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Una estructura que sorprende 

Por Juan Uriel Peña Castillo, gestor comercial en la Coordinación de Transferencia de Tecnología de CIQA

La lucha contra la contaminación por plásticos de un solo uso se convirtió en una de las cruzadas más importantes. Conocemos el daño que provoca a los ecosistemas la mala disposición de dicho material, las consecuencias de su excesivo consumo y la falta de una cultura de reciclaje.
Ante retos tan importantes, la industria tiene a su favor al plástico biodegradable como una alternativa de solución, puesto que su estructura se descompone de forma natural cuando los microorganismos en el medio ambiente se metabolizan.
Los bioplásticos son productos que se elaboran a partir de materias primas renovables (normalmente vegetales naturales).
Actualmente ya se comercializan, como es el caso del PLA (Ácido Poliláctico), hecho de dextrosa (azúcar), que se extrae de almidón de maíz, caña de azúcar y betabel. Este bioplástico, o biopolímero, el más popular y versátil en la industria, lo fabrica Natureworks, empresa que posee la patente y que abastece el material a nivel mundial.
El PLA cumple con los requerimientos para funcionar como biopolímero biodegradable, por lo cual diversas empresas tratan de implementarlo en sus procesos productivos como una alternativa para sobrevivir a las prohibiciones y regulaciones impuestas por las autoridades.
Sin embargo, las compañías enfrentan tres retos importantes: 1) costo elevado, en comparación con los plásticos sintéticos, es tres veces mayor; 2) disponibilidad nacional, representa altos volúmenes de almacenamiento y tiempos de espera prolongados para su importación; y 3) procesabilidad, requiere de condiciones distintas y, en casos específicos, de equipos especiales para la fabricación de productos.
Esta información surge a partir de un estudio hecho a 100 empresas en toda la cadena de valor de la Industria del Plástico (fabricantes de bolsas, distribuidores, proveedores, productores de alimentos, de materiales de un solo uso, entre otras) mediante el proyecto: “Nodos Binacionales de Manufactura Avanzada NoBi Map 2019”, una iniciativa financiada por el Conacyt, con la participación de investigadores y técnicos del Centro de Investigación en Química Aplicada (CIQA).

INVESTIGACIÓN

Actualmente, el CIQA desarrolla una tecnología que consiste en un biopolímero a base de almidón, con el que se busca obtener un material 100% biodegradable y compostable, que cumpla con las normas internacionales y con las propiedades específicas que requieren los plásticos de un solo uso en los sectores de alimentos y agro-alimentos. La solución ofrecerá una alternativa a las empresas que adoptan la nueva tendencia sostenible.
La investigación, liderada por la Dra. Heidi Andrea Fonseca y su equipo de trabajo, consiste en la termoplastificación del almidón –se realizan pruebas con fibras naturales y polímeros naturales, como nanocompuestos– mediante un proceso de extrusión reactiva cuyo propósito es mejorar las propiedades mecánicas, térmicas y de barrera, manteniendo un costo competitivo.
Los resultados, hasta el momento, revelan excelentes propiedades para estos compuestos, un incremento del 50% en la estabilidad térmica del material, dureza entre el 50 y 70%, y un aumento considerable en su carácter hidrófobo.
A la par de estos estudios se realizan otros para determinar el tiempo exacto de biodegradación del material y bajo qué condiciones de compostabilidad se llevaría a cabo.
El futuro de esta iniciativa es prometedor, y a fin de ofertar aplicaciones más específicas, como embalajes para la industria agro-alimentaria, los especialistas trabajan para obtener propiedades, tales como resistencia a la humedad y alta barrera al oxígeno.
 
 

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