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Los plásticos en el sector médico: el detonador de los alivios

El plástico se toma de la mano con la industria Farmacéutica y las autoridades sanitarias en la lucha contra el COVID-19. La NASA revela todos los años una lista de las tecnologías y productos comercializados vinculados a su investigación.

En todos los rincones del globo desfilan millones de personas con la blusa o la camisa arremangada, ofreciendo el brazo para ser inyectadas con jeringas desechables de plástico. Y es que vacunarse es la única manera de ir saliendo de esta epidemia que puso en jaque a la humanidad, hace poco más de un año. Los plásticos en el sector médico han sido, son y serán clave para garantizar la salud.

Henrietta Fore, directora ejecutiva de UNICEF, hace hincapié en los plásticos: “En esta lucha global contra la pandemia de COVID-19, las jeringas desechables son tan vitales como la propia vacuna”, asegura, y subraya: “Es fundamental tener suministros adecuados de jeringas preparados en cada país antes de que lleguen las vacunas, para poder administrar éstas de manera segura. Esto permitirá que la inmunización comience inmediatamente y contribuirá a cambiar el curso de este terrible virus”.

En todas las batallas contra el SARS-CoV-2, el plástico ha estado presente: En total, durante 2021, UNICEF suministrará más de 1,000 millones de jeringas y 10 millones de cajas para desecharlas de manera segura, con el objetivo de garantizar que los países estén listos para las vacunaciones contra la COVID-19.


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Para satisfacer la demanda de estos suministros vitales, UNICEF cuenta con una reserva de casi 500 millones de jeringas en sus almacenes de Copenhague y Dubai como preparación ante el despliegue más amplio de vacunas contra la COVID-19 “en 82 países de ingresos bajos y mediano bajos”. Y eso es sólo lo que maneja un organismo de la ONU.

Se proyecta que, a nivel mundial, el mercado de empaques del sector farmacéutico reportará un crecimiento de 8.2% hacia el 2025, lo que representará un aumento de 118 mil millones de dólares para la industria, de acuerdo con datos de la Asociación Nacional de Industrias del Plástico (Anipac).

Los plásticos, el detonador de los alivios
La jeringa, un invento sin competencia.

En México, el sector plástico ha sido y será un actor crucial en esta emergencia para el adecuado manejo de vacunas, medicamentos y equipo médico que se distribuyen en todo el país, asegurando la protección, conservación y vida útil de los productos que llegan a los pacientes.

El sector emplea envases y empaques para contener vacunas, medicamentos e infinidad de insumos para la salud (líquidos, píldoras, polvos y sólidos), que avalan la inocuidad, protección y adecuada conservación para seguridad de los consumidores finales.

Para este 2021, la Anipac estima que la producción de envases y contenedores reportará un crecimiento de 2%, lo que significa una participación de 50% del total de la Industria del Plástico. En el 2019, este segmento registró un crecimiento de 4%, equivalente al 12.8 millones de toneladas.

Polímeros y plásticos, auxiliares de la salud

Los plásticos de alta tecnología y los materiales compuestos hicieron su entrada gloriosa al amanecer del nuevo siglo; estas novedades desfilaron hacia la industria en general, encabezándolas algunos polímeros como fibras de carbono, nanopartículas y otras sustancias.

Sorprendieron, asimismo, avances como algunos compuestos que hicieron posible que los aviones, como el Boeing 787 Dreamliner, se volviera el más ligero del aire por volumen o que algunos polímeros generaran corriente eléctrica al entrar en contacto con la luz; pero lo que más nos deja con la boca abierta son los plásticos que tienen que ver con la salud, con el sector sanitario, como la sangre artificial que se emplea en emergencias cuando no hay al alcance de la mano sangre natural, o el PEEK (Polieteretercetona) un polímero capaz de implantarse con éxito en cirugías vasculares y cerebrales, y qué decir de la impresión en 3D para regenerar el hígado, el corazón, los riñones y muchos órganos más. Gracias a los polímeros que hemos desarrollado en el último siglo y medio tenemos pantallas digitales flexibles y pantallas gigantescas, todo esto y mucho más.

Inclusive ciertos avances que se han ensayado en el espacio han repercutido aquí en la Tierra y algunos impulsan avances notables en el campo de la medicina. Un ejemplo es el de los lentes: el fabricante de gafas de sol Foster-Grant obtuvo la licencia de la tecnología de la NASA para sus productos, como el recubrimiento plástico especial en sus gafas de sol, lo que le dio diez veces más resistencia a los arañazos que los plásticos sin recubrimiento.

Cada año desde 1976, la NASA revela una lista de todas las tecnologías y productos comercializados vinculados a su investigación. Son inventos que ahora nos resultan tan familiares. Algunos aparecen en la revista «Spin-off», donde la NASA pone de manifiesto que estos productos han incluido mejoras en muchas cosas, como los marcapasos, las máquinas para ejercicios individuales o la radio por satélite. Cada producto ha sido posible gracias a una idea de la NASA o a la innovación por parte suya.

Las agencias espaciales, con el afán de contrarrestar las condiciones extremas del espacio, han logrado crear tecnología médica que beneficia a todos, como la resonancia magnética, que, si bien no fue un invento para los astronautas, el procesamiento de las imágenes que se utilizó en la luna, fue la base para este invento. Asimismo, el dispositivo de asistencia ventricular o VAD, que ayuda a mantener saludable el corazón de un paciente, mientras se espera por un transplante, se inspiró en el complejo sistema de bombas de gasolina del Space Shuttle.

La manufactura aditiva revoluciona la industria Médica.

Inclusive las botas de los astronautas que pisaron la Luna inspiraron a las empresas de calzado tenis para fabricar mejores zapatos que disminuyeran el impacto en los pies y las piernas. Con la ayuda de la NASA, la firma KangaROOS patentó un tejido tridimensional con espuma de Poliuretano que distribuye la fuerza en los pies al caminar o correr.

Cabe recordar, entre muchos otros, aparatos como el termómetro digital de oído (que desbancó al termómetro estándar de mercurio) se concibió con una tecnología de la NASA. En 1991, los termómetros infrarrojos para oídos aceleraron y simplificaron el trabajo ya que miden la cantidad de energía que el tímpano emite en el canal auditivo (y como el tímpano se encuentra dentro de nuestro cuerpo, actúa como un sensor preciso para la energía o el calor de nuestro cuerpo, que aumenta cuando enfermamos), las bombas de insulina, desfibriladores, máquinas para mamografía; nano transmisores para monitorear fetos, angioplastia láser, sillas de ruedas controladas por voz, LEDs que ayudan en la cirugía de cáncer en el cerebro; prótesis de piernas y brazos, y algunas herramientas quirúrgicas. Sí, todo eso y más.

 

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