos años de complacencia por parte de la Industria del Plástico, fue controlado con lobbying.
De repente, la prohibición de la distribución de popotes y bolsas se convierte en medallas ecológicas con beneficio de popularidad política. Pareciera que se tomó por sorpresa a nuestra industria. Incluso algunas compañías han hecho uso del recurso de “desplastificación” para ganar adeptos entre los consumidores.
Algunos anuncios en la televisión muestran un arco de detección de plásticos para los visitantes a una playa y si portan alguno no permitirles su ingreso; eso es solo una muestra de lo que puede llegar a transmitir la mercadotecnia. Seguramente, al final de la tarde, esa playa habrá terminado llena latas de aluminio y de botellas de vidrio. Es precisamente ahí donde se halla buena parte del problema, la ausencia de educación.
Al respecto, la Industria del Plástico no ha hecho aún su tarea, ni siquiera usando la misma mercadotecnia a su favor, la cual finalmente promoverá lo que el cliente pida.

Redireccionar la mercadotecnia

Durante la presente situación de pandemia se celebra que en algunos lugares se haya dado marcha atrás a la prohibición, si acaso temporal, de la distribución de bolsas de un solo uso, y se oyen voces que creen que las bondades que está demostrando el plástico en cuanto a su empleo en el mercado médico reivindicará a nuestros materiales ante la opinión pública.
Nada más alejado de la realidad. El uso de plásticos en dispositivos médicos de alta tecnología se ve opacado por la peligrosa y descontrolada disposición de los desechos de equipo de protección personal y más aún, de los que la gente común emplea y sigue tirando sin responsabilidad alguna y que ya aparecen registradas por denunciantes en imágenes de noticieros contaminando cuerpos de agua.
La próxima imagen conservacionista será una tortuga ahogada por el uso involuntario de un cubrebocas. Y si bien algunos piensan que el coronavirus abrirá grandes oportunidades a la Industria del Plástico, existe el peligro de que, en sentido contrario, sea lo que termine por sepultar definitivamente a una parte importante del sector.
Sabemos que técnicamente es posible demostrar que la Industria del Plástico de un solo uso puede insertarse en el círculo virtuoso de la sustentabilidad, pero lograrlo depende de las acciones que tome cada eslabón involucrado en la cadena, desde los productores de materias primas y los fabricantes de maquinaria, hasta las compañías dueñas de marca de los productos (P&G, Colgate, Nestlé, Bimbo, Unilever, Danone, entre otros), las autoridades, las instituciones educativas y, principalmente, la SOCIEDAD, esa entidad compuesta por la gente común a la que me he referido repetidamente.
En un contexto de precios de petróleo bajos, el Reciclado, uno de los puntos críticos de la Economía Circular, deja de representar un buen negocio, por lo menos es un reto adicional que lo hace más difícil.
Sabemos muy bien que las tecnologías enfocadas en la degradabilidad –o la compostabilidad–, al menos mientras no se cumplan numerosos factores adicionales como infraestructuras y gestión efectiva de los residuos, no son soluciones verdaderas.
En redes sociales profesionales como LinkedIn, en foros y programas de televisión dirigidos a los negocios, abundan noticias de nuevos desarrollos de materiales. Hablan de rediseños mono-material de empaques, de tecnologías de restitución de propiedades de los materiales de alto consumo, o de aplicaciones novedosas de material recuperado.
Sin embargo, después de auto-aplaudirnos y auto-compadecernos en estos ambientes grupales, dicha información no permea hacia fuera de nuestra burbuja, hacia la sociedad. No se trata de explicar técnicamente todo lo anterior a la gente común, sino de involucrarla a través de la educación y con el uso ético de la mercadotecnia.

La sociedad involucrada

Finalmente, si el grueso de la población no participa, cualquier tendencia ambiental, tecnología, política pública, diseño de producto o característica extraordinaria del plástico será inútil. Quizás, al principio sea necesario desarrollar incentivos para los consumidores finales, pero siempre trabajando de manera simultánea en la educación.
No se trata de una formación profesional, sino que la información adecuada y digerida debe salir a las redes sociales convencionales más populares, a la televisión abierta, a todo medio masivo de comunicación. Así lo han hecho quienes han desprestigiado al plástico.
Las redes sociales están llenas de ejemplos donde se emplean desechos plásticos para convertirlos en artículos útiles, o divertidos, de uso más prolongado, o producto de la creatividad de gente común. La sociedad misma es una máquina generadora de ideas, que se muestra entusiasta cuando es tomada en cuenta. Por ello, debe estar involucrada.
Cada participante de la cadena productiva de esta industria debe estar dispuesto a invertir en esta misión, quizá en proporción al beneficio que obtienen por la utilidad y consumo del plástico.
Las empresas dueñas de marca ya tienen un acceso aprovechable, así como el know how en el uso de los medios. Entonces, también tienen la oportunidad de colgarse las medallas ecológicas, dando crédito a la misma sociedad y a los participantes que se encuentran tras bambalinas. Esto no es nada nuevo, pero hace falta aplicarlo sistemáticamente. Es agregar dos Rs al ciclo de sustentabilidad, las de Reconocer y Recompensar.
También es una cuestión de economías de escala. El PET es un buen ejemplo que, a pesar de no lograrse aún el porcentaje deseable de reciclado, el volumen recuperado ha justificado inversiones y desarrollos muy importantes para reincorporarlo, incluso, al mismo tipo de producto fuente mayoritario, la botella. Todas las empresas involucradas en esta mecánica, deben asegurarse de que, a nivel masivo, los productos regresen a sus líneas de producción generando un cambio en la percepción del plástico y no, en el mejor de los casos, que terminen en los tiraderos junto al concepto de plásticos de un solo uso.
 

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